Este es un fragmento adaptado del libro Las Misiones: Cómo la iglesia local se convierte en la iglesia mundial (Poiema Publicaciones, 2019), por Andy Johnson. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.
La función de la iglesia local no es solo evaluar, sino también capacitar activamente a los misioneros. La iglesia local es la fábrica productora de misioneros fieles. Si nuestras iglesias ejercen correctamente sus responsabilidades básicas, entonces tendremos todo lo que necesitamos para levantar misioneros piadosos.
La membresía coherente
Como pastor de iglesia, hay miembros que a menudo me hablan de su deseo de trabajar en la obra misionera. Suelen ir a mi oficina buscando consejo respecto a su idoneidad para las misiones y también respecto a la preparación y la capacitación que necesitan. Por norma general, esperan que les de una lista de libros acerca de las misiones, de gente con experiencia internacional e información específica de la obra transcultural del evangelio.
La verdad es que mi respuesta les suele decepcionar casi siempre. Inclino mi cuerpo hacia adelante como si fuera a decirles algo extraordinario y digo: “Trata de ser un miembro excelente, fiel y fructífero en esta iglesia local”. Y luego me enderezo para permitirles digerir toda la profundidad de mi sabiduría. Les dejo un minuto para que reflexionen y entonces me explico mejor. Sí, hay algunas áreas que pertenecen únicamente a las misiones y que podemos debatir, pero no muchas.
Si nuestras iglesias ejercen correctamente sus responsabilidades básicas, tendremos todo lo necesario para levantar misioneros piadosos
Lo que les digo es que es más importante que se esfuercen por ser la clase de miembros de la iglesia que abren su hogar y vidas a otras personas. Que busquen conocer a personas que tengan edades diferentes a las suyas, que pertenezcan a otros grupos étnicos y que provengan de diversos estratos sociales. Que no solo hablen del evangelio cuando les pregunten, sino que busquen oportunidades para compartirlo. Que se unan a los clubes del vecindario. Que elaboren planes para conocer a sus vecinos. Que oren regularmente por una lista de personas con quienes esperan compartir el evangelio durante el próximo mes, ¡y que luego lo compartan!
Les digo que sean discipuladores. Que tomen la iniciativa de alcanzar a personas e iniciar relaciones con la intención principal de ayudar a dichas personas a crecer como cristianos. Que busquen oportunidades para enseñar la Biblia de manera individual o en un pequeño estudio bíblico. Que se esfuercen para crecer en conocimiento y destreza en la exposición de la verdad bíblica. Que hagan todo esto para fortalecer los músculos espirituales que Dios bien podría utilizar algún día en otra cultura.
La base principal de la preparación misionera no son los estudios acerca de las misiones, sino la piedad, el conocimiento de la Biblia, el fervor evangelístico, el amor por la iglesia local de Cristo y la pasión por verle glorificado.
Nuestro entendimiento del evangelio y la iglesia es más importante que cualquier estrategia misionera específica que podamos utilizar
La capacitación específica
Y con esto no estoy diciendo que no haya algunas cosas especiales que puedes hacer para ayudar a personas que quieren prepararse para un posible servicio misionero. En mi propia iglesia tenemos un grupo que hemos llamado de forma creativa: “Grupo de lectura misionera”. Leemos un libro cada mes, escribimos una reflexión de una página y luego debatimos durante un par de horas lo que hemos leído.
Sin embargo, cuando se unen miembros al grupo a veces les sorprende nuestra lista de lectura porque no empezamos con libros acerca de las misiones. Empezamos leyendo acerca de la autoridad de la Palabra de Dios y, después, leemos libros acerca del evangelio, del evangelismo y de la iglesia. Debatimos por qué un claro entendimiento de estos temas es vital para la obra misionera fidedigna.
Solo empezamos a leer libros que traten específicamente de la práctica misional alrededor del sexto mes de nuestro curso de diez meses. Queremos dejar claro que nuestro entendimiento del evangelio y la iglesia es más importante que cualquier estrategia misionera específica que podamos utilizar. Ambas cosas son importantes, pero la primera es esencial para un misionero.
El conocer otros países
Además, tienes que buscar maneras de animar a tus miembros a viajar a otros países para participar en el trabajo misionero siempre que sea posible, especialmente si pueden hacerlo con otros líderes de tu congregación. Esto es sabio, aunque no es esencial.
Haber viajado mucho no es un prerrequisito para la obra misionera. El amor por el evangelio, una vida fiel, una iglesia que te apoye y la disposición para ser enviado sí
Conocí a una mujer de unos setenta años que se trasladó de su casa en Texas para ser misionera en la antigua Unión Soviética. Las cosas le fueron bien, a pesar de que no solo era su primer viaje internacional, sino también su primera vez fuera de Texas.
Haber viajado mucho y tener experiencia internacional no son prerrequisitos para la obra misionera. El amor por el evangelio, una vida fiel, una iglesia que te apoye y la disposición para ser enviado sí lo son. Los misioneros no son viajeros del mundo con pasaportes llenos de visados. Los mejores misioneros suelen a ir a un lugar y se quedan allí, algunas veces por el resto de sus vidas.
Pero en nuestro mundo actual es relativamente barato y fácil para las personas visitar un lugar antes de reubicarse allí. Y es de mucho provecho si un líder de la iglesia puede acompañarles porque así podrá hablar con ellos acerca de la experiencia y ver qué tal se adaptan a una cultura diferente. ¿Se refugian en las redes sociales o detrás de la protección que ofrecen los auriculares del teléfono, o se integran con el lugar y las personas? ¿Hacen nuevos amigos y son hospitalarios abriendo sus casas tanto como les es posible?
Teniendo en cuenta la gran inversión que requiere enviar un misionero a otro país, probablemente sea sabio invertir dinero en un viaje exploratorio.




