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El Calvino del que todos sabemos es el autor de los dos volúmenes de Institutos en nuestras estanterías. Es un hombre de talento y equilibrio, trabajando cuidadosamente en la doctrina y las Santas Escrituras, escribiendo con “brevedad lúcida”, como él le llamaba. El autor de la última edición de los Institutos era, de hecho, un hombre en pleno apogeo al final de su carrera. Los dragones fueron asesinados, y la iglesia en Ginebra estaba ahora sobre una base sólida. Los días amargos de la controversia y la quema de Miguel Serveto quedaron atrás, y su ministerio había echado raíces.

Esta es una historia de cuando Calvino era todavía una cabeza hueca.

Calvino llega a Ginebra

Farel se enfrenta a CalvinoCuando Calvino llegó a Ginebra era un exiliado dejando su tierra natal para siempre. Había sido un intelectual incipiente en el mundo humanista de Francia, aunque su potencial nunca había ascendido a mucho antes de que los fuegos de la persecución llevaran a los protestantes fuera del país. En el camino a Estrasburgo se detuvo en Ginebra, tuvo un ardiente encuentro con Guillaume Farel, y había elegido rendirse a su llamado a permanecer en Ginebra por el bien de la reforma.

El contexto de Ginebra fue bastante tenso. Como la mayoría de las otras ciudades de Suiza, Ginebra era independiente, a pesar de que estaba bajo la jurisdicción del duque de Saboya. Cuando Calvino llegó en 1536, sin embargo, la ciudad acababa de ser capturada en una operación militar por la ciudad protestante de Berna, sacándola del mandato político católico.

La iglesia de Ginebra era una cuestión diferente. Berna era una ciudad importante con una milicia fuerte, por lo que los líderes ginebrinos sabían que Savoy no tomaría represalias rápidamente. Muchos en Ginebra estaban al menos abiertos a escuchar el mensaje protestante. El problema era que Berna fue de habla alemana y no tenían recursos internos para enviar pastores de habla francesa a estas ciudades. Por lo tanto, externalizaron el trabajo a hombres como Farel. Esto, en parte, explica por qué Farel estaba tan desesperado por una buena ayuda pastoral: Él necesitaba aliados si esperaba reformar la ciudad desde el tope hacia abajo. El primer servicio protestante solo se había celebrado en Ginebra un Viernes Santo en 1533.

El día que Calvino fue despedido

Así que la situación era tensa. Calvino y Farel estaban bajo las órdenes de la dirección de Berna para reformar la ciudad, sin embargo, muchos se les opusieron en Ginebra. Los gobernantes en Ginebra no eran necesariamente fieles a Roma, pero temían por su seguridad de un intento católico para retomar la ciudad. Zwinglio había muerto en un ataque similar solo unos pocos años antes.

Berna había dado a Calvino y a Farel un servicio de culto protestante, así como varias órdenes en cuanto a cómo atar la nueva iglesia de Ginebra a la de Berna. Sin embargo, por razones no del todo claras, Farel y Calvino eligieron presionar por un nuevo conjunto de demandas que habían creado: comunión semanal, una nueva liturgia, y una serie de cosas que Berna no había aprobado oficialmente.

Las demandas no fueron bien recibidas. En primer lugar se encontraron con una sonrisa amable con un firme no. Luego la situación se volvió sombría y llegó a un punto durante un servicio de comunión. Farel y Calvino duplicaron su compromiso a estas reformas y suspendieron la comunión con los líderes de la ciudad, eficazmente excomulgando a los líderes de la ciudad.

A Calvino y Farel se les concedieron dos días para salir de la ciudad.

Calvino y Farel Retenienen la Comunión

Cómo fue restaurado Calvino

Una de las grandes historias de la Reforma es la restauración de Calvino después de una pérdida tan humillante. No todos los problemas fueron su culpa, pero la culpa fue atribuida a él por el liderazgo en Ginebra y Basilea. Pensaron que él y Farel se habían vuelto corruptos.

La restauración de Calvino, sin embargo, no fue a través de la polémica, la explicación, y el fanfarroneo. Fue a través de las relaciones y la tutoría.

El hombre que trabajó para restaurar a Calvino fue Martín Bucero, un teólogo muy respetado e irenista de la primera generación de la Reforma. Como Lutero, Bucero había sido monje, a pesar de que se alineó con el protestantismo después de escuchar a Lutero defender personalmente su teología en la disputa de Heidelberg. Bucero terminó en Estrasburgo como un reformador de gran solvencia en el movimiento reformado incipiente en las regiones suizas. Siempre se entristeció de que Zwinglio y Lutero habían fallado en crear una visión unificada de la Santa Cena. Por la mayor parte de su carrera nunca dejó de luchar por la unidad entre los protestantes.

Bucero encontró en Calvino un joven que necesitaba ser entrenado nuevamente a plenitud en su ministerio. Los problemas en Ginebra revelaron un joven, tal vez impetuoso, pero no era imperdonable. Sin embargo, si le dejaban amargarse, limitarían gravemente el trabajo futuro de Calvino. Bucero se encargó de invitar a Calvino a Estrasburgo para seguir trabajando en sus publicaciones. Los dos compartían un amor por los libros y la teología, y el estilo de escritura de Calvino ya estaba mostrando la brevedad lúcida por la cual sería conocido.

Calvino estuvo de acuerdo y fue a vivir en Estrasburgo, atraído tanto a Bucero como por las bibliotecas de allí. Cuando llegó, fue alojado en una casa que compartía un jardín con Bucero y su familia. Esta relación con Bucero es, al parecer, parte de la historia de Calvino recuperándose de su retroceso. Calvino no solo conversó con Bucero sobre teología y trabajó tanto en la expansión de los Institutos y el comentario sobre Romanos, él también comió con frecuencia en la mesa de Bucero y fue testigo por primera vez de la vida íntima de una familia protestante. Calvino habría de comentar lo mucho que aprendió sobre la vida, la familia, y el liderazgo por vivir tan de cerca a su mentor.

Nosotros, por supuesto, debemos tener cuidado de no idealizar esta experiencia para Calvino. Desafíos permanecerían tanto en Estrasburgo y en Ginebra luego de su regreso. Pero esta historia sí señala el carácter personal de la tutoría pastoral. Esto, creo, se ha convertido en un arte perdido en la iglesia moderna. Para Calvino, este nivel de conexión personal era vital, no solo para su restauración personal como pastor en las regiones de Suiza, sino también como el teólogo en que se convertiría.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Dess Oyola.
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