‪Las redes sociales no son el problema más grande de tus hijos adolescentes‬

‪Las redes sociales no son el problema más grande de tus hijos adolescentes‬

El corazón es el problema para nuestros adolescentes, y también para nosotras como madres.

El miedo en la habitación era palpable. Acababa de hablar en una sala llena de madres e hijas sobre el tema de las redes sociales. Muchas de las chicas presentes estaban en la cúspide de su adolescencia, y la mayoría de las madres estaban recién iniciando su maternidad con adolescentes.

Después de que las chicas fueron a una sala separada para una discusión de seguimiento con las líderes juveniles, las manos de las mamás se lanzaron en el aire. La urgencia en la pregunta de cada madre expresó su ansiedad sobre las redes sociales y otros desafíos de la adolescencia. Fue alentador ver a tantas madres que querían estar mejor equipadas para navegar durante la adolescencia. Demasiado a menudo veo lo opuesto, padres resignados a la falsa noción de “los adolescentes serán adolescentes”, renunciando a intentarlo.

Pero no estoy segura de que estas madres estuvieran ansiosas por las razones correctas.

Confiar en las reglas

Las madres que estaban tan desesperadas por controlar y proteger a sus hijos querían que les diera un guión para seguir; una lista de qué hacer y qué no hacer con las redes sociales y los teléfonos móviles, con una garantía de que todo saldría bien si simplemente siguen las reglas. Entiendo el deseo de un guión con una garantía; cada padre quiere que su adolescente esté seguro, feliz y lejos del camino de la destrucción. Pero si nos centramos principalmente en soluciones externas para educar a nuestros adolescentes, ponemos nuestra esperanza en algo que no puede cumplir.

Los medios de comunicación social, los teléfonos móviles y el mundo selfie en el que habitamos son problemáticos, pero no son los problemas principales para nuestros adolescentes. El consumo de alcohol, las drogas, el sexo, los trastornos de la alimentación, la pornografía, el cortarse a sí mismo, el perfeccionismo, el estrés, y la depresión tampoco son problemas fundamentales de los adolescentes. Jesús nos dice que “no hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre” (Mr. 7:15).

‪Mientras que las influencias externas son fuentes de tentación, nuestra propia naturaleza caída nos lleva a pensar y actuar pecaminosamente. Los comportamientos negativos que tememos, entonces, son subproductos de lo que está sucediendo en nuestros corazones idólatras. El corazón es el problema para nuestros adolescentes, y también para nosotras.

Ahora, no estoy sugiriendo que las tentaciones no deben tomarse en serio. Ciertamente deben establecerse reglas y límites. Pero si solo abordamos lo que está en la superficie, el pecado fácilmente visto, y no ayudamos a nuestros adolescentes a excavar hasta los ídolos gobernantes de sus corazones, nunca facilitaremos el cambio real.

Lo que las reglas no pueden arreglar

La idolatría es lo que sucede cuando hay algo que queremos más que Dios, llevándonos a intercambiar la verdad acerca de Él por una mentira (Ro. 1:25). Creemos en la mentira de que no es suficiente y que la “vida”, el significado, se encuentra en algún lugar apartado de Él. Esta es la mentira que todos los humanos han comprado desde que Satanás convenció a Adán y Eva de que Dios estaba reteniéndoles algo.

Para los adolescentes (y adultos), esta mentira se enraíza fácilmente en los medios sociales. Todo lo que se necesita es un desplazamiento a través de nuestro Instagram o Facebook para que la serpiente antigua comience a susurrar:

  • ‪”No eres como ellos”.
  • ‪“Tu vida es aburrida”.
  • ‪“No eres lo suficientemente delgada, bastante bonita, lo suficientemente popular, lo suficientemente rica”.

Sea lo que sea para usted, complete el espacio en blanco.

Cuanto más tiempo comparamos, más probables serán las mentiras que se asentarán en nuestra alma como “verdad”, mientras que lo que Dios dice que es verdadero será olvidado. Es fácil convencerse de que nuestro valor se encuentra en el aspecto, el rendimiento, la popularidad, la perfección, el estado o los “me gusta”.

Pero, ¿qué sucede cuando el adolescente que busca su valor en la cantidad de “me gusta” que obtiene en una imagen no recibe tantos en la próxima publicación? ¿O qué pasa con la que anhela comentarios sobre qué tan atractiva (o delgada) se ve?

‪Para aferrarse a su identidad “segura”, debe ser tan perfecta al día siguiente, o en la siguiente foto. Vivir bajo este constante esfuerzo por tomar lo que es fugaz solo intensifica la desesperación por conocer el valor de uno. Pero con cada fuente falsa a la que recurre, más insegura y vacía se sentirá. Una sensación de inutilidad se instalará.

‪Con esta raíz de pecado identificada, tiene sentido el por qué un adolescente caería en el abuso de sustancias, la promiscuidad, desórdenes alimenticios, la depresión, o cualquier otra dificultad. Hay otros pecados de raíz, seguro, pero la idolatría de algún tipo siempre será el pecado que guiará a los demás. Es el pecado que debemos ayudar a nuestros adolescentes a identificar excavando en lo más profundo. Es su mayor problema, y ​​el nuestro.

Solo una solución

Volvernos a falsos dioses y buscar asegurar la “vida” en cosas que no estaban destinadas a definirse, siempre nos dejarán vacías. Para ser llenadas, debemos despegar nuestros ojos de nosotras mismas y mirar completamente a la cara de Aquél cuya obra en nuestro lugar fue perfecta. Nuestra alma sentirá su valor solo cuando veamos a Jesús por lo que es, y quién es para nosotros.

Esto es lo que más quería que las mamás se reunieran esa noche a escuchar. Sí, debemos prestar atención a las redes sociales. Sí, es aconsejable limitar y controlar el uso del teléfono. Pero hacerlo no arreglará el corazón de nuestros adolescentes. La única solución para un corazón inclinado hacia el pecado es el arrepentimiento y la confianza en el evangelio. En un mundo selfie, vamos a ayudar a nuestros adolescentes a entender que su verdadera identidad se encuentra solo en Jesús.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Patricia Namnún.
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