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A medida que avanzaba en mis estudios de psicología, esta pregunta cobraba cada vez mayor importancia en mi cabeza. Las implicaciones son muchas. ¿La persona humana es tricotómica, compuesta de espíritu, alma, y cuerpo? ¿O por otro lado es dicotómica, compuesta de cuerpo y alma? En otras palabras, ¿cuándo hablamos de espíritu y de alma, estamos refiriéndonos a lo mismo?

Este es el argumento que uno escucha una y otra vez para justificar la presencia de la psicología en círculos evangélicos: “Somos un ser tripartito, tres partes, creados a imagen de Dios, como la Trinidad, somos espíritu, alma, y cuerpo”. Pero, ¿es este un argumento bíblico o solo un mito ampliamente aceptado?

Tal como escribe Ed Welch,

“Los ingredientes de lo psicológico ciertamente existen. Están entre los rasgos más importantes e interesantes de nuestra vida interior, los cuales incluyen nuestros patrones de pensamiento, emociones y motivaciones individuales. Pero, ¿es ese depósito conceptual –lo psicológico– una categoría real y útil, o es innecesaria y equívoca para entender la naturaleza humana? ¿Hay una parte distintiva en nosotros que no es espiritual ni biológica –sino psicológica?”

Como sigue exponiendo Welch, esta idea tripartita de la persona la popularizó Clyde Narramore a final de los años 50 con su anuncio de que

– si tienes un problema físico, debes ir al médico;

– si tienes un problema espiritual, debes ir al pastor;

– si tienes un problema del alma (psicológico), debes ir al psicólogo.

Parece lógico: tres partes de la persona, tres tipos de problemas, tres profesionales… Pero, ¿es esta la verdad bíblica? ¿Existe un área inmaterial de la persona que está desconectada de las Escrituras? ¿Quién decide lo que es psicológico y lo que es espiritual? Ansiedad, temor, problemas matrimoniales, rencor, ira, tristeza… ¿Son problemas del espíritu o del alma? ¿Existe una parte psicológica en mí que no tiene nada que ver con Dios? Las implicaciones de la tricotomía son alarmantes. Mirando atrás puedo decir que este asunto fue clave en mi proceso de dejar atrás la psicología y abrazar la consejería bíblica de todo corazón. 

Tricotomía y la Biblia

El pasaje que se suele usar para defender la tricotomía es 1 Tesalonicenses 5:23: “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Pero si esta doctrina es tan importante, ¿por qué solo se cita aquí esta expresión; espíritu, alma, y cuerpo? En este pasaje el apóstol Pablo, en su deseo de describir la totalidad de nuestro ser, usa estos tres términos. ¿Pero pudiera haber utilizado otros? De hecho en Deuteronomio 6:5 encontramos una tricotomía diferente para expresar la plenitud de nuestra persona: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”.

Y otra tricotomía más la vemos en Mateo 22:37: “ Y Él le contestó: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.

Entonces nos encontramos con el reto de tener varias tricotomías, ¡e incluso alguna “cuatricomía” también!: “y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” (Mr. 12:30). 

Dicotomía y la Biblia

Estos pasajes usan varias palabras para abarcar la totalidad de la persona, pero estas descripciones son siempre una enumeración de términos, no una lista exhaustiva. Para entender la antropología bíblica nos es necesario ver las Escrituras en su totalidad.

Dios formó al hombre “del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida” (Gn. 2:7). Dos sustancias. Según el contexto la sustancia material es llamada cuerpo o carne, y la sustancia inmaterial es llamada espíritu, alma, mente, pero sobre todo corazón. Estas palabras se usan de forma indistinta para referirse a la dimensión inmaterial de la persona, siendo corazón el término más usado y amplio para referirse a la vida interior del ser humano. Desde una óptica bíblica los pensamientos, motivaciones, y voluntad residen en el corazón, y el corazón se expresa a través del cuerpo.

Somos seres espirituales vestidos de una “morada terrestre” o “tabernáculo” (2 Co. 5:1). Aunque el “hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). Dos sustancias, pero una sola persona. No es que tenga un cuerpo y tenga un alma. Es que soy un cuerpo y soy un alma. Como dice C. S. Lewis: “Somos seres compuestos –un organismo natural en un estado de simbiosis con un espíritu supernatural”. [1] Y en otra ocasión escribe:

“El espíritu (se siente) ‘en casa’ con su organismo, como un rey en su propio país o un jinete sobre su caballo –o mejor aún, como la parte humana de un centauro está ‘en casa’ con la parte equina”. [2]

El uso intercambiable de alma y espíritu es evidente en las Escrituras. Tanto el alma como el espíritu sienten tristeza (Jn. 13:21; Mt. 26:38), y sienten gozo (Is. 61:3; Sal. 86:4); tanto el alma como el espíritu pecan (Sal. 32:2; Ez. 18:4), necesitan salvación (1 Co. 5:5; Stg. 1:21) y son llevadas al cielo (He. 12:23; Ap. 20:4). La diferencia no es ontológica. Nos referimos a lo mismo. La diferencia es semántica. Es una diferencia de lenguaje la que encontramos entre espíritu y alma. Por lo general el alma se entiende como más apegada al cuerpo, y el espíritu como más despegada del cuerpo. No es lo mismo que te digan “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 almas”, que “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 espíritus”. Seguramente irías a la primera casa, pero no a la segunda, ¿verdad?

Es imposible distinguir entre alma y espíritu, porque nos referimos a lo mismo. Encontramos en la Biblia muchos paralelismos hebreos que usan ambos términos como sinónimos. [3] Es tan imposible separarlos, que al describir el poder incomprensible de la Palabra de Dios, el autor de Hebreos nos dice que la Palabra es capaz de penetrar hasta partir el alma y el espíritu (He. 4:12). Aquí no se refiere a partir el alma, y a partir el espíritu, sino a dividir entre las dos, a separarlas.

Existe un yo interior e invisible, y un yo exterior y visible. El interior solo lo ve Dios, pero se expresa a través de un cuerpo que actúa, piensa, anda, habla, y siente. Por eso, aquello que la psicología moderna llama enfermedades desde la consejería bíblica entendemos que son meros síntomas de un asunto interior, de un corazón que se expresa. [4]

Somos un corazón que se comunica a través de un cuerpo. Esta es la comprensión bipartita del ser humano que la iglesia cristiana siempre ha sostenido. Como dice el Catecismo de Heidelberg, en su pregunta 1, “Pertenezco, en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador Jesucristo”. 

Sí. Los pastores y consejeros tenemos hoy día la gran responsabilidad y el gran reto de ser instrumentos en las manos de Aquel que conforta nuestras almas (Sal. 23:3), y tratar aquellos asuntos del corazón que según el mundo son psicológicos. 

[1] C.S. Lewis, Miracles (New York: Macmillan, 1960), 126.


[2] C.S. Lewis, e Weight of Glory and Other Addresses (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), 126.

[3] En el Nuevo Testamento griego pneuma y psiqué, y en el Antiguo Testamento hebreo ruah y nefesh. (Gn. 49:6; 1 S. 1:15; Job 7:11; Is. 26:9; Lc. 1:46-47).

[4] Understanding the Influences on the Human Heart. e Journal of Biblical Counseling. Winter 2002, 48. CCEF, Filadelfia. 

Publicado originalmente en la revista 9Marks.
Imagen: Lightstock
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