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No recuerdo el momento exacto en que consideré el llamado al ministerio y, mucho menos, la idea de ser pastor. Lo que sí recuerdo es la primera vez que un pastor me hizo algunas preguntas al respecto: ¿Qué necesitas? ¿Qué dones posees para ese rol? ¿Qué te detiene?

Desde entonces, Dios ha obrado de forma increíble en mi vida para ver más y más la confirmación de ese llamado. Con todo, esas interrogantes siguen siendo tan pertinentes como lo fueron en aquel momento. Las preguntas acerca del llamado nos ayudan a evaluarlo y obtener claridad sobre el mismo.

En el libro ¿Soy llamado?, Dave Harvey ofrece un medio para evaluar el llamado al ministerio, sus implicaciones, y cómo y dónde confirmarlo. El autor comparte su amplia experiencia en el ministerio y las historias de muchos otros hombres con una larga trayectoria sirviendo a la Iglesia de Cristo como pastores.

¿Soy llamado?
B&H Español. 224 pp.

La labor de Dave Harvey en ¿Soy llamado? es excelente. Este libro aborda prácticamente todos los temas relevantes para alguien que no está seguro de si debería ser pastor o no, erradicando cualquier rastro de temor que exista en cuanto al llamado al ministerio. También es útil para aquellos que están seguros de su llamado, al ofrecer guías prácticas para su formación pensando en los retos que han de afrontar al frente de la iglesia de Dios.

B&H Español. 224 pp.

El recurso se compone de 10 capítulos divididos en 3 partes: aproximación al llamado, diagnóstico del llamado, y la espera. Es un libro de fácil lectura, tanto por su tamaño como por el uso de términos amigables y síntesis de ideas; se puede leer de corrido en 4 horas aproximadamente.

Cada capítulo del libro concluye con una historia de un ministro reconocido, como Charles Spurgeon y John Stott. Esto hace el libro un poco más personal, ya que nos permite conocer las vidas de otros hombres que han sentido el llamado y, seguramente, identificarnos con alguna de las anécdotas.

Responde las preguntas difíciles

El libro es sin lugar a dudas una expresión clara de la experiencia, los dones, el corazón pastoral y la personalidad del autor. Para todos aquellos que hemos sentido en algún momento un llamado al pastorado, ya sea sin haber sido confirmado aún o con muchos años desde la confirmación, la estructura del libro y los argumentos del autor resultarán sumamente útiles y significativos.

Harvey busca ayudar al lector a hacerse las preguntas difíciles sobre este tema, compartiendo lo que —según su entendimiento y experiencia— es el llamado al ministerio pastoral.

La primera tesis del autor es que el llamado al ministerio pastoral trata del evangelio y de la identidad en Cristo Jesús. Harvey nos recuerda que el gran llamado del cristiano es a Dios mismo antes que al ministerio pastoral. Es por medio de la gracia de Dios que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz; ahora tenemos vida eterna y somos llamados hijos de Dios… este es el gran llamado de todo cristiano.

“El llamado no es algo teórico, es algo personal. Dios no escoge al azar a aquellos a quienes llama” (loc. 127).

La identidad de los que han sido llamados —contrario a lo que solemos pensar— no está en el ministerio sino en Cristo. Esta idea permanece en el centro de todo el libro.

Harvey también desmiente una idea que tristemente hemos adoptado como iglesia: que el llamado y la iglesia local están separados. Algunos piensan que son los seminarios —y no las iglesias— los que forman ministros. El autor explica que el llamado se muestra y desarrolla en el contexto de una iglesia local, donde el liderazgo puede ver los dones y el carácter de un hombre, y confirmar ese llamado.

“El ministerio pastoral y, por lo tanto, el llamado pastoral no existen fuera del contexto bíblico de una iglesia local” (loc. 214).

La segunda parte dedica 6 capítulos a responder preguntas que todo aquel que ha sentido el llamado debería hacerse: ¿Eres piadoso? ¿Cómo está tu hogar? ¿Puedes predicar? ¿Amas a los perdidos? ¿Quién está de acuerdo? Las preguntas son pertinentes porque se basan en los requisitos bíblicos para nombrar ancianos que encontramos en 1 Timoteo 3 y Tito 1. Es interesante notar que —a excepción de ser apto para enseñar— todos los requisitos que la Palabra demanda del ministro son asuntos de carácter.

Harvey recalca que la iglesia local y el llamado van de la mano. El carácter debe ser visto y evaluado en la iglesia local pues es allí dónde se aprenderá principalmente sobre el rol pastoral. Los miembros de la iglesia confirmarán si un hombre cumple con los requisitos bíblicos dados por el apóstol Pablo. Es también en este contexto donde, una vez confirmado el llamado, se pondrán a trabajar los dones recibidos de Dios para ejercer el ministerio pastoral.

“La iglesia local es el contexto esencial para el ministerio pastoral. Esto significa que, si eres llamado al ministerio pastoral, eres llamado a la iglesia” (loc. 545).

La última parte del libro —la espera— ofrece una guía práctica para aquellos que han confirmado su llamado pero no saben qué procede, y también para aquellos que se quedaron con dudas luego de haber leído los capítulos anteriores. Harvey llama a los lectores a seguirse preparando en el desarrollo de sus dones y en el conocimiento de Dios, a cultivar una vida de oración por claridad y por intenciones puras, y a una vida de servicio en el lugar en donde cada uno se encuentre.

Conclusión

La labor de Dave Harvey en ¿Soy llamado? es excelente. Este libro aborda prácticamente todos los temas relevantes para alguien que no está seguro de si debería ser pastor o no, erradicando cualquier rastro de temor que exista en cuanto al llamado al ministerio. También es útil para aquellos que están seguros de su llamado, al ofrecer guías prácticas para su formación pensando en los retos que han de afrontar al frente de la iglesia de Dios.

Recomiendo el libro como parte de una educación formal en un programa teológico. También es una lectura crucial para todo pastor —joven o experimentado—, para sus esposas (quienes pueden ayudar a confirmar el llamado), y para todo líder de iglesia, a fin de entender lo que el llamado al ministerio pastoral implica y por qué debería ser un proceso lento y delicado.

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