Cuando acusan a tu pastor de ser un falso maestro

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Este artículo está dirigido a la iglesia. En particular, escribo a mis hermanos que escuchan a su pastor o predicador favorito siendo calificado como un falso maestro o acusado de enseñar el error. Quisiera exhortarles a tener la postura correcta y darles algunas pautas acerca de cómo reaccionar en dichas circunstancias. Mi intención es ayudar a mantener una perspectiva y una respuesta bíblica cuando esto sucede.

El tema es complejo y despierta muchas susceptibilidades. Y está bien que sea así, porque al abordar estos asuntos no estamos hablando de política, ni de música, ni de deportes, sino de cosas más serias: la eternidad de seres humanos creados a imagen de Dios. Es natural que seamos sensibles cuando escuchamos críticas hacia nuestros líderes.

Soy consciente que muchas de las formas en las que se denuncia el error carecen de gracia y seriedad. Me apena decir que en ocasiones la falta de piedad y de reverencia enlodan la verdad que algunos quieren comunicar. La mofa, la crítica no sustentada, la arrogancia y el espíritu conflictivo no contribuyen en nada. No podemos celebrar la falta de respeto, la burla y la falta de seriedad con la que a veces se practican estas cosas. El mismo apóstol Pedro decía que incluso para defender la fe debemos hacerlo con mansedumbre y reverencia (1 Pedro 3:15).

A la vez, es necesario reconocer que hay ministerios (sitios en internet, blogs, páginas en redes sociales) que lejos de una actitud hipercrítica, presentan sus argumentos con responsabilidad y claridad. Además, muchos pastores que consideran importante advertir a las ovejas del peligro que representa un falso maestro y sus enseñanzas, lo hacen de una manera bíblica y piadosa. Creo que esto es deber de todo buen pastor. La instrucción bíblica debe contemplar el aspecto de la enseñanza y la advertencia contra el error. Como lo hicieron los apóstoles (p.ej. Juan denunció a Diótefres en 3 Juan 1:9, y Pablo a Himeneo y Fileto en 2 Timoteo 2:16-17). Este aspecto del ministerio cristiano está presentado en varias cartas del nuevo Testamento. 2 Pedro y Judas son un ejemplo de la importancia de denunciar el error y a los falsos maestros. Aquí un ejemplo:

“Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotrs, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas…”, 2 Pedro 2:1-3.

Los Diótefres y los Himeneos de nuestra generación están dentro de la iglesia. Los falsos maestros todavía siguen estando en medio de nosotros. Eso ya lo sabemos. La preocupación no es que tengamos falsos maestros: el problema es la gran influencia que tienen. Lo triste sería que tú, querido hermano que lees este artículo, seas un seguidor de un Diótrefes o una oveja de Himeneo, y no te des cuenta. Y si ese es el caso, mi oración es que este escrito pueda servirte.

Una respuesta bíblica

Si tu pastor o predicador favorito ha sido calificado como falso maestro, una actitud bíblica debería contemplar al menos estos tres aspectos:

1) Lee o escucha los argumentos de aquellos que están presentando una denuncia.

Por lo general nuestra primera reacción cuando alguien nos confronta es cuestionar o resistir. No nos gusta ser confrontados, ni tampoco que nos digan que estamos en el error. Esa es nuestra naturaleza. Santiago decía “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19). Antes de airarte y de incomodarte, te animo a escuchar los argumentos. Si la denuncia viene de forma escrita, te animo a leer con detenimiento y objetividad. Esto es una regla general: escucha los argumentos de la otra parte antes de responder o descartar. Esto no quiere decir que coincides con ellos en todo lo que afirman: es posible que sea una acusación injusta o que quien acuse no maneje la información correctamente. Pero no debemos descartar algo sin antes considerar los argumentos presentados.

2) Corrobora los argumentos.

Compara lo que se está diciendo y confróntalo con la Palabra. Tu responsabilidad es confrontar cada acusación con la Palabra de Dios. El cristiano debe tener una perspectiva bíblica de la vida y del mundo en que vivimos. No podemos tomar la típica postura infantil de quien cierra sus ojos y se tapa los oídos para no ver ni escuchar lo que (nos) desagrada. Nuestro compromiso debe ser con la verdad bíblica y no con las preferencias personales. Debemos ser leales a Dios antes que a los hombres.

3) Ora por sabiduría

Pídele al Señor que te ayude. Necesitamos sabiduría, y los cristianos podemos pedírsela a Dios (Stgo 1:5). Pídele que su Espíritu ilumine tu mente y te guíe para que puedas ser objetivo. Pídele al Señor que te conceda valentía para enfrentar la verdad, sea cual sea. Que seas gobernado por su Palabra, y tus convicciones sean un reflejo de ello. Si entiendes que tu pastor o predicador favorito no está enseñando la verdad, pídele al Señor respecto a los pasos que debes seguir. Esto puede ser algo difícil y se puede convertir en una carga, pero debemos recordar que a los creyentes se nos anima a echar todas nuestras cargas al Señor (1 Pedro 5:7) porque Él tiene cuidado de nosotros.

Palabras finales

Considero que en cualquier contexto no es sabio defender ciegamente a nadie. Eso de “poner las manos al fuego” por otros no es una práctica sensata si tomamos en cuenta nuestra corrupción como pecadores. Quien está consciente de la realidad del pecado, no idealiza al pecador. Peor aún, sería un peligro y un gran pecado defender ciegamente a un predicador que no honra la verdad.

Digamos que luego de considerar los argumentos presentados, de confrontarlos con la Palabra y orar, concluyes que no hay razones para considerar como falso maestro a tu pastor o predicador favorito. Entonces, genuinamente, nada ha cambiado. Como creyente, eres responsable de estar siempre creciendo en la comprensión de la Palabra de Dios y en un entendimiento claro y profundo del evangelio. Sé un diligente estudiante de la Escrituras. Esfuérzate por conocer tu fe. Tal vez es posible que puedas acercarte a quien hace la acusación y presentarle con mansedumbre las evidencias bíblicas de piedad de ese pastor o predicador. O tal vez es una acusación necia que, luego de analizada, es evidente que mejor conviene no prestarle más atención. Sea cual fuere el caso, presta atención a ti mismo y a tu doctrina, perseverando en la Escritura.

Si tu predicador favorito enseña algo que es contrario a las Escrituras, entonces no puedes pasar esto por alto. Sé honesto. Entiendo que esto se complica si se trata de tu pastor, pero sería irresponsable ignorar tales acusaciones, pues tienes una responsabilidad ante Dios. No minimices el poder de la mentira, porque si la verdad bíblica es necesaria para la salud espiritual de la iglesia, en contraste, el error es agente de enfermedad espiritual. Debes tener en cuenta que el error puede ser muy peligroso, y más aún en asuntos espirituales, por sus implicaciones eternas.

No tengas temor. No estás solo. Cristo prometió estar con nosotros y guiarnos. Además, en los últimos años muchos son los que han abierto los ojos a la verdad bíblica y eso ha resultado una gran bendición. Ellos dan gracias a Dios, porque después de todo es mejor ser heridos con la verdad que engañados con el error. De todas maneras, al final la verdad nos sana y da vida eterna. La verdad salva y santifica. Bien lo dijo nuestro buen pastor: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libre” (Jn. 8:32).

 

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