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Martyn Lloyd-Jones una vez dijo que si nadie nunca te acusa de predicar el antinomianismo, entonces probablemente no estás predicado la justificación de la manera en la que Pablo lo hizo. ¿Por qué? Porque Pablo anticipó esta misma objeción en Romanos 6:1: “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde?”. Así que si la gente hace la misma acusación en contra de nuestra enseñanza, es una buena indicación que estamos predicando el evangelio como lo hizo Pablo.

Lo mismo se puede decir de la doctrina de la elección en Romanos 9. Dos veces en este capítulo, Pablo levanta lo que parecen ser objeciones naturales en contra de su enseñanza sobre la elección (Ro. 9:14, 19). Empleo el término “natural” porque estas son las mismas objeciones que las personas hacen cuando se enseña la elección de cierta manera. Puedes leerlas en los libros y escucharlas en los sermones. De hecho, antes de que Romanos 8 me convirtiera en calvinista, también presenté estas dos objeciones en contra de la doctrina de la elección incondicional.

En Romanos 9, Pablo enseña la doctrina (calvinista) de la elección incondicional, la enseñanza que Dios elige salvar a algunos y a otros no

Así que aquí está mi argumento: en Romanos 9, Pablo enseña la doctrina (calvinista) de la elección incondicional, la enseñanza que Dios elige salvar a algunos y a otros no, no basado en algo en ellos (ya sea fe o frutos, presentes o previstos), sino basado solamente en su voluntad y propósito soberano. La evidencia de esta afirmación viene en dos pasos: primero, Pablo aborda dos de las mismas objeciones que se presentan en contra de la doctrina calvinista; y segundo, él no responde a las objeciones en la forma en que lo haría un arminiano.

¿Cuáles son esas objeciones?

1. La elección incondicional hace a Dios injusto

Vemos esta objeción en el versículo 14. Pablo ha estado discutiendo dos casos de estudio del Antiguo Testamento sobre la elección. Primero, Dios escoge a Isaac sobre Ismael (Ro. 9:6-9); segundo, Él escoge a Jacob sobre Esaú (Ro. 9:10-13). Pablo enfatiza que Jacob fue elegido y amado sobre Esaú de manera incondicional, “cuando aún los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a Su elección permaneciera” (v. 11).

A lo cual la respuesta natural humana es: “¡Pero eso no es justo! ¡Afirmar que Dios escoge y rechaza a las personas sin ninguna consideración de su carácter, ya sea bueno o malo, hace a Dios injusto!”

Esta es precisamente la razón por la cual Pablo levanta esa objeción en el versículo 14: “¿Qué diremos entonces? ¿Qué hay injusticia en Dios?”. Como lo indica la cita de Lloyd-Jones sobre el antinomianismo, el hecho de que Pablo anticipa esta objeción indica que él está enseñando elección incondicional. Después de todo, ¿qué tan a menudo la enseñanza arminiana de la elección condicional basada en la fe que Dios prevé en su presciencia, provoca tal respuesta?

Y aunque este argumento favorece la elección incondicional, no resuelve el asunto. Después de todo, los arminianos también niegan que Dios sea injusto en su elección. Así que necesitamos escuchar la explicación de Pablo de por qué esta acusación es “de ninguna manera” verdadera antes de que podamos declarar victoria para cualquier lado. Quizás el objetante ha malentendido a Pablo. De ser así, debemos esperar alguna aclaración.

Así que, ¿cómo responde Pablo a esta objeción? ¿Dice él: “¡De ninguna manera! Porque aunque Dios pudo haber escogido a Jacob desde antes de su nacimiento, eso no invalida el hecho de que Dios previera que Jacob sería un hombre creyente y Esaú un hombre profano.”? ¿Dice él: “Y solo para ser claros, no estoy hablando de la elección de individuos para salvación, sino solo de naciones para un servicio especial.”? 

Respuesta: no, no dice eso.

En vez de responder como un arminiano, Pablo refuerza el derecho soberano de Dios de mostrar misericordia y compasión sobre quién Él quiera (Ro. 9:15). Es verdad que la Escritura presenta a Esaú como malvado y a Jacob como creyente. Y es verdad que Dios prevé todo esto (ya que en su presciencia Él lo sabe todo). Pero esta no puede ser la base de la elección de Dios, ya que arruina todo el propósito de anunciar su elección “cuando aún los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo”.

En Romanos 9, Pablo refuerza el derecho soberano de Dios de mostrar misericordia y compasión sobre quién Él quiera

Claro, hay versículos que dicen: “con el benigno, te muestras benigno” (2 S. 22:26; cf. Mt. 5:7). Pero eso no es lo que aborda Romanos 9:15. Romanos 9:15 aborda la profunda realidad de por qué algunas personas son misericordiosas. Romanos 9:15 (“tendré misericordia del que yo tenga misericordia) está apuntando hacia una realidad más profunda que 2 Samuel 22:26 (“Dios tiene misericordia de aquellos que muestran misericordia”). Decir que la misericordia de Dios se origina en última instancia como una respuesta a la fe o a la misericordia que es prevista, es afirmar que la elección depende de la voluntad y esfuerzo humano, en vez de depender de Dios (contrario al v. 16).

En resumen, Dios escogió a Jacob no porque Jacob fuese mejor que Esaú, y Dios rechazó a Esaú no porque Esaú fuese peor que Jacob. La elección de Dios no tuvo nada que ver con algo en ellos, previsto o de otra manera. Esta enseñanza provoca la objeción en el versículo 14 y la explicación en los versículos 15-16.

Lo que lleva a la segunda objeción.

2. La elección incondicional destruye la responsabilidad humana

Vemos esta objeción en el versículo 19. Como un ejemplo adicional a la soberanía de Dios, Pablo cita Éxodo 9:16 y afirma que Dios levantó a Faraón con el propósito de mostrar su poder y para proclamar su nombre en toda la tierra (v.17). De lo cual Pablo saca la inferencia: “Así que Dios tiene misericordia, del que quiere y al que quiere endurece” (v.18).

Este lenguaje de “endurecer”, aunque no está presente en Éxodo 9:16, viene de la narrativa más amplia de Éxodo en la cual Dios ordena a Faraón dejar ir a su pueblo mientras simultáneamente endurece el corazón de Faraón para evitar que los deje ir. El “propósito” de Dios en este endurecimiento repetido era alargar el proceso, para que Él se llevara “más gloria que Faraón” de una manera que extendiera su fama por todas partes (Éx. 14:4; Jos. 2:8-11).

La idea de que Dios soberanamente endurece a Faraón de acuerdo a su propósito, en vez de ser una respuesta a la (malvada) voluntad y quehacer de Faraón, provoca la objeción del versículo 19 y todavía la provoca hoy: “Me dirás entonces: ‘¿Por qué, pues, todavía reprocha Dios? Porque ¿quién resiste a Su voluntad?’” (Ro. 9:19). ¿Cómo puede Dios culpar a Faraón por no dejar ir a su pueblo (y lo hace, Éx. 9:34) si Faraón está simplemente cumpliendo con los propósitos de Dios? Si la idea de elección incondicional es ofensiva (“Él tiene misericordia del que quiere”), entonces la idea de endurecimiento incondicional es doblemente ofensiva (“y al que quiere endurece”).

La idea de que Dios soberanamente endurece a Faraón de acuerdo a su propósito… provoca la objeción el versículo 19 y todavía la provoca hoy

Una vez más, el hecho de que esta objeción sea levantada sugiere que nuestra interpretación va por el camino correcto. Pero, como dije anteriormente, esto no resuelve el asunto. Primero debemos aprender a escuchar la respuesta de Pablo para ver si el objetante lo ha malinterpretado.

Y una vez más, la respuesta de Pablo es reveladora. ¿Responde él argumentando: “pero recuerda, Dios solo endureció el corazón de Faraón después de que Faraón haya endurecido su propio corazón”?

Respuesta: no, no lo hace. En vez, Pablo cuestiona el derecho del que hace la crítica de presentar esta objeción (Ro. 9:20). Él luego refuerza el derecho soberano de Dios, como alfarero, de hacer vasijas para cualquier uso que a Él bien le parezca (Ro. 9:20-21): ya sea para “uso ordinario”, “ira”, y “destrucción” (Ro. 9:21-22), o para “honra”, “misericordia”, y “gloria” (Ro 9:23).

No es que Dios haga vasos de manera arbitraria. Es simplemente que su elección no está basada en nada propio de los vasos. Moisés y Faraón eran “de la misma masa” (Ro. 9:21), de la misma manera en que Jacob y Esaú eran del mismo hombre (v.10) y habían vivido en el mismo vientre al mismo tiempo. El tipo de vasos en el que ellos se convirtieron está arraigado no en su voluntad o esfuerzo, sino en el propósito de Dios de “demostrar su ira y hacer notorio su poder” (v.21). ¿Y cuál es su objetivo final? “Dar a conocer las riquezas de Su gloria sobre los vasos de misericordia” (Ro. 9:23), vasos que no apreciarían por completo la gloria de esa misericordia a menos que sea vista sobre el telón de fondo de su ira (vv. 22-23).

Predicando la elección como Pablo

John Piper reconoce:

“[Dado que] el asunto teológico en juego [en Romanos 9] llega al corazón de nuestro entendimiento de Dios… hay un gran valor en estar dispuesto, si la evidencia gramática e histórica lo demanda, a permitir que Pablo diga algo diferente de lo que inicialmente hubiésemos preferido” (172).

Mientras lees Romanos 9, ¿tus pensamientos sobre la elección se parecen más a los de Pablo o a los de su opositor? Romanos 9 ofrece una oportunidad única para que los cristianos pongan a prueba sus posiciones teológicas. No pasa con frecuencia que objeciones comunes a doctrinas bíblicas sean explícitamente hechas en la Escritura, y mucho menos que sean contestadas. Dado lo difícil que es someterse a la doctrina de la elección incondicional para los seres humanos caídos, esto probablemente no es un accidente.

Así que no dejemos perder este único regalo. Ponte a prueba. Porque si nunca has sido acusado de hacer de Dios injusto y del hombre una marioneta, entonces probablemente no has predicado la elección de la manera en que Pablo lo hizo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.
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