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3 razones para atesorar los Salmos en tu caminar espiritual

¿Te ha pasado? Un tiempo de sequía, un tiempo de desierto espiritual. Sientes que necesitas el agua viva de la Palabra de Dios pero no llegas a las Escrituras con ánimo, con un anhelo profundo de sumergirte en ellas. Sientes que la sed se extenderá por mucho más tiempo del que deseas. Si en algún momento de tu vida y tu caminar con Dios te has sentido así, tenemos algo en común. Escribo este artículo porque las ocupaciones de la vida y el descuido personal en ocasiones me han llevado a ese estado de sequía y desierto espiritual.

Los Salmos nos pueden ayudar. Me asombra la honestidad que encontramos en la poesía hebrea inspirada por Dios. En los Salmos contemplamos un espectro amplio de emociones en diferentes situaciones. No cabe duda de que los salmistas nos entenderían cuando nos referimos a momentos de sequía espiritual y en muchos otros estados anímicos. 

Reflexionemos juntos en tres razones para atesorar los salmos en nuestro caminar con Dios, especialmente en los momentos áridos.

1) Los Salmos son una fuente de verdad

En todo momento necesitamos la verdad en nuestras mentes y corazones, pero especialmente cuando las emociones, positivas o negativas, son fuertes y parecen controlarnos. Ante esto, la lectura, meditación y memorización de los salmos nos orienta hacia la verdad.

Los Salmos son lecturas ideales para fortalecer nuestras mentes y corazones como hijos de Dios, pues el Señor se revela de muchas maneras en los Salmos. Por ejemplo, el Salmo 19 nos presenta a Dios como Creador de todo lo que existe y, así como Su creación, Él es magnífico. Unos capítulos después encontramos el Salmo 23. Allí Dios es presentado y conocido como el Pastor que cuida a Su rebaño con amor y disciplina.

Los Salmos responden las preguntas importantes que probablemente nos hacemos en los momentos difíciles

Además de esos ejemplos muy bien conocidos, los Salmos responden las preguntas importantes que probablemente nos hacemos en los momentos difíciles. Por ejemplo:

  • ¿Quién es Dios? (34:8; 90:1-2; 93:1-2)
  • ¿Su Palabra sigue estando vigente? (119:89)
  • ¿Tiene propósito mi vida? (103:1-5; 139:13-16)
  • ¿Me perdonará Dios? (32:1-2)
  • ¿Mis oraciones serán respondidas? (40:1-3)
  • ¿Tengo un futuro esperanzador? (1; 32:8)
  • ¿Me está protegiendo el Señor a pesar de lo que siento? (3:3)

En las horas más oscuras de nuestra alma, llenemos nuestra meditación con la Palabra de Dios. Vayamos a los Salmos y encontremos allí la verdad de Dios que nos permitirá tener una perspectiva más clara y precisa de nuestra vida, nuestro entorno y la eternidad.

2) Los Salmos son una fuente de oración

Cuando sentimos una sequía profunda y extendida en nuestra vida espiritual, eso se evidencia en nuestra vida de oración. Los Salmos nos pueden ayudar en estos casos. Si no sabemos qué y cómo orar, podemos abrir nuestras biblias en Salmos y encontrar escritos llenos de gozo, tristeza, angustia, acción de gracias, peligro, necesidad, felicidad, exaltación, e incluso salmos que contienen lamento e imprecación.

En Orando la Biblia, Donald Whitney escribe que “orar la Biblia es tan simple como ir a través del pasaje línea por línea, hablando con Dios acerca de todo aquello que venga a tu mente mientras lees el texto” (p. 33). ¡Qué excelente idea para los que nos quedamos sin palabras ante nuestro Dios! Los Salmos refrescarán nuestra vida de oración.

Te invito a poner esto en práctica inmediatamente. Aparta tres o cinco minutos, el tiempo que dispongas, y coloca una alarma que te avise cuando se termine. Abre tu Biblia en el Salmo 67 y comienza a orar sobre lo que venga a tu mente a medida que lees cada versículo. Este salmo está escrito como un reloj de arena, apuntando a su centro, que comienza y termina con una petición explícita: ¡Dios, bendícenos! Él no está en contra de que hagamos esa petición. Este salmo ilustra muy bien que tenemos que implorar la bendición de nuestro Creador.

Pero eso no queda ahí. El propósito de esa bendición es para que el nombre de Dios sea conocido entre las naciones. En el centro del “reloj de arena” está el pensamiento central del poema: “Alégrense y canten con júbilo las naciones, porque Tú juzgarás a los pueblos con equidad, y guiarás a las naciones en la tierra” (v. 4).

¿Qué viene a tu mente al leer este pasaje? No importa cual sea tu respuesta, ora al respecto. Si no viene nada a tu mente, puedes buscar un mapa del mundo y orar por cualquier nación para que se alegre al conocer a Dios.

3) Los Salmos son una fuente de identidad misionera

Lee los versículos a continuación con el énfasis en las cursivas que añadí y reflexiona sobre la identidad del pueblo de Dios. Tal vez te ayude buscar responder esta pregunta: ¿Dónde quiere el salmista cantar alabanzas a Dios?

  • “Por tanto, te daré gracias, oh Señor, entre las naciones, y cantaré alabanzas a Tu nombre” (18:49).
  • “Te alabaré entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones” (57:9).
  • “Cuenten Su gloria entre las naciones, Sus maravillas entre todos los pueblos… Digan entre las naciones: ‘El Señor reina’” (96:3, 10).
  • “Den gracias al Señor, invoquen Su nombre; den a conocer Sus obras entre los pueblos” (105:1).
  • “Te daré gracias entre los pueblos, Señor; te cantaré alabanzas entre las naciones” (108:3).

Entender nuestra identidad misional como pueblo de Dios nos anima para levantarnos y seguir proclamando Su gloria entre las naciones

Pasó mucho tiempo antes de que notara que los salmistas también están interesados en cantar fuera del templo, entre las naciones. Observa cómo estos pasajes conectan la alabanza y la misión. Regularmente separamos estos dos elementos. Por un lado, está la alabanza y por otro lado el evangelismo o las misiones. Pero como Michael Goheen escribe:

“El salterio está repleto de imágenes que orientan a Israel hacia las naciones: se exhortaba al pueblo que cantara sobre las maravillas de Dios entre las naciones; los salmistas guiaban a Israel a responder a las exhortaciones con un compromiso personal a cantar entre las naciones; hay numerosos llamados a que las naciones alaben a Dios; y hay promesas que presagian un futuro en que las naciones se unirán a Israel en alabanzas al Señor” (Una luz a las naciones, p. 97-98).

Cuando enfrentamos momentos de sequía espiritual, no solo tenemos que regresar a las verdades que nos sostienen como creyentes: también tenemos que ir a Dios en oración con la confianza de que Él nos escucha. Pero quedarnos allí nos deja encerrados en nosotros mismos. Así que entender nuestra identidad misional como pueblo de Dios nos anima para levantarnos y seguir proclamando Su gloria entre las naciones.

Te invito a atesorar los Salmos. Ellos nos guían a la verdad, refrescan nuestra vida de oración y nos recuerdan nuestra responsabilidad misional en este mundo.

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