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Cuando evangelices a los mormones, empieza con la perfección de Cristo

«¡Nosotros también somos cristianos!». Es una frase que tal vez hayas escuchado una y otra vez al compartir el evangelio con un amigo mormón. Razonar con un mormón sobre su fe puede ser increíblemente difícil. ¿Cómo deberías abordarlo?

Te recomendaría que no comiences diciéndole a tu amigo: «Tu Jesús no es el Jesús de la Biblia». Como exmormón, te puedo decir que escuchar esa frase de los evangelistas cristianos en la calle me hacía mucho más daño de lo que me ayudaba. Todas las veces, mis mecanismos de defensa se activaban de inmediato y dejaba de escuchar lo que el evangelista tenía que decir. En cambio, te animaría a comenzar con un punto de acuerdo: la perfección de Cristo.

El Jesús disminuido de los mormones

Los mormones se consideran inequívocamente cristianos, pero tienen muchas creencias erróneas sobre Jesús. Ellos creen que Jesús era el Hijo de Dios, pero no creen en la Trinidad. En cambio, creen que Jesús era un ser creado, una persona separada del Padre y del Espíritu Santo; esta creencia disminuye la deidad de Cristo.

Los mormones también creen que la salvación viene a través de Cristo, pero que, para que alguien tenga una eternidad más cómoda, la obra salvadora de Cristo debe ir acompañada de sus buenas obras.

A pesar de estas creencias erróneas acerca de Jesús, los mormones creen que Cristo es perfecto. Cuando recuerdo mi conversión al cristianismo, veo que esta sencilla convicción fue un camino confiable que me llevó del Jesús del mormonismo al Jesús de la Biblia.

La razón desde la perfección de Cristo

La Palabra de Dios nos muestra que Cristo estuvo libre de pecado en todos los sentidos. Pablo les dice a los creyentes de Corinto que Jesús no conoció pecado (2 Co 5:21), y el autor de Hebreos revela cómo el Mesías era santo e inocente, distinto de los pecadores (He 7:26-27). Las escrituras mormonas también afirman esta verdad, al decir que Jesús nunca cedió a la tentación (Doctrina y convenios 20:22). Desde mis primeros días en la escuela primaria mormona, me enseñaron que Jesús era el único ser humano perfecto que jamás haya existido. Ni siquiera Joseph Smith tenía esa distinción.

Cualquier argumento que plantee tu amigo mormón en contra de la fe cristiana, basa continuamente tu razonamiento en la persona y la perfección de Cristo

Debido a que la perfección de Cristo es fundamental para ambas creencias, un evangelista que comience con esta doctrina encuentra un punto en común con un mormón. Si estás hablando con un mormón, pregúntale qué cree acerca de la perfección de Jesús. Deja que exprese su punto de vista hasta que escuches surgir sus diferencias con el cristianismo. Cuando llegue ese momento, haz preguntas sencillas que revelen cómo otras creencias mormonas son inconsistentes con esta convicción.

Por ejemplo, un amigo mormón podría decir: «Dios restauró el evangelio a través de Joseph Smith porque hubo una gran apostasía después de que murieron los apóstoles de Jesús». Puedes preguntarle cómo se cuadra esta creencia sobre la apostasía cristiana con la suposición de los mormones de que Jesús es perfecto. Podrías preguntarle cómo entiende tu amigo las palabras del Jesús perfecto en Mateo 24:35: «El cielo y la tierra pasarán, pero Mis palabras no pasarán». Si el Jesús perfecto estableció Su evangelio para siempre, ¿por qué tendría que ser restaurado más adelante?

Si tu amigo mormón dice: «Dios necesita nuevos profetas para traer nuevas revelaciones», puedes recurrir a Hebreos 1:1-2: «Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo». Ante cualquier argumento que plantee tu amigo mormón en contra de la fe cristiana, basa continuamente tu razonamiento en la persona y la perfección de Cristo.

La razón de la suficiencia de Cristo

Cuando Pablo aborda la falsa enseñanza sobre Jesús en Colosas, él no desglosa los detalles específicos de sus falsas doctrinas. Es lo suficientemente general como para que a los eruditos les resulte difícil reconstruir hoy el problema de Colosas. En lugar de eso, Pablo pinta un cuadro de la plenitud de Cristo, mostrando cómo el cristiano está completo a través de la obra suficiente de Cristo (Col 2:10).

El autor de Hebreos desarrolla un argumento similar, al mostrar que, mediante Su ofrenda única y suficiente, Cristo «ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados» (He 10:14).

Tal como lo ilustran estos pasajes del Nuevo Testamento, debes conducir a tus amigos mormones de la perfección de Cristo a Su suficiencia. Cuando les expliques en qué consiste la suficiencia de Cristo, esto pondrá en tela de juicio toda su concepción de la religión, lo que te abrirá la puerta para hacer preguntas que desafíen específicamente las doctrinas esenciales de su fe mormona.

Desafía la concepción mormona del sacerdocio

Por ejemplo, los mormones se basan firmemente en la doctrina de su sacerdocio, pero su entendimiento del sacerdocio es fundamentalmente diferente al de un cristiano.

Los mormones creen que existen diferentes niveles de sacerdocio y que, en cada nivel, Dios otorga poder espiritual a los hombres dignos cuando alcanzan la mayoría de edad en la iglesia. Los mormones creen que todo el sacerdocio se perdió después de la muerte de los apóstoles de Cristo, hasta que Juan el Bautista, Pedro, Jacobo y Juan se le aparecieron a Joseph Smith y le entregaron las llaves de la autoridad sacerdotal. Esto, según ellos, es lo que le dio a Joseph Smith la facultad de restaurar la verdadera iglesia.

Basándote en pasajes como Mateo 16:18-19, puedes fundamentar tus preguntas y argumentos en la suficiencia de Cristo y confrontar la forma en que un amigo mormón entiende el sacerdocio. En este pasaje, nuestro suficiente Jesús le entregó Su autoridad a Pedro con estas palabras: «Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». En griego, el nombre de Pedro es petros, que significa «roca» o «piedra».

Más adelante, Pedro extiende este título a todos los creyentes, refiriéndose a los seguidores de Cristo como «piedras vivas, [que son] edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo» (1 P 2:5).

Después de leer estos pasajes, tal vez le preguntes a tu amigo cómo es posible que, si el Salvador suficiente estableció Su sacerdocio mediante Su autoridad eterna, haya podido ocurrir una gran apostasía. ¿Cómo puede perderse el sacerdocio si el mismo Cristo dice que la Iglesia permanecerá y que ni siquiera el infierno prevalecerá contra ella?

Desafía la concepción mormona de la obra del templo

La obra del templo es otra práctica necesaria para la fe mormona, pero entra en conflicto con la doctrina de la suficiencia de Cristo. En sus templos, los mormones realizan ordenanzas sagradas para poder obtener mayor consuelo en la eternidad. Muchos mormones no pueden imaginar la eternidad sin sus familias, por lo que se aferran a la obra que realizan en sus templos para asegurar la exaltación de sus familias terrenales en el cielo.

Sé un evangelista que aleje la atención del ‘yo’ y la dirija hacia el Rey, quien es suficiente

Pero esto choca con la verdad del Salvador suficiente, quien nos dice que la plenitud de nuestro gozo se fundamenta en Él (Jn 17:13), no en nuestras obras. Jesús nos dice que nuestra verdadera familia, la iglesia, se establece por la fe en Él (y en Su obra), no en lo que hagamos o hayamos hecho (Mr 3:31-35; Ro 8:15; Gá 3:26-29).

Apunta a tus amigos mormones estos pasajes de las Escrituras y ayúdalos a ver que la doctrina mormona se centra inevitablemente en uno mismo, mientras que la Biblia se centra en el Rey. Sé un evangelista que aleje la atención del «yo» y la dirija hacia el Rey, quien es suficiente. De esta manera, enfrentarás la falsa religión mormona no solo discutiendo cada doctrina, sino desplegando ante tus amigos mormones la realidad de quién es Jesús. Ayúdalos a apoyarse en la lógica bíblica centrada en Cristo y, entonces, por la gracia de Dios, verán la debilidad de su propio sistema religioso.

Por la gracia de Dios

«¿Cómo pueden las personas imperfectas agregar algo a lo que ha hecho un Cristo perfecto?». Preguntas como esa me atormentaban incluso en una época en la que todavía luchaba, tanto intelectual como emocionalmente, por comprender doctrinas ortodoxas como la Trinidad.

Pero cuanto más me enamoraba del Salvador totalmente suficiente —cuanto más lo veía a Él y al poder de Su evangelio— más hermosa se volvía Su verdad.

Cuando conocí al Salvador perfecto, cuya suficiencia desafió todo lo que creía saber sobre la religión, me convenció de dejar atrás lo que antes me parecía convincente y, en cambio, aferrarme únicamente a Cristo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por María del Carmen Atiaga.
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