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Han sido unos años difíciles para la iglesia. En cierto sentido, la pandemia aceleró una transición en la que ya estábamos inmersos. Eliminó viejas soluciones que sustentaban las cosas y dio paso a otras nuevas. Tengo esperanzas para la iglesia en esta temporada.

En momentos así, oramos. Oramos no tanto desde la disciplina sino desde la «desesperación aprendida». Estas oraciones aparentemente inofensivas logran algo muy notable: permiten que la vida misma de Jesús, por medio de Su Espíritu, fluya en nuestras vidas, nuestras familias y nuestras iglesias, reflejando «la extraordinaria grandeza de Su poder» (Ef 1:19). Así como el evangelio es poder para nosotros en el lugar preciso de nuestra necesidad, así también la oración es ayuda, una ayuda real y poderosa, en nuestro lugar de necesidad y debilidad.

La iglesia es una fuerza espiritual. Está animada por el Espíritu de Jesús en medio de nosotros. Por eso, si queremos que la iglesia vuelva a la vida, debemos dejar espacio para escuchar al Espíritu y dejarnos guiar por Él como comunidad. La manera de hacerlo es orar juntos.

Cómo funciona la oración

En tu automóvil, el tren de potencia transporta la potencia del motor a la transmisión, al eje y por último a las ruedas. Transforma la gasolina en energía utilizable. El tren de potencia de la iglesia es así: oración → Espíritu → Jesús → poder/vida/gloria.

Puedes verlo de forma concreta en Efesios 3:

Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior; de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que arraigados y cimentados en amor, ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios (Ef 3:14-19, énfasis añadido).

Este pasaje refleja la tercera vez en Efesios 1 – 3 que Pablo ora de esta manera (cp. Ef 1:3-14, 16-20). El tren de potencia completo tiene este aspecto: oración → Espíritu → Jesús → poder → santos. Pablo ora por el tren de potencia porque los santos tienen un problema de capacidad (ver cursiva en el pasaje). No tenemos suficiente capacidad «de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento» así que necesitamos estar «arraigados y cimentados en amor».

Sin la «chispa» de la oración, la iglesia silenciosamente pierde energía, haciendo solo lo humanamente posible

El tren de potencia transforma nuestras oraciones en energía utilizable. Sin la «chispa» de la oración, la iglesia silenciosamente pierde energía, haciendo solo lo humanamente posible. Ni siquiera sabemos por qué somos tan impotentes, porque no conocemos nuestra propia historia. Hemos perdido el sentido de la inmensidad del poder que el Espíritu de Jesús despliega en la iglesia, y de que orar juntos deja que Jesús dirija realmente a Su iglesia.

Cómo se ve la oración

En los seminarios de oración que organiza nuestro ministerio, hacemos varias preguntas confidenciales sobre la vida de oración de los participantes. Después de impartir cientos de seminarios, hemos descubierto que alrededor del 85 % de los cristianos de una iglesia común no tienen una vida de oración. Las comunidades de oración son, quizás, aún más raras. Me sorprendieron los hallazgos de un estudio de Barna de 2017 sobre el estado de la oración corporativa en Estados Unidos, que decía que el 94 % de los adultos estadounidenses que oran lo hacen solos. Solo el 6 % ora acompañado.

Me gustaría ofrecerte una ventana a tres momentos de oración colectiva aparentemente insignificantes que forman parte de un lunes típico para mí. Mi esperanza es que esta sencillez te anime y te motive a romper el patrón estadístico y no solo para orar, sino para orar con una comunidad.

Orando con mi esposa

Mi primer momento de oración es con mi esposa, Jill. A partir de las 5:45 a. m., nos tomamos cuarenta y cinco minutos para leer la Biblia y orar juntos.

Este es mi momento de oración más desorganizado del día, aunque es el más poderoso. Jill suele dirigirla. Tardé unos diez años en darme cuenta de que, si quería orar con ella, no podía organizarla. No solo eso, sino que ella ora mejor que yo. Sus oraciones están casi al borde del lamento. Habla con Dios como si hablara conmigo cuando he prometido pintar una habitación y sigo posponiéndolo. Siente el mal creciente de nuestros días y ora apasionadamente contra él. Es una luchadora.

El mandato repetido de Jesús de pedir cualquier cosa nos da la libertad de pedir incluso cosas aparentemente imposibles. Debido a la pérdida de nuestra querida hija Ashley a causa del cáncer, oramos especialmente por las personas que luchan contra el cáncer. Oramos sistemáticamente durante diez o quince minutos por más de veinticinco familiares cercanos: nuestros hijos, sus cónyuges y nuestros nietos.

Orando con mi hija

Luego, oro con nuestra hija adulta, Kim, afectada por discapacidades.

Oramos juntos apenas cinco minutos, pero me encanta oír su «voz». Utilizando el lenguaje de iconos de su ordenador de voz, da gracias a Dios por muchas cosas. Suele añadir una oración por nuestro malvado Golden Retriever, Tully, que siempre le roba sus cosas. Si voy en bici al trabajo, ella ora para que no me estrelle. Si voy a esquiar por la noche, ora para que no choque contra un árbol. Ora por su abuela de noventa y siete años en Londres. Suelo animarla a orar por un sobrino o sobrina. A menudo elige a uno que le parece demasiado ruidoso o malo. Kim mira a sus sobrinos como al vino: mejoran con la edad.

Kim lucha con la ira, es un síntoma de su discapacidad, pero intentamos que su «diagnóstico» no la defina, así que ora regularmente para que Dios la ayude con la ira. Últimamente, hemos estado visualizando su día juntos y orando por las partes en las que podría sentirse tentada a enojarse. Eso ha ayudado. Luego, como sucede a menudo, me doy cuenta de mi impaciencia, así que Kim y yo terminamos orando el uno por el otro en nuestra lucha contra la impaciencia.

Orando en el trabajo

Mi tercera reunión de oración es a media mañana con el ministerio que dirijo, seeJesus (Ver a Jesús). Alrededor de treinta personas nos reunimos en Zoom durante una hora. Pasamos la primera mitad del tiempo escuchando informes de todo el mundo sobre nuestro ministerio de seminarios y entrenamiento. Es un micrófono abierto, así que también escuchamos actualizaciones sobre necesidades personales y familiares.

Cuando oramos juntos, parece como si estuviéramos tejiendo un tapiz mientras pasamos de las necesidades personales a las del ministerio, y de nuevo regresamos a los asuntos personales. Cuando solo quedan cinco minutos, los que oran aceleran ligeramente el ritmo, un poco como en el segundo tiempo de un partido de fútbol. No queremos olvidar nada, así que el estilo de conversación de la reunión de oración desaparece y surgen oraciones breves y rápidas para cubrir lo que aún no hemos llegado a tratar. Concluyo nuestro tiempo de oración invitando al Espíritu de Jesús a entrar en nuestro trabajo para moldearnos y guiarnos.

Cómo empieza la oración

A menos que seas parte del 6 % que ya ora con otros, es probable que sientas tanto la simplicidad como la extrañeza de estos momentos de oración mientras lees. ¿Cómo puedes ayudar a tu iglesia o a tu familia a orar juntos? ¿Cómo puedes mantener tu propia hambre de oración? La respuesta es sencilla, se empieza como Ana: orando.

Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén (Lc 2:36-38).

¿Dónde comenzó el don de Jesús, que condujo a la destrucción de todo mal y a un cielo y una tierra nuevos? Con Ana orando en el templo. Por supuesto, comenzó desde la eternidad; sin embargo, la oración de Ana fue una de las chispas del tren de potencia: Ana orando en el templo (2:37) → el «Espíritu Santo vendrá sobre ti» (1:35) → nacimiento de Jesús→ poder.

Todos los grandes movimientos del reino comienzan de forma lenta y discreta, con personas que oran en secreto, personas como tú, que siguen viniendo a la oración

Todos los grandes movimientos del reino comienzan de forma lenta y discreta, con personas que oran en secreto, personas como tú, que siguen viniendo a la oración. Oran cuando no tienen ganas. Oran cuando no hay cambios. Oran cuando están desanimados. Están continuamente orando y, poco a poco, atraen a otros oradores para que se unan a ellos.

Como nunca antes, nuestras iglesias están cada vez más desanimadas y abatidas. Como nunca antes, la iglesia necesita conectarse con el centro de poder resplandeciente en el núcleo de nuestra fe. Los dones extraños de Dios, como la pandemia de COVID-19, nos frenan y nos ayudan a escuchar a Dios. Nos volvemos enseñables.

¿No sería precisamente algo del Espíritu de Jesús utilizar la debilidad actual de la iglesia para convertirla en un centro de poder de oración y, por tanto, en un faro de esperanza para un mundo moribundo?


Publicado anteriormente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
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