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Para muchas personas el debate de la edad de la tierra parece ser un debate entre lo que dice la ciencia y lo que dice la Biblia. Si la Biblia dice que la tierra es joven y la ciencia dice que es vieja, ¿quién tiene la razón?

Si siendo cristiano no creo que la tierra es joven, ¿significa eso que yo no me someto a la autoridad de la Biblia? Tristemente, muchos han sido señalados como insumisos a la Biblia o cristianos liberales por cuestionar la ciencia de Génesis 1. Por otra parte, si creo que la tierra es joven, ¿significa eso que soy un tonto involucrado en una secta que quiere mantener sus ojos tapados a la verdad confirmada por la ciencia?

Cuando entramos en debates tan polarizados deberíamos detenernos y hacer algunas preguntas más profundas. Muchas de las discusiones que se han dado con respecto a estos temas no han tenido el tono de humildad que merecen. Simple y sencillamente, aunque podemos llegar a saber mucho tanto de la Biblia como de la ciencia, el origen del universo sigue siendo en gran parte un misterio.

Entonces, para creer en Génesis 1, ¿tenemos que creer que la tierra es joven? Debo responder que, sencillamente, no es así.

El centro del debate

El verdadero centro del debate no es tanto la edad de la tierra, sino la interpretación de los días de Génesis 1. Los que abogan por una tierra joven lo hacen precisamente porque han interpretado los días de Génesis 1 como días literales de 24 horas y consecutivos. La lógica de esta posición en cuanto a la edad de la tierra es que la creación del universo (día 1) sucedió 5 días antes de la creación del hombre (día 6).

Esta es la única interpretación que te obliga a concluir que la tierra es joven. Por lo tanto, el debate no es tanto si Génesis 1 dice que la tierra es joven o no. Génesis 1 no menciona la edad de la tierra. La edad de la tierra es una inferencia en base a la interpretación de los días de Génesis 1.

Otras interpretaciones no demandan una edad de la tierra determinada. Por ejemplo, la interpretación que se ha llamado día-era promueve que los días no son periodos de 24 horas, sino periodos indefinidos de tiempo. Esta interpretación trae a mente pasajes como Salmo 90:4 que nos dice:

“Porque mil años ante Tus ojos
son como el día de ayer que ya pasó,
y como una vigilia de la noche”.

Con base en esta interpretación, la tierra podría ser vieja y todavía se haría una exégesis fiel de Génesis 1.

El creacionismo progresivo, otra interpretación explicada por John Lennox en su famoso libro El principio según Génesis y la ciencia, asume que sí fueron días literales de 24 horas, solo que hay amplios espacios de tiempo entre los días. En ese sentido, los días de Génesis 1 sí son secuenciales pero no consecutivos.

Lennox dice: “El resultado del potencial de cada decreto creativo podría ocupar un periodo de tiempo no especificado después del día particular de creación”.¹ O sea que Dios obra en 24 horas, pero esto es seguido por un tiempo indefinido donde hay consecuencias y efectos sobre la obra creativa de Dios.

No les explico estas otras interpretaciones para convencerlos de no creer en seis días literales de 24 horas. Y estas no son las únicas dos posiciones sostenidas por los cristianos a lo largo de la historia de la Iglesia. Mi objetivo es demostrar que hay otras opciones para hacer una exégesis fiel de Génesis 1. Por lo tanto, demandar que otros crean en una tierra joven con base en una interpretación, siendo esta una entre otras interpretaciones válidas creídas por otros cristianos fieles, pienso que sería un paso serio hacia un legalismo doctrinal.

El propósito del libro de Génesis

Esta discusión nos hace reflexionar sobre un asunto que es aún más importante cuando tratamos los primeros capítulos de Génesis. Parte de la razón por la que estas preguntas nos frustran no es porque existe tanto desacuerdo, sino porque pareciera que Moisés no tenía mucho interés en contestar nuestras preguntas.

Cuando abordemos el libro de Génesis, debemos tener mucho cuidado de no imponer preguntas que Moisés nunca se dispuso a contestar. El contexto de Génesis encuentra al pueblo de Israel en medio de un mundo pagano, lleno de dioses falsos de otras naciones. Estas otras naciones paganas también tenían relatos de creación. Moisés, bajo la inspiración del Espíritu Santo, muestra claramente cómo el Dios de Israel es distinto a su creación, y se encuentra por encima de todo, ejerciendo su soberanía sobre todo; Él es el único Dios todopoderoso.

En ese sentido, la función principal de los primeros capítulos de Génesis (y de todo el libro) es teológica y no científica. Esto no quiere decir que no contesta preguntas científicas, sino que su intención principal es demostrar la grandeza de Dios, su creatividad, y su poder.

K. A.Mathews comenta: “Hermenéuticamente, es imperativo que nosotros entendamos a Génesis y la narrativa del origen en el contexto de su propio mundo, porque es contra ese trasfondo de un ambiente antiguo que su mensaje poderoso y distintivo se puede escuchar más claramente”.²

En pocas palabras, tenemos que permitir que la intención del autor y su contexto nos ayuden a formular las preguntas que hacemos, y no imponer al texto las interrogantes que nosotros queremos que responda.

Conclusión

Seguro que hay inferencias que podríamos hacer acerca de la edad de la tierra, pero no podemos explícitamente abogar que Génesis 1 nos enseña que la tierra es joven o vieja. Simplemente esta no era la prioridad de Moisés al escribir Génesis bajo la inspiración del Espíritu Santo.  

Como escribe Wayne Grudem:

“… debemos decir muy claramente que la edad de la tierra es un asunto que la Biblia no enseña directamente, sino que es algo en lo cual pensamos solamente derivando de la Biblia inferencias de mayor o menor probabilidad. Dada esta situación, parecería mejor (1) reconocer que Dios tal vez no nos permita hallar una solución clara a esta cuestión antes de que Cristo vuelva, y (2) animar a los científicos y teólogos evangélicos que se hallan en ambos campos de la tierra joven o tierra vieja a que empiecen a trabajar juntos con mucho menos arrogancia, mucha más humildad y un sentido mucho mayor de cooperación en un propósito común”.³


[1] John Lennox. Seven Days That Divide the World: The Beginning According to Genesis and Science (Zondervan), p. 55.

[2] K. A. Mathews, Genesis 1-11:26, vol. 1A, The New American Commentary (Nashville: Broadman & Holman Publishers, 1996), 101–102.

[3] Grudem, Wayne. Teología Sistemática de Grudem: Introducción a la doctrina bíblica (Vida), Kindle Locations 8498-8503.


Imagen: Unsplash
Nota del editor: 

Este artículo fue publicado gracias al apoyo de una beca de la Fundación John Templeton. Las opiniones expresadas en esta publicación son de los autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de la Fundación John Templeton.

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