Los calvinistas deben ser los más calmados y amables

Pocos adjetivos son más trágicos para un calvinista que “enfadado” y “malo”.

¿Cómo puede ser que los que abogan la grandeza de Dios jueguen el papel de Chicken Little en este tiempo de decadencia social? ¿Y cómo puede ser que los desvergonzados amantes de “las doctrinas de la gracia” traten a los demás con tan poca gracia? Nosotros, los calvinistas, creemos en el claro testimonio bíblico de que Dios es soberano en la salvación y soberano sobre todo. ¿Cómo es que no vemos que picarle los ojos a los demás —ojos que creemos que Dios aún no ha abierto— nos hace desafiar al mismo Dios?

“Los calvinistas deben ser los más pacientes y más mansos de todos los hombres”, observó el amado pastor y escritor de himnos John Newton (1725-1807). Si realmente creemos lo que decimos que creemos, los calvinistas debemos ser las personas más tranquilas y amables, no importa cuán enojado y miserable se vuelva nuestro mundo. Y deberíamos pedir cuentas a nuestros compañeros que confiesan a un Dios grande cuando muestran enojo ante la incredulidad o mezquindad de los que no comparten nuestra teología de gracia extensiva.

Sin embargo, tampoco debemos sorprendernos cuando los calvinistas no viven de acuerdo a la gracia que profesan. Después de todo, también creemos en la depravación total. No es excusa, pero tampoco debería sorprendernos.

“Nosotros, los seres humanos, tenemos la capacidad de trastornar casi cualquier doctrina verdadera y convertirla en algo desagradable”, dice el autor y profesor D. A. Carson, fundador de The Gospel Coalition. “Es posible con un temperamento inapropiado, tomar estas doctrinas y comenzar a constituirnos como la secta superior. Se puede generar un cierto tipo de arrogancia”.

¿Están los calvinistas mejor preparados para afrontar el dolor?

Una realidad lamentable es el calvinista enojado. Los temperamentos volátiles surgirán en cualquier momento de la historia, pero podemos ser especialmente propensos a ellos en nuestros días de decadencia social. Y la pregunta se vuelve tanto más apremiante a medida que crece la oposición hacia el cristianismo bíblico.

Confiando en que Dios es a la vez completamente bueno y que está completamente en control nos debe hacer más dóciles y pacientes, pero ¿debería hacernos también más tranquilos en medio de la agitación cultural? Le pregunté a Carson si el resurgimiento calvinista de la última generación nos debe preparar mejor para resistir a la presión que se avecina, e incluso la persecución, contra los cristianos.

“Me gustaría pensar que sí. Yo diría que, sin duda, debería prepararnos. De manera particular, el creer absolutamente en la providencia de Dios en estos asuntos de manera que usted no está pensando, 'Oh, Dios está perdiendo', o algo por el estilo. Sí, debería”.

Pero, por supuesto, tenemos más que decir que simplemente lo que debería ser. Conocemos nuestro pecado.

“Estoy muy reacio a decir que, porque eres un calvinista, eres un poco más inmune a las presiones de estos tiempos”, agrega Carson. “Yo prefería decir: 'Si usted se llama calvinista, aprenda a confiar en la bondad soberana de Dios'. Este no es un momento para el triunfalismo o para sentirnos mejores que los demás. Este es un tiempo para la contrición y para suplicar a Dios misericordia”.

La grandeza de Dios llena el vacío

Un factor importante en el resurgimiento de la teología de un gran Dios en nuestros días, de acuerdo con Carson, ha sido “la teología evangélica del mínimo común denominador de la generación anterior y la reacción en contra de ella… Se volvió demasiado fácil, demasiado simplista: ‘Confía en Jesús y recíbelo como tu Salvador personal y todo va a ser miel sobre hojuelas’. Las personas estaban buscando más autenticidad, algo con más potencia, algo que fuera transformador, no eso que llegó a ser una especie de fácil creencia “.

La teología no diluida del gran Dios de la Biblia ha llenado el vacío para muchos y ojalá los haya preparado para los insultos, difamaciones, y la oposición que tendrán como cristianos fieles en una época cada vez más dirigida por las élites seculares. La teología de la gracia de Dios —a pesar de nuestro pecado, en la elección, en la expiación, en la conversión, en la perseverancia, y en todas las cosas— puede y debe hacernos la más segura de las personas, incluso cuando el mundo que nos rodea parece estar siendo sacudido.

Nada romántico en la persecución

En la providencia de Dios, el resurgimiento calvinista puede haber llegado justo a tiempo para darle muchos cristianos el lastre necesario para las tormentas que vienen. Sin embargo, hay que decirlo, fuerte y claro, que creer en la soberanía absoluta de Dios no nos lleva a idealizar la persecución. Carson lo conoce bien por experiencia personal, habiendo crecido como bautista perseguido a mediados del siglo XX en la Canadá francesa hostil a los protestantes.

“Recuerdo que cuando yo era pequeño, había un zapatero. En esos días, esto no era alguien que vendía zapatos en una tienda. Él de verdad hacía zapatos. Medía los pies de la gente y hacía zapatos. Vivía en un pequeño pueblo de San Cirilo. Era conocido. Era un pequeño hombre de negocios haciendo su trabajo. Se convirtió muy clara y profundamente y perdió el 90% de su negocio. No sabía cómo podría seguir. Entonces su establecimiento de zapatos fue bombardeado. Él y su familia se trasladaron fuera de la provincia de Quebec y se mudaron a Ontario”.

“Bueno, a él le tocó reubicarse. Tuvo que empezar a aprender inglés. Él no sabía mucho inglés antes de eso. Pero también, desde el punto de vista de nuestra iglesia, fue una gran pérdida. Él era un converso genuino que, desde nuestro punto de vista, lo perdimos a la Canadá francesa. Había muchas cosas de ese orden. Ese fue un caso extremo. Pero así fue”.

“La presión que se enfrenta a partir de este tipo de cosas no alegra a medida que se atraviesan. En retrospectiva, se puede mirar hacia atrás y ver en el panorama general de cómo Dios usó eso para fortalecer a las personas y prepararlos para el período de fecundidad real que llegó dos o tres décadas más tarde. Pero mientras que usted pasa por de esas dos o tres décadas, no hay nada romántico en ello”.

¿Lo ha humillado su teología?

Una segunda realidad lamentable es el calvinista malo. Cabe preguntarse con regularidad, ¿se refleja con precisión la teología que profesamos en la forma en que tratamos a los demás? Ya sea que se siente tan grande como la presión social y la agitación social, o parezca ser tan pequeño como el diálogo diario con los no creyentes y con los cristianos de otras líneas de pensamiento, aquellos que afirmamos la soberanía de Dios no solo somos libres para estar tranquilos sobre el mundo, sino también para ser amables con su gente.

Newton en particular tenía algunas amables pero constructivas palabras para los calvinistas que eran duros con los que no compartían su teología. Les recordó, “La teología del calvinismo, que trae humildad, es socavada por las palabras amargadas, enojadas, y burlonas”, y él preguntó directamente: “¿Los ha humillado su calvinismo?”. Como Tony Reinke captura útilmente de la vida de Newton, “el calvinismo, bien entendido, nos quiebra, y eso debería estar claro para los demás”.

Newton no tuvo problemas en encontrar “un calvinista orgulloso y autosuficiente” en su día y advirtió: “Me temo que hay calvinistas, que, si bien representan como prueba de su humildad que están dispuestos en palabras a degradar la criatura y a dar toda la gloria de la salvación al Señor, sin embargo no se sabe qué clase de espíritu son. “

El consejo de Newton es perceptivo y trae convicción. Cuando no esté de acuerdo con una “persona no convertida”, recuerde que “es un objeto más adecuado de su compasión que de su ira”. ¿Y si es un hermano en la fe en Jesús?

En poco tiempo se encontrarán en el cielo; entonces será más querido que el amigo más cercano que tiene sobre la tierra ahora. Anticipe ese período en sus pensamientos; y aunque puede que le resulte necesario oponerse a sus errores, vealo como una persona, como un alma afín, con quien será feliz en Cristo para siempre.

Tan cierto como fue el consejo en la época de Newton, es quizás incluso aun más profético en la nuestra, donde las líneas se dibujan menos entre denominaciones, y más entre creencia e incredulidad.

Porque Dios es bueno

Finalmente, sin embargo, no son meras inferencias teológicas las que nos harán más amables. Los cristianos no se hacen más amables —no con la amabilidad generada por el Espíritu— con solo reflexionar sobre las conexiones abstractas, sino por la alimentación de nuestras almas en, y tomando nuestras señales de, las palabras de Dios.

No solo la historia de la iglesia antigua celebra pequeños actos de bondad (Hechos 10:33; 24:4; 27:3; 28:2), sino que texto tras texto caracterizan la conducta cristiana como manifiestamente amable (2 Corintios 6:6; Colosenses 3:12; Tito 2:5). No solo deben los líderes reconocidos de la Iglesia ser “amables con todos” (2 Timoteo 2:24), sino que todos los cristianos han de ser “benignos unos con otros” (Efesios 4:32). La bondad es un fruto del Espíritu (Gálatas 5:22). El amor es paciente, es bondadoso (1 Corintios 13: 4).

Y cuando Dios, que gobierna sobre cada centímetro cuadrado del universo, nos enseña a cultivar la bondad, nos está impulsando a ser mayores imitadores de Él. Nuestro Padre Celestial, dice Jesús, “es bueno con los ingratos y malos” (Lucas 6:35). En su bondad “hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). Tal bondad “tiene el propósito de guiar al arrepentimiento” (Romanos 2: 4). Tal bondad injerta incluso a extraños en su antiguo árbol de bendición por fe (Romanos 11:22).

Debido a que somos salvos por “amorosa bondad” de Dios (Tito 3: 4), y anticipar una eternidad tomando “las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros” (Efesios 2: 7), nos liberamos de doblar su bondad hacia nosotros, hacia fuera en la vida de otros.

El calvinismo nos debe preparar bien para sufrir la oposición, no para desquitarse con los demás. Decimos que creemos que solo Dios puede cambiar los corazones con decisión, y esto nos debe poner en libertad de ser las personas más tranquilas y más amables de todas.

Como dice Carson, “Si se llama a sí mismo calvinista, aprenda a confiar en la bondad soberana de Dios”.


Publicao originalmente en Desiring God. Traducido por Jacquie Tolley.
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