Cuando Dios cambia tus planes

Cuando Dios cambia tus planes

Cada detalle de tu vida necesita ser alineado a los pensamientos y afectos del Dios del universo, que no cambia.

Frecuentemente, Dios cambia los planes. No los suyos, sino los nuestros. “Por el Señor son ordenados los pasos del hombre, y el Señor se deleita en su camino” (Sal. 37:23).

Si me hubieras dicho hace un año que Dios me llamaría a salir de lo que se había convertido en mi hogar en Taiwán, el cual en obediencia representó el reto de aprender uno de los idiomas más difíciles del planeta, implicó salir de mi tierra y mi parentela, aprender a amar y vivir en una cultura muy distinta a la mía, enfrentar los retos, peligros, e incertidumbres que la vida misionera en pueblos no alcanzados requiere, habría pensado que estabas completamente errado. Pero Dios me sorprendió y ejecutó su plan; muy diferente al mío.

Dios es un Dios de diseño. Nada en el universo, en este mundo, y en nuestras pequeñas vidas ha sido dejado al azar. Dios lo ha diseñado. Dios es un buen arquitecto, Él diseña antes de construir. Para el creyente es vital conocer y creer en quién es Dios, según los atributos inmutables —es decir, que no cambian— revelados en su Palabra.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas”, Efesios 2:10 (énfasis añadido).

En nuestra generación, tanto dentro como fuera de la iglesia, hemos creído la misma mentira destructiva del principio: yo soy dueño de mi propio destino. En términos bíblicos esto es pecado de idolatría; algo que idolatramos, nos esclaviza, y nos hace tomar decisiones necias al perseguir cosas que sabemos que nos van a destruir y que no vienen de Dios. Somos sabios en nuestra propia opinión, siguiendo el consejo de nuestra propia mente caída, lo cual es irracional. Si sabemos que nuestros corazones y mentes son engañosos, ¿entonces por qué empecinarnos en seguir nuestro propio consejo por encima del de la Palabra, y por encima de personas sabias y piadosas en nuestra vida? (Pr. 3:3-5).

Cuando Dios cambia e impide nuestros planes, siempre es para su gloria y nuestro bien.

Guía en nuestras decisiones

El pecado no solo se comete por comisión, sino también por omisión. Me refiero a cosas que Dios demanda de nosotros y no hacemos o dilatamos en hacer. Esto, ante los ojos divinos, es desobediencia y rebelión.

“Yo te haré saber y te enseñaré el camino en que debes andar; te aconsejaré con mis ojos puestos en ti. No seas como el caballo o como el mulo, que no tienen entendimiento; cuyos arreos incluyen brida y freno para sujetarlos, Porque si no, no se acercan a ti”, Salmos 32:8-9.

Notemos que en este pasaje hay tres elementos: una promesa, una advertencia o mandato, y una explicación de propósito.

1. Una promesa. Inicia con la promesa de que Dios guiará y dará dirección.

2. Una advertencia. Luego sigue la advertencia contra una de las expresiones externas más evidentes de orgullo (a la cual no soy muy ajena): la terquedad. La terquedad es una “cualidad o actitud de la persona que se mantiene en sus ideas, opiniones o deseos aun en contra de razones convincentes. Obstinación”.[1]

El carácter infalible, inmutable, soberano, y omnisciente de Dios, revelado y probado a través de su Palabra, es razón más que suficiente para que nuestra posición u opiniones caigan rendidas ante la suya. Dios es Dios. Nosotros no lo somos.

Elizabeth Elliot, una de las mujeres y misionera más influyentes de tiempos recientes, decía: ”Si oramos como Cristo nos enseñó en el Padre Nuestro —hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo— es muy posible que para hacerse su voluntad, la nuestra será desecha cada cierto tiempo. De forma que yo haga lo que Él quiere y no lo que yo quiero”.[2]

3. Una explicación de propósito. El versículo 9 concluye: “porque si no, no se acercan a ti”. En la ilustración del caballo y el mulo, el salmista explica que estos animales son domados para que se acerquen a su dueño. De igual forma, nuestra voluntad se doblega para acercarnos a nuestro Padre.

La inmutabilidad de Dios es uno de sus atributos que nuestra generación cambiante menos aprecia pero más necesita. Las constantes son necesarias en las leyes físicas y matemáticas: sin ellas se hace imposible resolver las variables en los problemas matemáticos. De igual forma Dios es inmutable; es decir, no cambia.

Por esto, cuando nuestros planes cambian, solo se ve así desde nuestra perspectiva. No es Dios quien ha cambiado el plan. Es nuestro plan que finalmente se alinea con lo que Dios ya sabía y había preparado. Cada detalle de la vida de este lado de la eternidad, en tu país, en tu familia, en tu vida, en tu mundo interno de pensamientos, corazón, y afectos, cambia porque necesita ser alineado a los pensamientos y afectos del Dios del universo, que no cambia.

En mi vida, incluso hoy me encuentro en transición. Todavía hay aspectos ministeriales que no están claros en esta nueva etapa. La gran comisión, sin embargo, permanece igual. En lo que aparentan ser interrupciones, no ha cambiado la gran comisión de ir y hacer discípulos mientras vamos por el camino que Dios traza.

Nuestro papel en los planes de Dios

Si bien Dios es soberano y no cambia, necesitamos recordar que es bueno planificar. Esto es claro en la Palabra. Sin embargo, nuestros planes humanos no son infalibles. Nuestros planes necesitan someterse a Dios a cada paso. Nuestros oídos deben permanecer atentos a la voz del Pastor. Dios nunca prometió darnos el retrato completo del camino. Es allí, en la incertidumbre del camino, donde nuestra confianza, sometimiento, y dependencia en Dios se desarrolla.

Nuestro rol no es tomar una decisión y buscar que Dios la apoye. En ocasiones esto será así. Sin embargo, especialmente en decisiones trascendentales de la vida, necesitamos ser cuidadosos de que nuestros planes no sean tan rígidos. Porque al final, la santificación es lo más importante. El destino final está asegurado en las manos de Dios.

 

Es allí, en la incertidumbre del camino, donde nuestra confianza, sometimiento, y dependencia en Dios se desarrolla.

Cuando Dios cambia e impide nuestros planes, siempre es para su gloria y nuestro bien (Ro. 8:28). Necesitamos permanecer en una actitud sumisa y de discernimiento. Busquemos la guía de Dios a través de la Palabra y la voz sabia de personas piadosas a nuestro alrededor. Al observar las circunstancias que Él orquesta, encontraremos la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Necesitamos poner los ojos en Jesús; no solo en las cosas que hace sino en cómo las hace. Cuando Dios cambia nuestros planes, no solo busca cambiar el destino o resultado. En última instancia, Él busca cambiarnos a nosotros, es decir, nuestra voluntad. Dios quiere acercarnos a Él y santificarnos para ser como Cristo.

Oramos a Dios con súplicas y peticiones (Fil. 4:6; 1Ti. 2:1) que ya Él conoce (Sal. 139:4). En el proceso de verbalizarlas, si estamos en la postura correcta: en humildad, honestidad, y dispuestos a confiar en Dios cualquiera sea su respuesta, sabemos que Él nos oye. Nuestro corazón necesita ser alineado a la voluntad de Dios, porque ¿has notado lo incómodo que es caminar por la vida cuando uno está torcido? El camino derecho, aunque estrecho, difícil, y pedregoso, es el camino a seguir.

El pastor John Piper escribió hace más de 20 años: “Tu desvío agonizante y no planificado no es un desperdicio. No lo es si miras al Señor para hacer su trabajo inesperado, y hacer lo que debes hacer en Su nombre (Col. 3:17). El Señor trabaja en favor de aquellos que esperan en Él (Is. 64:4)”. [3]

¿Qué tan dispuesta estás hoy a que Dios cambie tus planes?


[1] Gran Diccionario de la Lengua Española (Larousse Editorial, 2016).

[2] Elizabeth Elliot, The Shepherd’s Leading, consultado el 12 de agosto 2018.

[3] John Piper, Is It a Detour If You Find Gold?, consultado el 25 de mayo 2018.

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