¿Es pecado la obesidad? | #Coaliciónresponde

¿Es pecado la obesidad?

Si bien la obesidad no es un pecado como tal, esta pudiera reflejar áreas de crecimiento o de pecado en la vida de un creyente.

La respuesta corta es no. Sin embargo, es importante aclarar que, si bien la obesidad no es un pecado como tal, sí pudiera reflejar áreas de crecimiento o de pecado en la vida de un creyente. De la misma forma, una persona muy enfocada en verse delgada podría estar reflejando un ídolo de vanidad física.

En el tiempo en que vivimos, en especial en la cultura de occidente, la obesidad es cada vez más aceptada. Médicamente, una persona obesa es aquella que tiene un Índice de Masa Corporal mayor de 30; una persona con un índice mayor de 25 es considerada con sobrepeso. En los Estados Unidos más del 68% de la población está en sobrepeso y más del 35% es obesa.

Uno de los principales problemas es la negación. Muchas veces una persona obesa piensa “debería bajar unos kilitos”, cuando en realidad tendría que perder una gran cantidad de peso. Como la obesidad es una epidemia, mucha gente ve un peso saludable como “demasiado delgado”. Algunos dicen que no quieren perder peso por no verse demasiado flacos, en lugar de buscar asesoría médica para determinar cuál es un peso saludable.

Realidades biológicas, determinadas médicamente

En este tema es de suma importancia tener dirección médica profesional. Hay personas que pueden tener dificultades biológicas para perder peso, quizá problemas hormonales o metabólicos. Sin embargo, debe ser un profesional de la salud el que determine eso, y no ponerlo como una excusa sin la información correcta. Aunque existen causas biológicas para padecer obesidad, la realidad es que la obesidad puede estar mostrando tendencias pecaminosas en nuestras vidas.

La meta: mayordomía

El principio bíblico es que debemos ser buenos mayordomos de todo lo que Dios nos ha entregado. El Señor nos ha dado un cuerpo, y es de suma importancia que lo cuidemos. Hay personas que sufren de padecimientos médicos que serían resueltos o mejorados si pudieran controlar su peso. Condiciones como la presión alta, la diabetes tipo 2, la hipertensión, los dolores de rodillas y espalda, fatiga, impotencia, e incluso la depresión. Es importante que no caigamos en el error de no cuidar aquello que Dios nos ha dado para ayudarnos a ser efectivos en el reino.

El medio: dominio propio

No hay una varita mágica para poder ser buenos mayordomos en esta área. La única forma bíblica es por medio del dominio propio. Si bien es cierto que podríamos pagar por una cirugía plástica, esto no resolvería el problema del corazón y no nos ayudaría a depender en el poder transformador del evangelio. Entiendo que para muchos puede parecer imposible poder perder peso; pero para eso es el evangelio, para darnos fuerza en nuestra debilidad.

La gula es pecado

El comer de más y el consumo de alimentos no saludables son prácticas normales en la cultura que vivimos. Pareciera que el pecado de la gula ya no es algo que nos importe mucho. Es un pecado que muchos ignoran, pero la Biblia habla varias veces de la gula en conjunto con la embriaguez (p.ej. Prov. 28:7, Dt 21:20). Cuando comemos de más, en muchas ocasiones es porque estamos buscando satisfacción en un lugar que no es Dios. Pensamos que el alcohol o la comida nos pueden satisfacer y por un momento hacer olvidar las preocupaciones, en lugar de confiar en Dios.

La dieta de Cristo

Si nuestro problema es de falta de dominio propio, la solución es saciarnos de Cristo. Nuestro problema es que buscamos satisfacernos en comer de más, ya que es una experiencia sensorial que trae placer. Luego nos sentimos culpables y buscamos una dieta mágica, un producto que nos haga perder peso sin mucho esfuerzo. Los creyentes debemos buscar nuestra satisfacción en Cristo, Él es el pan que solo nos sacia.

Otro aspecto que muchas veces está relacionado con el dominio propio es el uso del tiempo. La comunidad médica recomienda un mínimo de 30 minutos de actividad física 3 veces a la semana. Muchas veces no nos ejercitamos porque no somos buenos mayordomos de nuestro tiempo, ya sea por tener más responsabilidades de las que deberíamos, o por no utilizar el tiempo sabiamente.

Para mí es un poco difícil escribir sobre este tema. La realidad es que yo fui esa persona que no tenía dominio propio. Luego de casarme, mi peso llegó cerca de los 117 kilogramos. Como soy alto, no parecía que tuviera tanto sobrepeso. Sin embargo, médicamente era obeso. Por la gracia de Dios pude comenzar a ejercitarme y controlar mi alimentación. Fue un proceso donde tuve que depender de Dios, confesar pecado, arrepentirme, y depender del evangelio.

Ahora tengo un peso saludable, entreno para maratones, y trato de comer saludablemente. Mi tentación es pensar, “si yo baje de peso cualquiera puede”. Sin embargo, me estaría olvidando de que Dios me dio gracia en esa área. Todavía tengo que depender diariamente de Él para evitar comer de más; para saciarme en Jesús, y no en lo que como. Mi oración es que Dios te dé gracia a ti también, y puedas glorificarle como buen mayordomo con un cuerpo sano.


#Coaliciónresponde es una serie donde pastores y líderes de la iglesia responden a inquietudes que llegan a Coalición por el Evangelio por diversos medios, y que son parte de las inquietudes que caracterizan la iglesia en nuestra región. 
Imagen: Lightstock
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