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Todos los cristianos, sin importar quiénes sean ni de dónde vengan, han sido llamados a hacer discípulos de Jesús. Esto implica no solo compartir el evangelio con otras personas, sino también «enseñ[arles] a guardar todo lo que [Jesús nos ha] mandado» (Mt 28:18-20). ¿Cómo lo hacemos de manera efectiva? De eso trata Formar para transformar, el nuevo libro de la Dra. Edith Vilamajó, profesora en pedagogía y fiel seguidora de Cristo.

La Dra. Vilamajó estudió Pedagogía en la Universidad de Barcelona y un máster en Teología en la Trinity Divinity School (EE. UU.). Dedicó sus primeros veinte años de ministerio a trabajar con estudiantes de España y el resto de Europa, incluyendo varias visitas a América Latina.

En 2016 obtuvo su DMin en Liderazgo Transformacional en el Ashland Theological Seminary (EE. UU.). Desde entonces es profesora y decana de estudiantes en la Escuela Evangélica de Teología de la FIEIDE (España). También es mentora de personas, mayormente mujeres, que se dedican principalmente al ministerio. Actualmente vive en Oxford, Inglaterra, junto a su esposo Peter y su hijo Alex.

Tuve la oportunidad de charlar con la Dra. Vilamajó sobre su libro y hacerle algunas preguntas acerca del ministerio de enseñanza en la iglesia.

1. ¿Cómo llegó a escribir este libro?

El doctorado fue, para mí, la invitación de Dios para frenar la vorágine del día a día ministerial. En la etapa investigativa quise estudiar cuáles son los elementos vitales que llevan a las personas a ser transformadas profundamente a través de la enseñanza. 

Se necesitan practicantes de la vida a la que el Señor nos llama y no simplemente sabedores de esta

Esto siempre había sido mi inquietud en mis años de servicio en la obra estudiantil. Pude contrastar la investigación con mi experiencia: intentos, fracasos y vueltas a empezar. El producto de la tesis doctoral llevó a escribir este libro y ampliarlo para que sea asequible a un público más extenso y ponerlo a disposición de la iglesia en general.

En resumen, este libro es el producto de una práctica ministerial reflexionada; es mi legado, hasta la fecha, de lo que Dios me ha ayudado a articular para hacer la vivencia ministerial de la enseñanza práctica y más asequible.

2. El subtítulo de su libro dice que es una «propuesta para renovar el ministerio de enseñanza en la Iglesia». ¿Por qué considera que debe ser renovado?

Nuestra enseñanza es mayormente una transmisión de información en una dirección única: docente-alumno. Entiendo que quizás haya espacios en los que esta práctica sea conveniente (¡pero he de ser persuadida!). Sin embargo, si estamos hablando de cambio profundo, de transformación duradera, de enseñanza aprendida, y además lo contrastamos con la propuesta bíblica, nos daremos cuenta rápidamente que este acercamiento no solo no produce los resultados deseados, sino tampoco los deseables.

La iglesia está llamada a hacer discípulos: personas que siguen, viven, aman a Jesús y lo comparten con otros. Se necesitan practicantes de la vida a la que el Señor nos llama y no simplemente sabedores de esta. La información transmitida no produce gente piadosa, produce «fariseos» que saben y no hacen (¡yo la primera!). 

Necesitamos un ministerio de enseñanza tripartito, donde el Espíritu Santo, el docente y el estudiante danzan armónicamente para lograr un proceso de aprendizaje asumido que lleva a la vida y a la transformación a imagen de Cristo.

3. Una característica distintiva de su libro es que cuenta con preguntas de reflexión a lo largo de cada capítulo, no al final como es común. ¿Por qué decidió incluir preguntas de esta manera?

En mi práctica docente y ministerial a menudo no he priorizado mi propia reflexión personal. Andamos corriendo porque pensamos que, cuanto más corremos y más ocupados estamos, entonces más aprobación tenemos por parte de Dios, aun siendo inconscientes de ello. ¡Qué gran error!

Mediante los espacios de preguntas no solo quiero invitar al lector a parar y reflexionar en su práctica docente, sino también invitarle a aprovechar la oportunidad de desarrollar su relación con Dios para que sea transformadora, y que incremente a su vez el impacto en las personas a las que sirve. La transformación debe empezar por nosotros.

4. Usted escribe: «No debemos contentarnos si las personas ganan conocimiento, pero no sabiduría; información, pero no la transformación de sus corazones. Queremos que todo lo que hagamos apunte a que amen más a Dios» (p. 39). ¿Cómo puede un educador identificar que está contentándose con solo impartir conocimiento al servir a las personas?

Como maestros, no deberíamos evaluar ni valorar nuestro éxito por lo que hemos impartido. Sucumbimos demasiado rápido a estar satisfechos por la cantidad (sobre todo) y la calidad de lo que hemos impartido, o a los halagos que podamos recibir. Como docente, no debería estar satisfecho si mis estudiantes son capaces de reproducir, como si de loros se tratasen, lo que acaban de escuchar o recibir.

La compasión y la oración ablandan los corazones más duros y la obra de Dios irrumpe en los momentos menos esperados

No solo queremos estudiantes que reflexionen sobre lo que han escuchado, sino estudiantes que ponen en práctica lo recibido. En realidad, deberíamos asumir el fracaso «aparente» de un estudiante, como nuestro propio fracaso personal.

5. Una de las cosas que usted enseña es que cada estudiante es responsable de su propio proceso de transformación. ¿Cómo animaría a un educador que piensa que ha intentado «todo» para ayudar a sus estudiantes a responsabilizarse de su aprendizaje, pero no ha tenido éxito?

Me es difícil pensar que la lista de recursos es finita. Sin embargo, si este fuese el caso, cuando ya no hay más recursos, siempre queda la compasión y la oración. Nunca podemos olvidar que somos instrumentos en los propósitos de Dios. Sus caminos son más altos que los nuestros. 

La compasión y la oración ablandan los corazones más duros y la obra de Dios irrumpe en los momentos menos esperados. Además, detrás de cada persona hay mucho más de lo que nosotros sabemos. Debemos perseverar en nuestro cometido, pues Dios trae el fruto a Su tiempo.

6. ¿Cómo desearía que los principios expuestos en este libro impacten la educación teológica de nuestras iglesias locales? ¿Qué frutos anhelaría ver?

Este libro se publicó justo antes de la pandemia. Desde entonces, y como resultado de ello, pude ayudar a personas y organizaciones a reflexionar sobre cómo hacer que sus oportunidades y eventos de aprendizaje sean más impactantes en su objetivo de desarrollar a las personas a través del camino espiritual. Es hermoso estar sentada en primera fila y experimentar, de primera mano, los cambios de paradigma en la práctica. 

He oído también de algunas escuelas bíblicas y seminarios que están usando este libro como libro de texto y esto me llena de profunda gratitud. Maestros que reproducen los principios expuestos al estilo de 2 Timoteo 2:2. Anhelo ver, no solo a gente que lee este libro, sino a gente que se toma en serio su propio proceso de reflexión sobre sus realidades de aprendizaje y aplican cambios que serán duraderos.

Sin embargo, en esencia, quiero ver a docentes que se identifican con las palabras del apóstol Pablo, sufren dolores de parto hasta que Cristo sea formado en aquellos a quien enseñan (Ga 4:19) y trabajan luchando, según la potencia de Él, para presentar perfectos en Cristo Jesús a todo hombre y mujer (Col 1:28).

¡Soli Deo gloria!

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