Hechos 8, segundas experiencias, y momentos especiales

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2da experiencia

Recientemente, un buen amigo me envió un mensaje de texto simplemente diciendo, “Bro, ¿cómo explicamos Hechos 8:14-17?” Antes de leer el pasaje podía imaginarme a qué se refería. El texto nos dice:

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo”, Hechos 8:14-17.

Este no es uno de esos textos que podemos entender de inmediato. De hecho, es probablemente la porción de la Escritura más utilizada por un sector del cristianismo que propone que necesitamos una segunda experiencia, posterior a la conversión, donde genuinamente recibimos el Espíritu Santo, manifestado principalmente por el hablar en lenguas.

Ya en otro lugar explico por qué ese no puede ser el caso (Ver: Una introducción al bautismo en el Espíritu Santo), pero basta como resumen el decir que 1 Corintios 12:13 nos habla de que “por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu”, y tan solo unos versículos más adelante Pablo argumenta que no todos en Corinto hablaban en lenguas (1 Cor. 12:30). Además, hay silencio casi total en el resto del Nuevo Testamento al tema de hablar en lenguas, mientras en casi cada carta se hace mención a la morada del Espíritu en cada creyente. Siendo este el caso, el testimonio de la Escritura es que todo creyente recibe el Espíritu Santo, el espíritu de adopción por el cual clamamos ¡Abba Padre! (Ro. 8:15), quien es el agente de nuestra renovación y regeneración (Tit. 3:5).

Entonces, si esto es así, ¿qué está pasando en Hechos 8?

Entendiendo Los Hechos

Lo primero que tenemos que tomar en cuenta es que Hechos 8 nos narra una narrativa, una recolección de (increíbles y gloriosos) eventos que sucedieron en un momento específico de la fundación de la iglesia. Dios nos está dando una entrada a ver el mover del Espíritu Santo a través de los Apóstoles, mientras ellos cumplen el mandato del Señor que marca el tono de todo el libro:

“Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”, Hechos 1:8.

Hechos entonces va narrando cómo estas palabras de nuestro Señor encontraron su cumplimiento a lo largo de años y millas y diversos personajes. Pero como es una recolección de eventos, durante un tiempo muy particular de la historia de la iglesia (¡sus primeros días!), no es el propósito del libro el presentar lo que se espera sea normativo de las iglesias. Para eso están las Epístolas. Debo repetirlo nueva vez: No es el propósito de Hechos el mostrarnos “lo normal” de las iglesias. Más bien, es la recolección (en narrativa) de lo que Dios hizo, en el poder de Su Espíritu a través de los Apóstoles, en un momento muy especial, para autentificar el testimonio de Su Hijo. Toda iglesia que espere encontrar domingo tras domingo algo similar a lo que sucedió en los más o menos 30 años que narra Hechos está preparándose para ser decepcionada o, peor aún, engañada.

Un momento particular

Si bien esto es cierto, Dios no es un Dios aleatorio. Y si el testimonio de las Escrituras es que todos los cristianos reciben el Espíritu Santo en su conversión, ¿qué está pasando en este pasaje de Hechos 8? Es aquí donde una vez más tenemos que ver lo particular de este momento histórico.

Hechos 8 nos narra cómo, fruto de la persecución, la iglesia fue cumpliendo el llamamiento del Señor al principio del libro (serle testigos en Jerusalén, toda Judea, Samaria y los confines de la tierra). El avance del evangelio a Samaria era un hito casi sin comparación. Sin duda sería una locura para los judíos, quienes aborrecían a los Samaritanos y los consideraban peor que los perros.

Este es un momento seminal y pivotal de la iglesia. Todavía no hay “Biblia”, en el sentido de que están sucediendo los eventos que llevarían al Nuevo Testamento, y los apóstoles están vivos, liderando toda la Iglesia. Por eso dice “Cuando los apóstoles oyeron…les enviaron”. El fundamento del que habla Efesios 2:20 estaba siendo echado.

Vemos entonces que Dios, en su gracia, y como única vez en todo el relato bíblico, retiene la impartición del Espíritu Santo a los Samaritanos hasta que los apóstoles estuvieran ahí. (Felipe, quien había llevado el evangelio a Samaria, no era apóstol). Esto es de vital importancia porque le mostraba a los apóstoles (y, en ellos, a toda la Iglesia) que los samaritanos también son parte del Nuevo Pacto. Que ellos también son iglesia, abriendo la puerta de par en par a los gentiles y su recepción del Espíritu Santo.

En este momento, y como única vez en toda la Escritura, Dios retuvo la impartición del Espíritu Santo a nuevos creyentes hasta que el grupo más especial en la historia de la iglesia, los apóstoles de Jesús, estuvieran presentes y pudieran testificar e impartir al Espíritu de Dios. Un momento particular, que debía cementar en todo el mundo la realidad de que ¡la salvación había llegado para todos! Que no hay nadie suficientemente lejos de la gracia salvífica de Dios.

Un grupo particular

Pero la situación extraordinaria de Hechos 8 también era importante por lo que decía de los Apóstoles. El tener que esperar la impartición del Espíritu Santo por parte de los Apóstoles le mostraba a la iglesia en todo el mundo la importancia de este grupo de hombres. Estos eran los que escribirían el Libro que regiría toda nuestra fe y práctica. Estos eran los hombres que siguieron a Jesús desde el principio. Estos eran los llamados por Él especialmente, y son ellos los que autentifican quién conoce genuinamente al Señor.

Una vez más, esto era necesario puesto que todavía no estaba escrito el Nuevo Testamento. ¿Cómo sabríamos a quién creerle? ¿Cómo saber quién vendría genuinamente de parte de Dios? Al los Samaritanos recibir el Espíritu de los Apóstoles, quedaría cimentado en sus mentes (y en las de todos los que fueran discipulados desde Samaria) que este era un grupo especial.

Mira qué tan importante era la impartición del Espíritu Santo por parte de los apóstoles que de inmediato el texto nos habla de un Simón el Mago que quería comprar el don de Dios. Imagínate cuántos hombres así no habrían alrededor de Jerusalén, Judea, Samaria, y los confines de la tierra. No tenemos que imaginárnoslo: los tenemos hoy.

Por tanto, el que fueran los apóstoles quienes impartieran el Espíritu Santo luego serviría para testificar la veracidad de estos hombres. Y esto era de vital importancia para la iglesia naciente, pues ellos eran quienes nos predicarían a Jesús.

Conclusión

Que los apóstoles estuvieran presentes durante la impartición del Espíritu Santo a los samaritanos era de vital importancia para que se notara que genuinamente la profecía se había cumplido (Joel 2:28-32): todo aquel que invocara el nombre del Señor sería salvo y recibiría su Espíritu, no importa si Judío o Gentil; ni siquiera los Samaritanos estaban fuera del alcance del Señor. Y era importante para los samaritanos (y en ellos, la iglesia) el que fueran los apóstoles quienes impartieran este don, para dejar evidente que estos hombres eran los emisarios de Jesús. Era necesario esclarecer quién era quién: quiénes serían salvos, y quiénes predicarían salvación.

Hechos 8 nos muestra un evento extraordinario y que nunca más se repetiría en el testimonio bíblico, y tampoco llamado a repetirse hoy. No cabe dudas hoy de que la salvación es también para los gentiles, aun los peores entre nosotros. Y ya tenemos la Escritura, y es en base a ella que sabemos quién viene de Dios y quién no. Nadie puede decir que Cristo es Señor si no es por el Espíritu de Dios (1 Co. 1:23), por lo que todo verdadero cristiano profesa a Cristo en el poder del Espíritu. Gocémonos en saber que nosotros, también, somos hijos de Dios, habitados por Su Espíritu Santo. Y anunciemos esa verdad a toda criatura.

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