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Se están agregando muchas voces femeninas maravillosas a la conversación de la Coalición por el Evangelio en estos días: maestras Bíblicas, mamás, mujeres que laboran en diversos contextos… ¡pero necesitamos la voz de una abuela cada cierto tiempo! Y definitivamente esa puedo ser yo. ¡Debemos celebrar el ser abuelos! Todos conocemos abuelos en estos días que están considerablemente involucrados en las vidas de sus nietos; muchas veces por motivo del gozo que obtienen y de la ayuda que son. Ciertamente no hay gozo que se le compare, sobre todo ahora que ya no vas sentado en el asiento delantero sino en el asiento de atrás. Ese asiento trasero es un lugar deleitoso: no tienes que maniobrar entre el tráfico; puedes observar con detenimiento las caras que te rodean a la luz de los paisajes que vas pasando. Es un lugar de observación magnífico y privilegiado donde puedes ver de cerca a nuestro Dios obrando generación tras generación, tal y como Él prometió hacer. El hablar palabras de gracia y verdad en las vidas de esos pequeños que se abren delante de ti—como en esos videos secuenciales que encuentras en YouTube, donde ves capullos brotando y floreciendo lentamente—es una oportunidad enorme. Es la diversión que más tiempo consume, ya que cuando te detienes a leer un cuento, el mundo entero desaparece por unos minutos. En este mundo no son muchas las cosas que tienen la capacidad de hacer que eso ocurra. No se trata de una actividad exclusiva, por supuesto. Todos sabemos también que muchas mujeres y hombres juegan el papel de abuelos (o tías o tíos) para niños a su alrededor que no tienen esta relación de familia en sus vidas. Idealmente, dentro de la iglesia, hay un constante fluir de asistencia y aliento de una generación mayor hacia una más joven: esta es nuestra familia final y todos somos responsables de su crecimiento. El viajar en el mismo auto (de todo tipo de formas y maneras) con padres y sus hijos es una ayuda inmensurable para esos padres que sienten el peso de tener que levantar una familia que conozca, ame y sirva a Jesús en medio de un mundo que los hala en todas direcciones. El mundo a nuestro alrededor podría justificar la muerte de los niños; pero el cuerpo de Cristo está llamado a celebrar y a nutrir la nueva vida, en ultima instancia a nutrir la nueva vida en Cristo quien murió por nosotros y vive en nosotros. De manera que… un  gran ¡hurra! A las abuelas que aman ser abuelas. ¡Que Dios nos ayude a todas a ser una bendición para las próximas generaciones! Me gustaría poder tejer o coser como tantas personas asombrosas que conozco, pero no puedo hacerlo; los regalos que le hago a mis nietos vienen más en forma de comidas, caminatas, cuentos o poemas. Aquí les dejo con un poema que 'tejí' para mi segunda nieta:

Para Averie:

Canta al Señor que te formó,

al que te puso nombre desde la eternidad,

y luego te entretejió para vida

(cuando nadie más podía ver)

y te formó de manera personal,

como hechura divina.

 

Qué gozo saber que el Dios que te hizo,

se deleitó en manifestarse en ti,

(como solo Dios lo puede hacer),

tan bueno es Él que hace brillar

Su imagen en todo lo que hace.

 

Descansa—fue Dios quien te hizo,

comenzó lo que no se olvidará

de terminar (perfectamente)

y mientras te guarda, día y noche

te verá crecer y crecer

hasta asemejarte un día a Él.

 

No te olvides del Dios que te hizo,

del que te dio nombre y te dijo que eras Suya,

para que pudieras conocer al que

te hizo para Sí mismo

(para Su propia gloria)

para que le amaras y cantaras a Su Nombre.

Publicado originalmente el 9 de mayo para The Gospel Coalition. Traducido por Laura González de Chávez.

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