5 consejos al creyente que piensa abrir un negocio

Empecé mi primer negocio hace 27 años, con muchos deseos de convertirme en un hombre exitoso. Sin embargo, querer lograr mis metas en mis fuerzas, ser sabio en mi propia opinión, mi inmadurez, y no pedir consejos, me llevó a tropezar con muchos obstáculos. Lamentablemente, esto es normal en nuestros días.

Vivimos en una generación donde vemos los mismos tropiezos una y otra vez. Muchas personas han sido seducidas por el deseo de emprender. Esta tendencia en nuestra cultura no es ajena a la realidad de la vida cristiana. Pienso en eso al considerar muchas reuniones que he tenido con jóvenes y no tan jóvenes dispuestos a abandonar sus trabajos para buscar perseguir su independencia profesional y económica.

Una decisión como esta no debe tomarse a la ligera. Debemos entender que somos llamados a hacer todas las cosas para la gloria de Dios en respuesta a su evangelio (1 Co. 10:31). Así que si piensas abrir un negocio, déjame compartirte algunos consejos:

1. Presenta el proyecto a Dios y pide su dirección 

Pídele sabiduría para que te permita ver si este anhelo de tu corazón es conforme a su voluntad. Ruégale que cumpla su propósito en ti, que te haga saber el camino en que debes andar, y que te acompañe con sus ojos puestos en ti (Sal 32:8), como Él lo prometió.

Nuestro propósito como empresarios es que otros puedan ver a Cristo a través de nuestra empresa.

También es importante considerar si el negocio nuevo demandará tanto de ti que podría afectar tu relación con Dios, tus responsabilidades familiares, o tu compromiso con pertenecer, asistir, y usar tus dones en una iglesia local.

No te apresures en la toma de decisiones, ni dejes que la impaciencia te lleve a perder el foco. Lo que pudiera ser de bendición se puede convertir en un tropiezo. Lo importante no es qué tan rápido nos movemos, sino que vayamos en el sentido correcto

2. Examina la motivación de tu corazón

Muchas veces iniciamos un negocio con motivaciones equivocadas. Nuestros deseos de ganar dinero, ser reconocidos, y obtener logros se convierten en obstáculos en el cumplimiento de nuestro llamado como cristianos. Nos llevan a olvidar que nuestro propósito como empresarios es que otros puedan ver a Cristo a través de nuestra empresa.

No es malo en sí mismo desear lo que Dios pueda recompensarnos cuando somos diligentes, pero debemos cuidarnos de que el dinero o el aplauso de los demás se convierta en nuestro mayor anhelo, y ocupe en la vida el lugar que solo Cristo debe tener. Escudriñemos nuestro corazón engañoso a la luz de la Palabra de Dios (Jer. 17:9; Heb. 4:12-13).

3. Analiza tus fortalezas y sé humilde para buscar ayuda

Es importante que entiendas cuáles son tus fortalezas, qué tan útiles son para el desarrollo del negocio, y cómo puedes aprovechar al máximo las oportunidades que tienes. Al mismo tiempo, debes ser humilde y buscar ayuda. Pide consejo a personas con experiencia y que teman a Dios, personas que puedan complementar tus debilidades y señalarte tus verdaderas fortalezas. La sabiduría está en la multitud de consejeros (Pr. 11:14).

4. Comprométete y aprovecha el tiempo

Cuando no tenemos claridad del tiempo en que queremos desarrollar cada etapa del proyecto corremos el riesgo de que los días pasen y no avancemos. Es importante comprometernos con el negocio mientras evaluamos el avance con el paso del tiempo.

Debemos planear y ser intencionales en las cosas que hacemos, buscando glorificar a Cristo en todo

Escribe qué quieres alcanzar a corto, mediano, y largo plazo. Cuídate de la autosuficiencia y confianza en ti mismo que te lleva a dejar de prestar atención al avance de los días, y no olvides decir: “Si el Señor quiere, haremos esto o aquello” (Stg. 4:13-17). Nuestro tiempo y nuestra vida está en sus manos.

5. Planifica tu proyecto

Veamos el ejemplo de Nehemías. Él tenía claro su compromiso ante Dios, y conocía los dones y talentos que Él le había dado para cumplir con el propósito que le fue encomendado. Era un hombre de oración, conocía la Palabra, deseaba que la gloria de Dios fuera conocida, y dependía de Él.

Nehemías también calculaba bien el trabajo que iba a realizar, sabía cómo delegar responsabilidades, no se detuvo por la oposición interna y externa, sabía mediar en medio de las diferencias de su equipo de trabajo, y ejemplificaba con su vida lo que predicaba.

Podemos decir mucho más sobre él. En resumen, nos muestra las características de un hombre fiel a Dios, y que a su vez es un excelente administrador que diseñó una estrategia para llevar a cabo el plan que Dios le encomendó. Así nos recuerda que debemos planear y ser intencionales en las cosas que hacemos, buscando glorificar a Cristo en todo y recordando que a Él servimos (Col. 3:17, 23-24).

Por último, oremos que en el desarrollo de nuestro negocio Dios nos enseñe a contar de tal manera nuestros días, que traigamos a nuestro corazón sabiduría (Sal. 90:12). Oremos que, si es su voluntad, nos bendiga en el trabajo, pero que nuestro mayor anhelo siempre sea la bendición de ser saciados por la mañana con su misericordia, la cual producirá en nosotros un gozo tan inmenso que nos alegraremos todos los días (Sal. 90:14).


Imagen: Unsplash.
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