Juan Calvino y la muerte de Miguel Serveto

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Michael_Servetus

La primera vez que escuché de Miguel Serveto, no sabía qué responder. Según me decían, Juan Calvino era un intolerante, a tal punto que él asesinó a un tal Miguel que estuvo en desacuerdo con sus ideas. Por tanto, me explicaban, llamarse calvinista es identificarse con un asesino.

Yo no sabía de lo que me estaban hablando, por lo que en ese momento no supe qué responder bien. Por supuesto, el calvinismo no es verdadero o falso dependiendo de si Calvino pecó o no. Lo hermoso de las Doctrinas de la Gracia es que nos explican el evangelio de una manera hermosa. Pero la acusación de que Calvino era un asesino es una que debemos saber cómo explicar. Por tanto, investigué un poco más y, evidentemente, Calvino sí había tenido que ver con la muerte de Serveto. Pero las cosas no son tan simples como escuché aquella vez. De hecho, son mucho más complicadas.

Miguel Serveto

La siempre útil pero nunca completamente confiable Wikipedia tiene una entrada bastante llena acerca de Serveto. De allí sabemos que este era un español, asociado al movimiento de la Reforma, quien además de sus ideas teológicas también hizo ciertas aseveraciones importantes sobre medicina.

Serveto era un férreo oponente a una de las doctrinas más básicas de la fe cristiana: la Trinidad. Él enseñaba a Jesús como un ser creado (elevado, pero no igual a Dios), y al Espíritu Santo como una manifestación o fuerza. La perversión teológica de Serveto fue tal que tanto Católicos como Protestantes lo consideraban un hereje. Y, de hecho, también se encontró en desacuerdos en el área de la medicina. Al parecer, Serveto era una persona propensa a las discusiones.

Luego de haber sido condenado a muerte por los Católicos, escapando y tomando otra identidad, Serveto y Calvino intercambiaron correspondencias por años y aun trataron de reunirse en algún momento. Esta reunión no fue posible, y luego de recibir una copia de los Institutos con diversas anotaciones (algunas de las cuales aparentan haber sido alarmantes en su contenido) Calvino vio a Serveto como un caso perdido, aun llegando a decirle al compañero reformado Guillermo Farel que, de Serveto llegar hasta Ginebra, no saldría con vida. Pero por razones sospechosas, posiblemente influenciado por su carácter argumentativo, Serveto fue a Ginebra y allí las autoridades civiles le apresaron y condenaron a muerte por hoguera. La sentencia de su muerte reza:

“Contra Miguel Servet en el Reino de Aragón, en España: Porque su libro llama a la Trinidad demonio y monstruo de tres cabezas; porque contraría a las escrituras decir que Jesús Cristo es un hijo de David; y por decir que el bautismo de los niños pequeños es una obra de brujería, y por muchos otros puntos y artículos y execrables blasfemias con las que el libro Restitución del cristianismo está así dirigido contra Dios y la sagrada doctrina evangélica, para seducir y defraudar a los pobres ignorantes”.

Explicando la situación

De ninguna manera quiero dejar ver con este artículo que Calvino hizo lo correcto. Mi profesor de Historia de la Iglesia es un experto en Calvino, y en cada conversación que teníamos sobre el tema, a la vez que me decía que Calvino era un hombre de sus tiempos (como tú y yo lo somos), siempre explicaba que no podíamos ser veloces en absolverlo. Pero sí debemos buscar entender el contexto y las cadencias de este lamentable evento, con tal de poder juzgar con justo juicio y no conforme a las apariencias. En este sentido, creo que hay algunas cosas que debemos tomar en cuenta a la hora de juzgar este suceso:

  1. El negar la Trinidad o la encarnación no es un asunto secundario o terciario. Es negar la base misma de nuestra fe. Un Cristo que no es Dios no podría satisfacer perfectamente la ira de Dios en nuestro lugar. Además, la creencia que el negar la Trinidad y/o la Encarnación era un crimen capital en un estado cristiano era parte de la herencia medieval de Ginebra, no una invención de Calvino.
  2. Como mencioné anteriormente, las enseñanzas de Serveto fueron tan radicales, y así de radical fue este hombre en continuar propagando sus enseñanzas, que él cayó en desdicha tanto con los Católicos como con los Protestantes, algo muy poco común en ese momento.
  3. De hecho, cuando Ginebra tomó la decisión de la hoguera, la inquisición Romana ya había puesto precio a la cabeza de Serveto.
  4. De vital importancia, la decisión de quemar a Serveto no fue una que Calvino tomó personalmente. Si bien él fue un testigo principal en el juicio, esta fue una decisión del Concilio de Ginebra que consistía en 25 personas, quienes actuaron en base al consejo de diversos pastores y no solo el Reformador.
  5. Calvino invirtió muchas horas con Serveto en busca de que este se arrepintiera de sus herejías y que cambiara de opinión. Hizo esto años antes a través del intercambio de cartas, pero lo hizo de manera personal mientras Miguel Serveto estuvo preso en Ginebra. Lo que es más, Calvino pidió que el hereje fuera decapitado y no quemado, para así sufrir una muerte con menor dolor. Esta petición fue negada.

Tomando en cuenta estas cosas, la muerte de Serveto debe ser vista como un suceso lamentable de la historia; no solo de la historia de la iglesia, sino de la historia de la humanidad. En una sociedad sin separación entre la Iglesia y el Estado, el Reformador se encontró con la incómoda situación de formar parte en el juicio por la vida de un hereje. De apoyarlo, él hubiera dado la impression de que la Reforma era más indulgente hacia los herejes que los mismos Católicos. Y, a pesar de preocuparse por el alma de Serveto, él estuvo de acuerdo con su muerte. Lamentable, pero comprensible.

Creo firmemente que la Biblia presenta la realidad de la libertad de conciencia y de culto de las naciones,  hasta que nuestro Señor Jesús regrese y toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. Pero ese no era el caso en el Siglo XVI, donde vivieron Calvino y Serveto. Mientras vivamos de este lado de la gloria, las cosas no serán como deben de ser. Así que clamamos, ven pronto, Señor Jesús.

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