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A los esclavos cristianos en Estados Unidos a veces se les prohibía cantar, incluso a Dios. Así que cuando iban al río, colgaban frazadas mojadas a su alrededor y luego cantaban dentro de macetas llenas de agua que absorbían el sonido. “Como entristecidos, pero siempre gozosos” (2 Co. 6:10), no pudieron contener sus canciones de alabanza.

Tal vez lo que estás enfrentando te hace preguntarte si Dios te ha dado la espalda. Tu prueba puede durar un día, un año, una década, o más. Pero dudo que tus circunstancias sean peores que las de esos esclavos cristianos, despojados de libertad y dignidad, con familias destrozadas rutinariamente. Sin embargo, no pudieron obligarlos a dejar de cantar.

No hay cercanía a Dios sin dependencia de Dios. Y nada nos hace más dependientes de Él que cuando el piso debajo de nosotros se desmorona.

A lo largo de los siglos y en todo el mundo, muchos creyentes que sufren afirman que Dios usa los tiempos difíciles para acercarnos a Él, para brindarnos una profunda felicidad en Él, y para construir una mayor semejanza y dependencia de Cristo. Oramos: “Acércame más a ti, Señor”, y generalmente en respuesta, nuestro Dios amoroso y soberano nos da pruebas, incluso a veces cuando le rogamos que no lo haga.

No hay cercanía a Dios sin dependencia de Dios. Y nada nos hace más dependientes de Él que cuando el piso debajo de nosotros se desmorona.

Inevitable y con propósito

Nosotros los cristianos seremos liberados de la miseria eterna. Pero Dios nunca dice que evitaremos las dificultades ahora. De hecho, Él nos promete específicamente las dificultades en versos que rara vez pegamos en el refrigerador. “Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo” (1 Pe. 4:12). Sonrío cuando leo eso. Es como si Dios estuviera diciendo: “¿Por qué pensaste que no sufrirías?”.

El apóstol Pablo les dijo a los creyentes que les estaba enviando a Timoteo “para fortalecerlos y alentarlos respecto a la fe de ustedes; a fin de que nadie se inquiete por causa de estas aflicciones” (1 Ts. 3:2–3). ¡Si no sabemos esto, deberíamos! Cuando pensamos en lo que Dios ha destinado para nosotros, nos viene a la mente la vida abundante y la resurrección, pero las pruebas casi nunca. Sin embargo, Dios nos asegura que Él mismo, no la maldición o Satanás, nos ha destinado a sufrir. Las aflicciones no son simplemente inevitables; son intencionales. Aunque puedan parecer aleatorias, son el producto del diseño inteligente y amoroso de Dios.

En Confiando en Dios, Jerry Bridges escribió: “Lo que debe distinguir el sufrimiento de los creyentes de los incrédulos es la confianza de que nuestro sufrimiento está bajo el control de un Dios todopoderoso y amoroso. Nuestro sufrimiento tiene significado y propósito en el plan eterno de Dios”.

El bien viene a través de la adversidad

¿Qué puede hacer el sufrimiento por mí? Puede mostrarme la imposibilidad de encontrar la verdadera felicidad fuera de Dios.

¿Qué puede hacer el sufrimiento por mí? Puede mostrarme la imposibilidad de encontrar la verdadera felicidad fuera de Dios. Cuando aquello en lo que una vez me apoyé para ser feliz, mi salud, mi carrera, mi riqueza, o mi popularidad, se derrumba en el polvo, el camino está despejado para que yo vea que Dios es mi única base sólida.

Hacemos bien en pedirle a Dios alivio. Sin embargo, cada vez que le pedimos que elimine la dificultad, pudiéramos estar pidiéndole que renuncie a la oportunidad de declarar su grandeza o profundizar nuestra relación con Él. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a alguien decir: “Me acerqué más a Dios cuando mi vida estaba libre de sufrimiento”?

Diez meses después de que su hijo muriera en un accidente automovilístico, Greg Laurie me dijo: “Desearía haber aprendido, crecido, y haberme acercado al Señor tal como lo he hecho, pero con Christopher todavía aquí”. Greg capturó a la perfección el sentimiento: yo también deseo tener todo lo bueno que Dios trae a través de la adversidad sin todo ese dolor. Pero no funciona así, ¿verdad?

Lo que ninguno de nosotros quiere

Mi querida esposa, Nanci, fue diagnosticada con cáncer de colon hace ocho meses. Ella ha sufrido una larga serie de tratamientos difíciles. Hemos experimentado innumerables citas y cambios de diagnósticos y plazos. Hemos visto cómo la planificación a largo plazo se convierte en conjeturas.

Nuestro Padre a veces responde nuestras oraciones para aliviar nuestro sufrimiento. Pero cuando responde que no, debemos honrar su deseo de trabajar más profundamente en nosotros.

Mientras Nanci y yo caminamos juntos por este camino, hemos decidido adorar a nuestro Dios soberano, quien lleva las cicatrices de su amor por nosotros. Leemos su Palabra y discutimos grandes libros que hablan de sus atributos. Sentimos su presencia y lo vemos aumentar nuestra dependencia de Él. Nos sentimos profundamente conmovidos cuando nuestra familia y amigos se unen a nuestro alrededor. Ha sido mi privilegio servir a Nanci más que nunca, especialmente después de todas las formas en que ella me ha servido a mí a lo largo de los años.

Dios amablemente saca todo este bien, pero ¿de dónde? De lo que ninguno de nosotros quería que sucediera.

Nuestro Padre a veces responde nuestras oraciones para aliviar nuestro sufrimiento, y cada vez que lo hace, le agradecemos de todo corazón. Pero cuando responde que no, debemos honrar su deseo de trabajar más profundamente en nosotros.

Si alguien nos pregunta: “¿Quieres estar más cerca de Jesús y ser más como Él?”, todos sabemos lo que diríamos. Sin embargo, si Dios respondiera todas nuestras oraciones aliviando el sufrimiento, nos quitaría de lo que decimos que queremos. La semejanza a Cristo es algo qué desear, no algo para que nos quiten. No es fácil orar: “Por favor, haz lo que sea necesario para hacerme más como Jesús”. Pero cuando hace lo que sea necesario, debemos confiar en Él.

Acepta lo que traen las pruebas

Ya que el sufrimiento construye el carácter, no es de extrañar que la Biblia nos diga: “Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia” (Stg. 1:2-3). ¿Cómo podemos aceptar las dificultades en lugar de resentirlas? Confiando en Dios cuando nos dice que las pruebas nos acercan más a Él, nos maduran, expanden nuestro ministerio, y nos preparan para el gozo eterno.

Dios no nos ordena estar felices cuando hemos sido traicionados, diagnosticados con cáncer, o cuando hemos perdido a un ser querido. Más bien, nuestra alegría se produce en la expectativa de los subproductos de la adversidad, incluyendo el desarrollo de un carácter piadoso, una mayor dependencia en Jesús, e innumerables razones ocultas para nosotros por ahora (pero muy claras en la mente de nuestro Padre).

Pablo dijo: “No solo eso, sino que nos regocijamos en nuestros sufrimientos, sabiendo que el sufrimiento produce paciencia” (Ro. 5:3). Pablo y Santiago afirman que debemos regocijarnos en el sufrimiento por el fruto que finalmente produce. Cuando vemos con una perspectiva eterna, podemos decir: “Esta prueba es difícil, pero Dios es soberano, amoroso, y amable. A través de su gracia y empoderamiento, me volveré más como Jesús y me acercaré a Él. Y estaré eternamente agradecido por lo que Dios hizo a través de estos tiempos difíciles”.

Entra en la alegría de tu Señor

Algún día veremos con certeza que la Palabra de Dios estaba en lo correcto todo el tiempo, que “los sufrimientos de este tiempo presente no pueden compararse con la gloria que se nos revelará”, y que “para los que aman Dios, todas las cosas trabajan juntas para bien” (Ro. 8:18, 28).

Algún día apreciaremos el valor de cada minuto de cada prueba. Pero no esperemos hasta que muramos para creer lo que Dios dice acerca de nuestro sufrimiento presente. Por la fe, para su gloria y nuestro bien, carguemos las promesas de Dios en nuestros corazones y mentes hoy, y comencemos a entrar en la felicidad de nuestro Maestro.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Imagen: Lightstock.
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