¿Cómo está tu vida de oración?

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La pregunta va en serio querido hermano. ¿Cómo está tu vida de oración? ¿Cuándo fue la última vez que te apartaste por un tiempo para dedicarte exclusivamente a orar? ¿Dedicas tiempo para tu devoción personal y comunión con Dios? ¿Reconoces la seriedad del asunto?

No estoy hablando de la oración que hacemos por los alimentos o las oraciones casuales que pronunciamos durante el día. Nada malo con eso. En realidad, orar durante el día es muy bueno. Pero me estoy refiriendo a ese tiempo cuando nos apartamos de las actividades diarias, nos alejamos del bullicio y de la compañía de otros, para dedicarnos a la oración. Me refiero a orar a solas con Dios y si es posible en la habitación, cerrada la puerta.

El apóstol Pablo decía que debíamos orar sin cesar, que perseverásemos en la oración, que oremos en todo tiempo y que en medio del afán, presentemos ante Dios nuestra oración.  Por eso te pregunto, ¿Cómo está tu vida de oración?

El autor de Hebreos nos anima a entrar confiadamente al trono de la gracia para el oportuno socorro. Es decir, ahora los creyentes tenemos ese acceso a Dios en todo momento. Por eso te pregunto, ¿Cómo está tu vida de oración?

Santiago nos exhortaba a orar diciendo que la oración del justo puede mucho. Por eso te pregunto, ¿Cómo está tu vida de oración?

Cristo, nuestro mejor y más célebre modelo de piedad, nos dejó un extraordinario ejemplo de lo que es una vida de oración. En realidad él se levantaba temprano por la mañana y se apartaba a lugares desiertos para orar a su Padre a solas. Por eso te pregunto, ¿Cómo está tu vida de oración?  Cristo nos dejó la exhortación a orar siempre y no desmayar. También nos enseñó los beneficios de la oración: Que si pedimos, recibimos; si buscamos, hallamos y si le llamamos, nos abrirá. También nos dijo que entráramos a nuestra habitación y cerrada la puerta orásemos a nuestro Padre que está en secreto. Por eso te pregunto, ¿Cómo está tu vida de oración?

Entiendo que te congregas con regularidad; que sirves en algún ministerio de tu iglesia; que lees las Escrituras con pasión y frecuencia; que conoces la sana doctrina; que tienes compañerismo con los hermanos y que procuras caminar en santidad. ¡Gloria a Dios por todo eso!, pero quiero preguntarte  ¿Cómo está tu vida de oración?

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