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El matrimonio empezó bien para José y María. Pero en sus años dorados, después de que su “nido” quedó vacío, se distanciaron. Fue una ruptura lenta, pero después de varios años, la división entre ambos parecía enorme e insalvable.

Las opciones para esta pareja de adultos mayores parecían ser el divorcio o buscar consejería.

Daniela se estaba relacionando cada vez más con un amigo de la iglesia. Tenían mucho en común y ambos disfrutaban de servir juntos. Pronto empezaron a salir. Parecía haber mucha conexión entre los dos. Iban a la misma universidad, salían con el mismo grupo de amigos y amaban al mismo Dios. Después de muchas noches de estudio compartidas, su relación se hizo física. 

Las opciones para estos jóvenes parecían ser mantener su relación sexual oculta o buscar consejería.

Benjamín estaba jugando en el teléfono de su madre. De repente se topó con algunas páginas web que le resultaron intrigantes. Todo parecía bastante inocente, hasta unos años más tarde, cuando tuvo su propio teléfono y el acceso a los sitios web pornográficos se convirtió en algo frecuente.

Las opciones para este chico parecían ser continuar en este túnel oscuro o buscar consejería.

En cada momento de la vida, en cualquier edad o nivel de madurez, el cuerpo de Cristo ha sido llamado a ministrar a cada uno de sus miembros

No esperes hasta la crisis

¿Qué hubiera pasado si José y María hubieran tenido otra pareja más sabia que les acompañara en los pequeños conflictos que enfrentaban desde el inicio de su matrimonio? ¿O si una hermana de la iglesia se hubiera involucrado en la vida de Daniela y le hubiera hablado con claridad del camino que ella y su novio estaban empezando a recorrer? ¿O si los padres de Benjamín hubieran aprovechado la oportunidad de instruirlo sobre la pureza moral y el guardarse de la tentación?

No tenemos que esperar que la crisis esté en su punto álgido para buscar consejería. No necesitamos estar en situaciones “extremas” —como el divorcio o el pecado sexual— para ser aconsejados. No hay una etapa o edad particular en la que la consejería sea más necesaria. En cada momento de la vida, en cualquier edad o nivel de madurez, el cuerpo de Cristo es llamado a ministrar a cada uno de sus miembros. Somos llamados a caminar juntos a través de los sufrimientos, tentaciones y desafíos en cada etapa de la vida (Gá 6:2).

Si realmente tomáramos estas ideas en serio, la consejería sería vista de manera muy distinta en las iglesias. Tendríamos la visión del discipulado que encontramos en las Escrituras.

El ejemplo de las Escrituras

Observa el modelo de consejería y discipulado que vemos en la carta de Pablo a Tito, tanto entre mujeres mayores y jóvenes, como entre hombres mayores y jóvenes:

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras ni esclavas de mucho vino. Que enseñen lo bueno, para que puedan instruir a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a que sean prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.

Asimismo, exhorta a los jóvenes a que sean prudentes. Muéstrate en todo como ejemplo de buenas obras, con pureza de doctrina, con dignidad, con palabra sana e irreprochable…” (Tit 2:3-8).

En estos versos vemos una hermosa imagen de Dios trabajando a través de hombres y mujeres mayores y más sabios que se involucran en las vidas de otros miembros de la iglesia. La idea es enseñar habilidades prácticas del día a día: cómo amar a tu cónyuge y a tus hijos, o cómo andar en pureza. Estas cosas de la vida normal son la esencia de las responsabilidades del cuerpo de la iglesia. La verdadera consejería bíblica aborda este tipo de consejo para una vida normal. Como dice Dale Johnson, presidente de la Asociación de Consejeros Bíblicos (ACBC), sobre la consejería bíblica en su podcast:

“La consejería bíblica es el ministerio de discipulado personal del pueblo de Dios a otros bajo la supervisión de la iglesia de Dios, que depende de la autoridad y la suficiencia de la Palabra de Dios a través de la obra del Espíritu Santo”.

¡Qué bendición es ver la obra del Espíritu Santo en las vidas de los que nos rodean! Si los problemas son “referidos” a los de afuera, nos estamos perdiendo una parte enorme de lo que significa ser iglesia. Por supuesto, se necesita la confianza de conocer el modelo bíblico para saber que podemos ayudarnos unos a otros a crecer más como Cristo, sea cual sea la edad y la etapa en la que nos encontremos. Esto se traduciría en una cultura de discipulado y consejería bíblica.

Busca ayuda. Ofrece ayuda.

Tener una cultura de consejería bíblica en nuestras iglesias no erradicará la pecaminosidad de sus miembros. De este lado del cielo siempre habrá conflicto, pecado y orgullo en la iglesia. Todavía habrá aquellos que, debido a sus corazones orgullosos y pecaminosos, no quieran buscar ayuda. Probablemente José, María, Daniela y Benjamín se hubieran beneficiado de una cultura eclesiástica de consejería bíblica para todas las etapas de la vida, pero, a menudo, la gente no pide o admite que necesita ayuda hasta que llega la crisis.

La Biblia es suficiente para llegar a cada necesidad de cada corazón, sea cual sea la edad y la situación en la que se encuentre

Pero un cambio en la cultura de las iglesias ayudaría a quitar el estigma de buscar ayuda. Este cambio en el pensamiento de que solo los profesionales pueden tratar estas cosas, permitiría a la gente reconocer la capacidad del cuerpo de Cristo para servirse los unos a los otros a través del discipulado y las relaciones. Las Escrituras son claras al afirmar que la palabra de Dios es suficiente para hablar en nuestras vidas en todas las áreas de lucha (2 Ti 3:16-17), sin importar la edad o el problema.

Por supuesto, esto no quiere decir que no haya algunos en la iglesia que son bendecidos con una habilidad y compasión por encima de la media en la consejería bíblica (ni tampoco que todos los creyentes tengan suficiente madurez y experiencia para dar consejo en todas las situaciones). El aconsejar con sabiduría es un don asombroso que Dios da para edificar la iglesia (lee Ef. 4). También hay muchos expertos que acompañan a los consejeros de nuestras iglesias con recursos que han surgido directamente de su estudio de las Escrituras. Estos libros, podcasts, seminarios y cursos son herramientas basadas en la Biblia que podemos utilizar con discernimiento mientras caminamos juntos.

El punto principal es este: el cristiano está lleno del Espíritu, tiene el evangelio y la Palabra de Dios, por lo que tiene todas las herramientas necesarias para ministrar a su compañero creyente. La Biblia es suficiente para llegar a cada necesidad de cada corazón, sea cual sea la edad y la situación en la que se encuentre. Trabajemos por la alfabetización bíblica y el discipulado en nuestras iglesias, redimiendo la cultura a una de amor y cuidado para todos, los jóvenes, los ancianos, los casados y los solteros.

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