×

En el año 2008 empecé a tomarme la teología en serio, en el apogeo del movimiento Joven, inquieto y reformado en el evangelicalismo. En ese momento estaba siendo discipulado por un pastor metodista, el cual me entrenó en los caminos del arminianismo de «cinco puntos», mientras servía bajo su dirección como pastor de jóvenes. Conocía todos los argumentos en contra de la soteriología calvinista de «cinco puntos» y los aplicaba con desenfreno cada vez que podía.

Pero al crecer en Dallas-Fort Worth, el movimiento joven y reformado estaba cerca de casa, con figuras como Matt Chandler atrayendo a una gran multitud en el área. Sin dudarlo, empecé a asistir a The Village Church por las tardes y pronto me convertí a los caminos del calvinismo. Como podrás imaginar, me volví experto en usar argumentos nuevos contra mis argumentos antiguos.

Muchos han llamado a esto calvinismo «etapa de la jaula», y yo era un combatiente dispuesto. Mirando hacia atrás, la consecuencia más negativa de mi paso por la jaula fue (solo por un tiempo, alabado sea Dios) cómo deterioró mi relación con mi mentor. Pasé de respetarlo profundamente como pastor y teólogo a dudar de su inteligencia y sinceridad.

Pero él no había cambiado, yo sí.

Cómo diagnosticar la etapa de la jaula

La mentalidad «etapa de la jaula» prevalece en diversos círculos. Casi parece una consecuencia necesaria del descubrimiento teológico. La veo ahora en quienes, como yo, se preocupan por la recuperación teológica. Pero espero que la próxima generación evite la recuperación teológica a la manera de la etapa de la jaula, y evite algunos de los errores de mi generación.

Estas son cuatro señales de teología en la etapa de la jaula, de un antiguo practicante.

1. Desprecias a tus anteriores héroes o mentores espirituales y teológicos.

Nos apresuramos a criticar o incluso calumniar a quienes nos precedieron —¡aquellos que nos enseñaron!—, porque ahora sentimos que los hemos superado. Nos volvemos cínicos respecto a sus capacidades y tendemos a ensalzar nuestra inteligencia recién descubierta, insultándonos curiosamente a nosotros mismos, quienes antes creíamos lo mismo.

Ojalá pudiera localizarlo, pero una vez vi un tuit que esencialmente decía: «Ahora estoy en desacuerdo con [X teólogo], pero solo soy capaz de estar en desacuerdo porque fue él quien me hizo amar la teología en primer lugar». Esta parece la forma correcta de honrar a quienes nos precedieron. Al igual que los hijos adultos, no deberíamos permitir que el orgullo deshonre a nuestros padres (teológicos) solo porque los hayamos dejado atrás en algunos aspectos. Ellos nos dieron la pasión y las herramientas para interesarnos por la teología.

Francamente, un seminarista de veintitantos años que arremete contra alguien cuya obra principal se publicó antes de que el estudiante naciera puede tener razón en algunos hechos, pero rara vez tiene razón en su actitud. Los que hemos pasado por eso reconocemos lo difícil que es ver ese punto ciego durante la juventud, pero es crucial que los que le rodean se lo señalen. La sabiduría permite la humildad y la amabilidad, especialmente en el desacuerdo.

2. Creas discípulos cínicos respecto a sus anteriores héroes o mentores.

Como profesor, a menudo veo a los estudiantes pasar por el latigazo de darse cuenta de que sus padres, pastores o autores favoritos están aparentemente equivocados en algo. En la etapa de la jaula, es tentador pensar que décadas de ministerio fiel ahora es (o siempre han sido) carente de valor y son de poco beneficio para la academia o la iglesia. Estos estudiantes empiezan a cuestionar a sus mentores o amigos por ser demasiado «superficiales».

Esto es para quienes ocupamos posiciones de influencia: no avivemos las llamas de la etapa de la jaula. En parte, esto requiere que corrijamos a alguien cuando suceda. Por ejemplo, rara vez permito que algún alumno critique a sus padres o a sus pastores frente a mí. Puede que piense que entenderé la estupidez de la perspectiva de su pastor porque me ha oído discrepar con ella, pero suelo cerrar esa conversación.

También debemos modelar este tipo de generosidad teológica. Siempre que enseñemos, debemos representar a los interlocutores de forma justa y sustancial. Si no abandonamos la etapa de la jaula como líderes, seguiremos formando estudiantes orgullosos que no aprenderán a reconocer lo poco que saben y cómo pueden estar en desacuerdo consigo mismos en el futuro.

3. Reduces la ortodoxia a un conjunto de categorías claramente definidas.

La etapa de la jaula puede crear un tipo de fundamentalismo que evita la ortodoxia generosa en favor de un grupo selecto «entre» la multitud, que recuerda a un grupito de estudiantes de secundaria. Es fácil excluir a alguien de nuestro grupo de amigos teológicos si nos desafía o cuestiona. Pero si realmente confías en tus convicciones, estas pueden ser desafiadas por lo mejor del otro bando. La humildad te permite mantener tus convicciones al tiempo que estás abierto a cambiar de opinión.

No tienes que proteger tu propia plataforma o prestigio. No estás compitiendo por ser el rey del baile. No puedo contar el número de veces que repetí que los arminianos «se basan en las obras» y «no aprecian la soberanía de Dios». Había leído incluso las obras de Wesley y sabía que no era así, pero en la jaula hay que dar puñetazos, no abrazos.

4. Tiendes a crear una marca personal que te convierte en un autoproclamado salvador de la ortodoxia.

Sentimos la necesidad de proteger nuestra marca; al fin y al cabo, es lo que nos ha dado la influencia que tenemos. En el peor de los casos, la etapa de la jaula nos empuja a interpretar de forma conveniente a teólogos fallecidos como si básicamente estuvieran de acuerdo con nosotros. Es una forma estupenda de ganar puntos baratos en un debate, pero no de hacer teología o historia.

Resulta tentador construir la historia a nuestra propia imagen, argumentando de forma anacrónica o superficial que los teólogos del pasado están de acuerdo con todos nuestros pequeños matices. Criticarlos se convierte en una crítica directa a nosotros.

La humildad te permite mantener tus convicciones al tiempo que estás abierto a cambiar de opinión

Todos tenemos un largo camino que recorrer. El pecado siempre se acerca. Pero cuidado con los teólogos del «nosotros contra ellos», que enmarcan todo el discurso en torno a su papel a la hora de salvarte de un enemigo (ya sea una persona o un «ellos» genérico). Pablo advierte directamente a los corintios contra la mentalidad de «yo soy de Pablo» o «yo soy de Apolos» (1 Co 3:4). En cambio, más adelante dice que el amor «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13:7).

El amor al prójimo teológico

Es amor básico al prójimo hacer preguntas aclaratorias a aquellos con los que no estás de acuerdo. Me imagino que a Satanás le encanta cuando asumimos malas intenciones, juzgamos la teología o el carácter de una persona basándonos en un tuit o un artículo, o utilizamos los fracasos de otros como apoyo para nuestras propias plataformas.

Es trágico, entonces, que los cristianos sean a veces los más despiadados entre sí. Cuando estamos en la jaula, somos incapaces de ver fuera de ella y no tenemos la sabiduría para juzgar entre el discernimiento bíblico y la división que destruye la iglesia.

En cambio, todos podemos orar para que Dios quebrante nuestro orgullo, ablande nuestros corazones y nos dé la sabiduría para equilibrar nuestras convicciones con el amor al prójimo. Pensando de nuevo en la iglesia de Corinto, noto que Pablo parece estar dispuesto a permitir que los corintios discrepen sobre toda una serie de temas, siempre que se unan en torno al evangelio. Esta unidad debe incluir la generosidad hacia nuestros antecesores y la introspección sobre nuestras propias convicciones y capacidades.

La realidad es que toda la división sin sentido entre hermanos y hermanas en Cristo será erradicada en la nueva creación. Viviremos en una comunión de unidad y perdón por toda la eternidad, gracias a Aquel que vence nuestras rivalidades. Mientras tanto, ¿qué pasaría si modeláramos la unidad escatológica en lugar de la división miope? ¿Qué pasaría si nos esforzáramos más, por el poder del Espíritu, en tratarnos unos a otros como lo haremos en la nueva creación?


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando