¿Cuál es tu única esperanza en la vida y en la muerte?

El Catecismo de la Nueva Ciudad
Nota del editor: 

Este es un fragmento adaptado de El Catecismo de la Nueva Ciudad: La verdad de Dios para nuestras mentes y nuestros corazones (Poiema Publicaciones, 2018)editado por Collin HansenPuedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

¿Cuál es tu única esperanza en la vida y en la muerte?

Que no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que somos, en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, de Dios y de nuestro Salvador Jesucristo.

Romanos 14:7-8: “Porque ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, para el Señor vivimos; y, si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos”.

Juan Calvino estableció en sus escritos la esencia de lo que significa vivir la vida cristiana. Él dice que podría redactar una lista de los mandamientos que debemos cumplir o de los rasgos de carácter que debemos exhibir. Pero, en lugar de ello, decide reducirlo al motivo principal y al principio básico de lo que significa vivir la vida cristiana. El motivo básico es que Dios envió a Su Hijo a salvarnos por gracia y para adoptarnos en Su familia. Así que ahora, debido a esa gracia, por gratitud, queremos parecernos a nuestro Padre. Queremos parecernos a nuestra familia. Queremos vernos como nuestro Salvador. Queremos agradar a nuestro Padre. Por tanto, el principio básico es este: que no debemos vivir para agradarnos a nosotros mismos.

Debido a que somos salvos por gracia, no nos pertenecemos a nosotros mismos.

No debemos vivir como si nos perteneciéramos a nosotros mismos. Y eso implica varias cosas. Significa, antes que todo, que no debemos determinar por nosotros mismos lo que es correcto e incorrecto. Cedemos el derecho a determinarlo y lo depositamos enteramente en la Palabra de Dios. También renunciamos al principio operativo que solemos utilizar en la vida diaria; dejamos de ponernos a nosotros mismos en primer lugar y siempre ponemos antes lo que le agrada a Dios y lo que muestre amor hacia nuestro prójimo. También significa que no debe haber ninguna parte de nuestra vida que no hayamos entregado. Debemos entregarnos a Él por completo —en cuerpo y alma. Y significa que confiamos en Dios en la abundancia y en la escasez, en los tiempos buenos y en los malos, en la vida y en la muerte.

¿Cómo se relacionan el motivo y el principio? Debido a que somos salvos por gracia, no nos pertenecemos a nosotros mismos. En una ocasión, una mujer me dijo: “Si yo pensara que soy salva por algo que hice, que hice alguna contribución a mi salvación, entonces Dios no podría exigirme nada porque yo he contribuido. Pero si soy salva por gracia, solo por gracia, entonces no existe nada que Él no pueda pedirme”. Y eso es cierto. No te perteneces a ti mismo. Fuiste comprado por precio.

Hace algunos años escuché a un predicador cristiano preguntar: “¿Cómo puedes relacionarte con alguien que se ha entregado completamente por ti sin tú entregarte completamente a él?”. Jesús se entregó completamente por nosotros, así que ahora debemos entregarnos a Él por completo.

Oración: Cristo, esperanza nuestra, en la vida y en la muerte, nos entregamos a Tu cuidado misericordioso y paternal. Te amamos porque te pertenecemos. No tenemos ningún bien fuera de Ti, y no podríamos pedir mayor regalo que pertenecer a Ti. Amén.


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Imagen: Lightstock.
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