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Amamos ser únicos. Expresamos nuestra individualidad en lo que vestimos y cómo nos vemos. Nos enorgullecemos de que conocemos aquella banda desconocida de Brooklyn. Nos emociona contarle a los demás del restaurante escondido que descubrimos el fin de semana pasado.

Como cristianos, estamos llamados a ser únicos, pero no de esa manera.

Es algo diferente ser únicos de manera tal que provoque que otros se rían de nosotros, o que nos dejen almorzando solos, o que seamos arrojados en un horno de fuego. Eso fue lo que le pasó a Sadrac, Mesac, y Abed Nego.

Al final del séptimo siglo a.C., Nabucodonosor, rey de Babilonia, conquistó Jerusalén. Él se llevó a tres jóvenes a Babilonia como exiliados y les ordenó postrarse ante su estatua (Dn 3:6).

Los ídolos diarios

Puede que no parezca así en un principio, pero como cristianos estamos viviendo una situación similar hoy día. Nosotros también somos exiliados, viviendo en una tierra que no es nuestra. Por más que ame la ciudad de Nueva York, donde vivo, mi verdadero hogar es la ciudad celestial que Dios ha preparado para nosotros (He 11:16). Y aunque no se nos ordene postrarnos ante una estatua o ser amenazados a muerte, somos confrontados con toda clase de ídolos. ¿Qué es un ídolo? Tim Keller lo define de esta manera:

“Es algo que es más importante para usted que Dios, cualquier cosa que cautive su corazón y su imaginación más que Dios, cualquier cosa que espere que le proporcione lo que solamente Dios puede darle… Un ídolo es cualquier cosa en la que fije su vista y diga, en lo más íntimo de su corazón: ‘Si consigo eso, mi vida tendrá sentido. Entonces, sabré que tengo un valor, me sentiré importante y seguro’”.

Como exiliados, estamos llamados a reconocer los ídolos de nuestra cultura y rehusar postrarnos ante ellos

Según esa definición, nosotros siempre nos encontramos con ídolos que demandan que nos postremos ante ellos.

Sadrac, Mesac, y Abed Nego fueron únicos en una manera altamente visible. Cuando todo el mundo se postró ante la estatua, ellos se mantuvieron de pie. Y las personas lo notaron. Algunos le contaron al rey que ellos desafiaron su mandato, y eso lo enfureció. Él ordenó que ellos fueran llevados ante él y les dijo: “si no la adoran, inmediatamente serán echados en un horno de fuego ardiente. ¿Y qué dios será el que los libre de mis manos?” (Dn 3:15).

Pero mientras Sadrac, Mesac, y Abed Nego permanecían de pie ante la estatua, ellos hicieron frente al rey:

“No necesitamos darle una respuesta acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente. Y de su mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, ha de saber, oh rey, que no serviremos a sus dioses ni adoraremos la estatua de oro que ha levantado”, Daniel 3:16-18.

Ese es el tipo de “único” que estamos llamados a ser. Es menos como el amigo cuya cuenta de Instagram muestra sus viajes a destinos desconocidos y experiencias únicas,  y más como la familia inmigrante cuya comida o tradición los hacen sentir como extranjeros. Como exiliados, estamos llamados a reconocer los ídolos de nuestra cultura y rehusar postrarnos ante ellos, aún cuando eso conlleve rechazo; aún si eso lleva a la muerte.

Únicos en todo sentido

Estamos llamados a ser únicos en la manera en cómo trabajamos. La motivación de lograr el éxito en nuestra cultura es fuerte; el reconocimiento y el poder pueden fácilmente convertirse en ídolos. Como exiliados, estamos llamados a trabajar duro, pero para la gloria de Dios, no la nuestra. Y estamos llamados a hacer una pausa cada domingo para el descanso y la adoración, aún si eso quiere decir que somos saludados el lunes en la mañana por una bandeja de correos llena o no se nos considera para ser promovidos.

Como exiliados, estamos llamados a trabajar duro, pero para la gloria de Dios, no la nuestra

Estamos llamados a ser únicos en la manera en cómo invertimos nuestro tiempo. Sin darnos cuenta, podemos pasar horas viendo publicaciones o creando nuestra personalidad en línea. Nuestros teléfonos se pueden convertir en un ídolo también, y la raíz es usualmente un deseo de ser aceptados por los demás.

Los exiliados fieles usan la tecnología para enriquecer sus vidas en vez de permitir que ella nos gobierne a nosotros. Hay veces que debemos de ponerla toda a un lado para meditar en el Señor o pasar tiempo con otras personas, aún si eso quiere decir que nos perdamos de otra cosa.

Una de las maneras más notables en las que estamos llamados a ser únicos es en nuestras relaciones románticas. Cuando lo normal son las aventuras o la convivencia de la pareja, debemos luchar por mantener el compromiso y las virtudes extrañas como la castidad. En la ciudad de Nueva York, la presión se ve agravada por el alto precio de los alquileres. Y aunque vivir juntos puede ahorrarles miles de dólares, hay parejas en mi iglesia que han abandonado el ídolo del sexo y la comodidad y se han mudado en apartamentos separados, a pesar del costo emocional y financiero.

Únicos aún hasta la muerte

Sadrac, Mesac, y Abed Nego nos dan un ejemplo inspirador de nuestro llamado a ser únicos. Aún bajo la amenaza de muerte, ellos permanecieron fieles. Pero muy a menudo nos postramos a ídolos teniendo mucho menos presión que la que ellos experimentaron. Fallamos en ser únicos.

Y no es solo en los grandes momentos.

En todas las decisiones de nuestro día, podemos escoger sustitutos de Dios en lugar de Dios mismo. Y por esa razón, merecemos un tormento ardiente. En vez de necesitar salvación de la ira de los ídolos, necesitamos ser rescatados de la ira de Dios.

Hay solo una manera de ser rescatado de ese fuego. Es por fe en Aquel que se puso de pie donde nosotros caímos y murió para darnos vida.

Al final, Dios libró a Sadrac, Mesac, y Abed Nego del fuego, y el rey los promovió. De manera similar, cuando confiamos en Dios, Él nos salvará del fuego que merecemos, hará crecer nuestra fe para que podamos cumplir nuestro llamado a ser únicos, y un día nos exaltará con Cristo en la ciudad celestial que es nuestro verdadero hogar.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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