¡Únete a nosotros en la misión de servir a la Iglesia hispana! Haz una donación hoy.

×

De todos los versículos de la Biblia hebrea, el Salmo 110:1 es el que se cita con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento. Pero eso no es todo. El versículo 4 del mismo salmo tiene casi un capítulo completo de comentarios (He 7:11-28). Claramente, los apóstoles y profetas vieron que este salmo mesiánico era muy significativo para su comprensión de Jesús.

Haríamos bien en considerar cómo este salmo presenta al Mesías a quien adoramos.

El Mesías como el Señor y Rey de David (Sal 110:1-3)

Como muchos otros salmos, el Salmo 110 dice ser “Salmo de David”. Pero quizás en ninguna otra parte sea más significativa la autoría de David que aquí. Es significativo porque David era el rey y “señor” humano de Israel, sujeto a Yahweh, por supuesto. Y sin embargo, aquí en el versículo 1, David se refiere a alguien más como su “Señor”, alguien distinto de Yahweh:

“Dice el SEÑOR [Yahweh en hebreo] a mi Señor [Adonai en hebreo]:
‘Siéntate a Mi diestra,
Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies’”, Salmo 110:1.

David, hablando en el Espíritu Santo (Mt 22:43), está escuchando una conversación. Una conversación entre dos personas. Al SEÑOR lo conocemos. Pero, ¿quién es este otro Señor a quien Yahweh invita a sentarse a su diestra? ¿Uno a quien incluso David se refiere como “mi Adonai”?

Los apóstoles y profetas vieron que este salmo mesiánico era muy significativo para su comprensión de Jesús

 Este es un pasaje que Jesús usó para desconcertar a los escribas y fariseos (Mt 22:41-46). Sabían que el Mesías sería el hijo de David. Pero luego Jesús les lanza el Salmo 110:1, preguntando: “Si David lo llama ‘Señor’, ¿cómo es Él su hijo?” (Mt 22:45). Ahora sabemos la respuesta. Cristo es tanto “la raíz y la descendencia de David” (Ap 22:16), “descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con un acto de poder… por la resurrección de entre los muertos” (Ro 1:3-4).

Pero no terminó con la resurrección. El Nuevo Testamento enseña que esta invitación a “sentarse a la diestra de Yahweh” se cumplió cuando Jesús ascendió al cielo y se sentó (1 P 3:22; He 1:3; 10:12; 12:2). Como Pedro argumentó en el día de Pentecostés:

“Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice:
‘Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a Mi diestra,
Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies’”, Hechos 2:34-35.

De lo que concluye: “Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo” (Hch 2:36).

Así es Jesús según el Salmo 110. El Señor y Rey que ascendió, sentado en el trono de David (Lc 1:32; Hch 2:30), gobernando en medio de sus enemigos (Sal 110:2) hasta que hayan sido puestos por estrado de sus pies (cf. 1 Co 15:25).

El Mesías como el Sumo Sacerdote Eterno (Sal 110:4)

Pero el Salmo 110 no solo representa al Mesías como el Señor y Rey de David. También lo presenta como nuestro sumo sacerdote eterno. Vemos esto en el versículo 4, donde David dice:

“El Señor ha jurado y no se retractará:
‘Tú eres sacerdote para siempre
Según el orden de Melquisedec’”.

El sacerdocio de Israel comenzó con Aarón y se transmitió a través de sus descendientes (de la tribu de Leví). Cuando surgió la monarquía unos siglos más tarde, la monarquía y el sacerdocio se mantuvieron separados. Nadie puede ser rey y sacerdote. Cuando el rey Uzías trató de usurpar los poderes sacerdotales, Dios lo hirió con lepra (2 Cr 26:16-21).

Pero ahora David habla de alguien que es tanto rey como sacerdote. Y como precedente, se remonta a alguien que es anterior al sacerdocio levítico: la misteriosa figura de Melquisedec, que aparece y desaparece abruptamente en Génesis 14 y se describe como “rey de Salem” y “sacerdote del Dios Altísimo” (v. 18).

Una gran parte de Hebreos 7 está dedicada a meditar sobre las implicaciones del Salmo 110:4. Se señalan tres puntos importantes:

Primero, el momento. El hecho de que este salmo, escrito siglos después del advenimiento del sacerdocio levítico, hable de otro sacerdote que surge de este orden prelevítico, sugiere que la perfección no era alcanzable por medio del sacerdocio levítico (He 7:11). De lo contrario, ¿por qué cambiar la ley poniendo a un sacerdote de una tribu diferente (He 7:12-14)? El orden de Melquisedec, por lo tanto, no encaja con el orden levítico posterior, por lo que si regresa, Leví tiene que irse.

En segundo lugar, la frase “ha jurado”. “El Señor ha jurado y no se retractará: ‘Tú eres sacerdote…’” (Sal 110:4). El hecho de que Jesús fuera hecho sacerdote con juramento lo coloca un escalón por encima de los sacerdotes levitas, quienes fueron hechos sacerdotes sin juramento (He 7:20-22). Unos párrafos antes, el autor de Hebreos había señalado que “Dios, deseando mostrar más plenamente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de Su propósito interpuso un juramento” (He 6:17). Lo mismo ocurre con el sacerdocio de Jesús. El hecho de que fuera nombrado sacerdote con juramento lo convierte en “fiador de un mejor pacto” (He 7:22).

Finalmente, la frase “para siempre”. “Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec” (Sal 110:4). Una vez más, esto contrasta con el sacerdocio levítico. El sacerdocio del antiguo pacto no solo era temporal en su conjunto, sino que también lo era cada sacerdote. La razón por la que eran “más numerosos” fue porque “la muerte les impedía” continuar en el cargo (He 7:23). Pero ahora “a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote, que ha llegado a serlo, no sobre la base de una ley de requisitos físicos, sino según el poder de una vida indestructible” (He 7:15-16).

Esta “vida indestructible” es una referencia a la vida de Jesús posterior a la resurrección, y es un recordatorio de que Hebreos ve el sacerdocio de Jesús como algo para lo que se preparó en la tierra pero ejerce en el cielo, donde “vive perpetuamente para interceder por [nosotros]” (He 7:25; véase 5:7-10). Esto encaja con lo que vemos en el Salmo 110, que comienza cuando se invita al rey-sacerdote a sentarse a la diestra del Señor en el cielo.

Un Salmo mesiánico repleto de alimento sólido

Pocos salmos son tan influyentes para los escritores del Nuevo Testamento; ninguno se cita con tanta frecuencia. Solo considera que cada vez que lees que Jesús está “a la diestra de Dios”, estás escuchando un eco del Salmo 110:1 (Mt 26:64; Mr 14:62; Lc 22:69; Hch 5:31; 7:55-56; Ro 8:34; Ef 1:20; Col 3:1).

Lo mucho que este salmo significa para ti puede ser un indicador de tu madurez

Solo considera cuánto de la extensa enseñanza de Hebreos sobre el sacerdocio celestial de Jesús se deriva del Salmo 110:4 que relaciona a Jesús con Melquisedec, el único pasaje del Antiguo Testamento que lo hace. De hecho, parece que el Salmo 110:4 es el “alimento sólido” al que se refiere el autor en Hebreos 5:13-14, que comienza a exponer (He 5:9-10), hace una pausa para reprenderlos (He. 5:11-14), y luego retoma en Hebreos 6:20. En resumen, lo mucho que este salmo significa para ti puede ser un indicador de tu madurez.

No permitamos que tal banquete se desperdicie. Más bien, probemos y veamos que el Señor es bueno.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
Recibe cada día los artículos, podcasts, y vídeos más recientes.
CARGAR MÁS
Cargando