Tres consejos para luchar a diario contra tu pecado

Tres consejos para luchar a diario contra tu pecado

No podemos luchar contra el pecado sin tener la mirada puesta en Cristo.

“Mata el pecado o el pecado te matará a ti” — John Owen.

Romanos 8 es uno de mis capítulos favoritos en la Biblia. Pablo dice que “ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús”, enseñando que el Espíritu Santo habita en todo cristiano genuino (v. 1-11). Por lo tanto, la nueva vida del creyente no está caracterizada por la carnalidad, sino por las cosas de Dios.

Pero en el versículo 13, encontramos una advertencia de vida o muerte: “Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán”. Tenemos la responsabilidad de hacer morir todos los días el pecado, o como dijo John Owen, “mortificar el pecado”. Así se evidenciará que somos hijos de Dios (v. 14).

De este lado de la eternidad, no dejaremos de pecar completamente. Como hombres imperfectos, siempre vamos a cometer errores. Pero aquí el apóstol Pablo nos explica que, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos vencer el pecado para que no gane ventaja sobre nuestras vidas.

El fracaso de muchos cristianos radica en que no fueron humildes para reconocer sus debilidades, nunca confesaron sus pecados, y nunca fueron confrontados.

¿Cómo podemos luchar contra el pecado? Déjame compartir contigo algunos principios prácticos que nos ayudarán:

1. Reconoce tu condición de pecador.

El fracaso de muchos cristianos radica en que no fueron humildes para reconocer sus debilidades, nunca confesaron sus pecados, y nunca fueron confrontados. “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

Nada debería ser excusa para no confesar tus pecados ante el Señor y tus hermanos. El inicio de una vida cristiana llena de fruto comienza cuando vamos a Cristo en arrepentimiento y fe, dejando que su gracia nos transforme.

Incluso si piensas que no tienes problemas con algún pecado habitual, debes reconocer que somos vulnerables si nos descuidamos. Si no tratamos con los pecados ocultos en nuestras vidas, ponemos en duda nuestra certeza de salvación (1 Jn. 3:8-10).

2. Practica las disciplinas espirituales.

Seguramente ya sabes que necesitas orar, leer la Biblia, congregarte, ayunar, etc. Pero parece que cada día son más los cristianos que no son constantes en las disciplinas espirituales que tanto necesitamos.

Si Jesús usó la Palabra para vencer, ¿cuánto más necesitamos nosotros de ella?

La Biblia nos habla de muchos hombres piadosos que tenían comunión con Dios, pero Jesús es el mejor ejemplo de todos. Los evangelios nos muestra a Jesús en acción, no solo sanando enfermos y liberando a los cautivos, sino practicando los disciplinas espirituales.

Por ejemplo, en Mateo 4:1-11, en el episodio de la tentación en el desierto, vemos cómo el Hijo de Dios derrota al enemigo usando bien la Palabra. Cada vez que el diablo lo atacaba, Jesús respondía con las Escrituras. Él conocía, estudiaba, y memorizaba la Palabra.

Si Jesús usó la Palabra para vencer, ¿cuánto más necesitamos nosotros de ella? Nuestras continuas derrotas contra el pecado se deben a que estamos vacíos de la Escritura. Necesitamos perseverar en el hábito de atesorarla. “¿Cómo puede el joven guardar puro su camino? Guardando Tu palabra… En mi corazón he atesorado Tu palabra, Para no pecar contra Ti” (Salmo 119:9,11).

Si de oración se trata, Jesús también es nuestro ejemplo y maestro por excelencia. En Mateo 6:13 vemos la importancia que Él otorga a la oración como un arma para vencer la tentación y mortificar el pecado.

Sin la oración es imposible vencer en la lucha contra el pecado. “Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos (Ef. 6:18). “Velen y oren para que no entren en tentación” (Mateo 26:41). Como el obispo J.C Ryle ha dicho: “La oración y el pecado no pueden vivir en el mismo corazón: o la oración consumirá el pecado, o el pecado ahogará la oración”.

La oración y atesorar la Palabra de Dios son dos de los hábitos más importantes que necesitamos para hacer morir el pecado a diario.

3. Reconoce tus zonas de peligro.

Debemos ser sabios al reconocer nuestras debilidades, o, dicho de otra forma, saber cuáles son nuestras zonas de peligro (Mateo 26:41; 1 Pedro 5:8).

Así como Chernobyl es una zona de riesgo para quienes estén cerca, rodeada de carteles que dicen “¡Peligro!”, nosotros también debemos cuidarnos de lo que nos hace daño. Hay escenarios, situaciones, estados de ánimo, lugares, y tiempo en donde somos más vulnerables a las tentaciones.

Si reconocemos nuestras debilidades o zonas de peligro, podemos tomar medidas drásticas para evitar caer en los deseos de la carne.

No podemos luchar contra el pecado sin tener la mirada puesta en Cristo.

Teniendo la mirada en Jesús

Por supuesto, no podemos luchar contra el pecado sin tener la mirada puesta en Cristo. Su sangre derramada por nosotros es la mayor motivación a vivir en santidad, y el mayor consuelo cuando hemos fallado en eso.

Jesús nos dará las fuerzas necesarias para vencer, para la gloria de Dios:

“Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, los haga aptos en toda obra buena para hacer Su voluntad, obrando El en nosotros lo que es agradable delante de El mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén”, Hebreos 13:20-21.¿

Confías en Él (¡hoy!) para luchar contra tu pecado y vivir amando más a Dios.


Imagen: Lightstock.
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