Robots para nuestra soledad

Nunca ha sido más fácil vivir en este planeta. Hoy, casi todos tienen varios esclavos de energía que trabajan para ellos. El término esclavo de energía fue acuñado por primera vez por un filósofo estadounidense llamado Buckminster Fuller. Un esclavo de energía es una unidad de medida que intenta contabilizar las cosas que la tecnología hace que de otro modo tendríamos que hacer nosotros mismos. Los ejemplos incluyen el agua que entra a tu casa, las luces que usas en el trabajo, y el dispositivo que seguramente estás usando para leer este artículo. Las estimaciones sobre el número de esclavos de energía que tenemos trabajando para nosotros varían según el lugar y el investigador, pero podemos suponer que la mayoría de los humanos tienen al menos una docena de esclavos de energía. La cantidad de esclavos de energía que usamos ha aumentado rápidamente en las últimas dos décadas, y el ritmo no parece estar disminuyendo.

La tecnología a la que tenemos acceso hoy es realmente increíble. Podemos volar desde Argentina a Australia en menos de un día. Podemos hacer videoconferencias con amigos del otro lado del mundo en los dispositivos que llevamos en nuestros bolsillos. Podemos volar drones para espiar a ejércitos extranjeros piloteados por personas a miles de kilómetros de distancia. Las tecnologías que están en el horizonte cercano son aún más impresionantes. Los vehículos totalmente autónomos, la inteligencia artificial avanzada y empática, y los robots humanoides son todas tecnologías que están siendo trabajadas por todo tipo de empresas y gobiernos de todo el mundo. Estas tecnologías, como muchas que les han precedido, prometen hacer nuestras vidas mejores, más fáciles, y más agradables.

La tecnología es un regalo, y uno por el cual debemos agradecer a Dios. Solo aquellos que ignoran la lucha de quienes nos precedieron piensan de otra manera. Pero esto no significa que todo progreso tecnológico sea automáticamente beneficioso por ser nuevo. La pregunta con respecto a cualquier tecnología es: ¿cómo nos afectará? Durante los últimos 50 años, ecologistas de los medios como Marshall McLuhan y Neil Postman han sugerido que es crítico pensar mucho sobre la tecnología, ya que esta inevitablemente cambia los tipos de personas en las que nos convertimos.[1] Esto aplica a cualquier tecnología, por simple o avanzada que sea.

Los cristianos en particular deben tener en cuenta el avance de la tecnología, ya que el cristianismo cree que la formación de las personas es clave para su desarrollo. Según la Biblia, los cristianos están llamados a ser conformados a la imagen de Cristo (Ro. 8:29, 12:1-2). Si bien los detalles de cómo se ve este tipo de transformación no son tan lúcidos en la Escritura como a los cristianos les gustaría que sean, es claro que convertirnos en cierta clase de persona es importante.

Nuestro objetivo en este artículo es responder a una pregunta específica: ¿son los robots una ayuda o un obstáculo para la soledad humana? Esta es una pregunta importante por al menos tres razones:

  1. Muchos humanos están increíblemente solos hoy.
  2. Los robots se están convirtiendo en una realidad siempre presente en nuestras vidas, y muchos los promocionan como compañeros útiles que podrían ser una solución a la soledad humana.
  3. Los cristianos están llamados a amar a su prójimo (Lv. 19:9-18, Mr. 12:30-31), incluyendo los que están solos y, por tanto, es importante entender el lugar que los robots podrían desempeñar para “liberarnos” de nuestras responsabilidades, para bien o para mal.

Este artículo está dividido en tres secciones. Primero, explicaremos qué es un robot, y destacaremos sus usos actuales y sus usos proyectados para el futuro. Segundo, consideraremos lo que son los seres humanos. El objetivo es distinguirlos de los robots y prestar especial atención a la naturaleza social de los humanos. Tercero, examinaremos la soledad. Se considerará su existencia, sus causas, y lo que la Iglesia debería hacer al respecto. Es nuestra esperanza que este estudio haga que los cristianos piensen mejor de lo que a menudo hacen acerca de la tecnología y sus obligaciones con los demás.

¿Qué es un robot?

Mel Siegel, profesor del Instituto de Robótica en la Universidad Carnegie Mellon, ofrece lo que me parece es la mejor definición: “Un robot es una máquina que detecta, piensa, actúa y se comunica”. El término robot fue acuñado por primera vez por Karel Čapek en su obra R.U.R mucho antes de que existieran los robots, continuando una larga tradición de ciencia ficción que predijo el futuro de maneras increíbles.[2] ¿Existen estos tipos de robots hoy? De hecho sí, tomando la forma de asistentes de servicio al cliente, mascotas, e incluso (de forma rudimentaria) como asistentes sexuales. Estos robots generalmente se clasifican como robots sociables porque están desarrollados específicamente para interactuar con los humanos. Han provocado una gran cantidad de investigación.[3] Hay personas en ambos lados del debate que argumentan su posición apasionadamente.

El ritmo de la investigación en robótica es asombroso y solo continúa generando impulso. Un robot sociable de hoy en día que es particularmente relevante para este artículo es Paro, un robot terapéutico diseñado para llevar los beneficios de la terapia animal y el compañerismo a los usuarios. El usuario objetivo de esta foca robot son pacientes de edad avanzada, muchos de los cuales sufren demencia o Alzheimer. Se han realizado muchos estudios con Paro que respaldan el hecho de que su uso mejora la comunicación y la interacción, y reduce sentimientos dañinos como la depresión.[4] Pero no todos los investigadores están de acuerdo.

Dos académicos de robótica, Amanda Sharkey y Natalie Wood, plantean preguntas importantes sobre el uso de Paro que pueden ayudarnos a comprender las desventajas potenciales del uso de robots sociables para ayudar a aquellos que luchan contra la soledad.[5] Señalando el trabajo de Robert y Linda Sparrow, los autores muestran que los robots pueden conducir a un aumento del aislamiento.[6] Si bien hay investigaciones que contrarrestan estas afirmaciones, no está claro cómo los robots podrían afectar a los humanos al quedarse solos con robots sociables. Por ahora, los robots como Paro se utilizan en entornos grupales como dispositivos médicos, pero uno podría imaginar fácilmente un mundo en el que Paro 2.0 tuviera la capacidad de monitorear los signos vitales del usuario y pudiera estar equipado con cámaras para observarlo, haciendo innecesaria la mayor parte de la interacción humana.

Sharkey y Wood destacaron otro problema potencial con el uso de robots sociales: el engaño del usuario. El estudio de la robótica ha revelado la facilidad con la que los humanos antropomorfizan los robots (es decir, atribuyen humanidad a un robot).[7] En otras palabras, los robots fácilmente engañan a los humanos. Este es un problema particular cuando se trata de poblaciones vulnerables como los niños, los discapacitados, y los ancianos, ya que tienen una mayor tendencia a antropomorfizar, especialmente cuando están solos.[8]  

¿Cómo deberían responder los cristianos a los posibles beneficios y problemas asociados con el uso de robots por los humanos? Para comenzar a responder a esta interrogante, debemos considerar otra pregunta.

¿Qué es un ser humano?

Los humanos y los robots no son lo mismo. Se podría pensar que tal afirmación es evidentemente cierta, pero algunos roboticistas de primera línea afirman exactamente lo contrario.[9] Se pueden señalar muchas cosas que diferencian a los humanos de los robots, pero en aras de este artículo, un argumento cristiano será suficiente. En pocas palabras, los humanos y los robots son diferentes porque solo los humanos son creados a la imagen de Dios (Gn. 1:26-27, 5:1-2, 9:6). Hay algo gracioso aquí: lo que sucede con muchos temas teológicamente profundos también es cierto con respecto a la doctrina de la imagen de Dios: si le pides a 15 teólogos que definan el término, obtendrás 20 respuestas diferentes.[10]  

Aunque es increíblemente compleja, la doctrina de la imagen de Dios en los humanos no solo los distingue de los robots, sino que también proporciona una idea de su naturaleza social que tiene relación con nuestro tema. Es interesante que desde el comienzo está claro que Dios nunca tuvo la intención de que la imagen de Dios fuera singular, sino plural. Génesis 1:27 afirma que tanto el hombre como la mujer juntos son lo que constituye el “hombre”. Como David VanDrunen señala:

[Dios] deseó la existencia de múltiples seres humanos no idénticos… Sin hombres y mujeres, la raza humana no podría llevar a cabo la tarea de tener hijos. Y sin muchos seres humanos, con una variedad de habilidades y talentos, seguramente el ejercicio del dominio sobre el mundo entero habría sido imposible… La raza humana como un todo, como una multitud de personas con una amplia variedad de habilidades y destrezas, es una manifestación mucho más rica de la imagen de Dios de lo que cualquier ser humano podría llegar a ser.[11]

Karl Barth también aborda la naturaleza social de la imagen de Dios, señalando que la relación entre el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo es el tipo de relación que los humanos también buscan. Por lo tanto, no es posible expresar la imagen de Dios solo, sino únicamente conforme las relaciones entre los humanos se forman y nutren.[12] Incluso aquellos que están solos dicen que son así o saben que son así porque carecen de relaciones con otras personas.

No es posible expresar la imagen de Dios solo, sino únicamente conforme las relaciones entre los humanos se forman y nutren.

¿Cómo responder a la soledad?

¿Cómo pueden esas realidades sobre la distinción entre robots y personas, así como la comprensión cristiana de la naturaleza social de los seres humanos con base en la imagen de Dios, influir en el tema de los robots y la soledad? En primer lugar, debe establecerse que la soledad es un problema. Un artículo reciente de Jane Brody destaca que aquellos que corren mayor riesgo de sufrir soledad son los ancianos, los adolescentes, y los adultos jóvenes. Ella señala que la soledad es un riesgo para la salud que afecta seriamente a quienes la padecen, lo que resulta en cosas como la reducción de la esperanza de vida, la depresión, y la disminución de la capacidad cognitiva. Curiosamente, la soledad no es un asunto de aislamiento social. Algunas personas disfrutan estar solas y al mismo tiempo muchas personas solitarias están casadas o tienen familias. Brody termina su artículo citando una variedad de formas en las que algunos intentan aliviar el problema de la soledad. Si bien ella no cita a los robots como una posible ayuda para este fin, sí nota, con un presentimiento, con respecto a un plan: “Es dudoso que ese enfoque sea práctico en una escala lo suficientemente grande como para satisfacer la necesidad de una reestructuración cognitiva de adultos solitarios en todo el país”. Es la escala y el alcance del problema que está impulsando a muchos en el área de la robótica a desarrollar robots sociales para el beneficio humano, como se ha demostrado anteriormente.

¿Cómo deberían responder los cristianos a la soledad humana? En pocas palabras, la iglesia debería ser el contexto en el que la soledad sea impensable e imposible. Para defender esta idea, necesitamos una definición de la iglesia. La palabra griega para “iglesia” usada en el Nuevo Testamento es ekklesia. Como Mark Seifrid señala: “Es sorprendente que los primeros cristianos eligieran un término distintivamente político… para su existencia colectiva, hablando de sí mismos como una ekklesia, una asamblea pública, en lugar de una ‘reunión religiosa’ (‘sinagoga’)”.[13] Por lo tanto, la iglesia no es un lugar donde la iglesia se reúne, sino un pueblo que se identifica como un cuerpo unido por Cristo, una sociedad; como lo define un erudito, una “comunidad del reino”.[14] Según Jesús, esta comunidad de sus discípulos debe identificarse por el amor que tienen el uno por el otro (Jn. 13:35).

Todo esto no quiere decir que será fácil el trabajo colectivo de la iglesia para asegurarse de que no haya solitarios entre ellos. De hecho, puede ser difícil, requiriendo tiempo y esfuerzo. Sin embargo, como aquellos a quienes se les ha mostrado el amor reconciliador de Dios en Jesús, creemos que ser un lugar donde la soledad es impensable es la naturaleza misma del cristiano y su comunidad. Aquellos que han sido reconciliados con Dios son aquellos que reconcilian a los demás consigo mismos, formando una verdadera comunidad. Una que sea atractiva y que rompa la soledad para todos aquellos que entren en contacto con ella.

Noreen Herzfeld captura con precisión la falsa promesa y el verdadero peligro de los robots como una cura para la soledad humana cuando escribe: “Los robots pueden ser menos exigentes, menos desafiantes, pero ahí reside el problema. El amor y la vida nunca son ‘seguros y hechos a medida’. En la vida y la muerte de Jesús, vemos la verdadera naturaleza desafiante del amor, una que nos puede llevar incluso a la cruz”.[15] Podríamos agregar que tal comprensión del amor sacrificial de Jesús podría incluso llevarnos a pasar tiempo con los solitarios. No será fácil, podría ser costoso, pero seguramente será cristiano.


[1] Para más sobre ecología de los medios mira Marshall McLuhan y Quentin Fiore, The Medium Is the Massage (Corte Madera: Gingko Press, 2001); Neil Postman y Andrew Postman, Amusing Ourselves to Death: Public Discourse in the Age of Show Business (New York: Penguin Books, 2005); Neil Postman, Technopoly: The Surrender of Culture to Technology (New York: Vintage, 1993).

[2] Karel Capek e Ivan Klima, R.U.R., trad. Claudia Novack-Jones (New York: Penguin Classics, 2004).

[3] Para un resumen de una parte de la literatura útil acerca del tema, mira Riccardo Campa, “The Rise of Social Robots: A Review of the Recent Literature”, Journal of Evolution and Technology 26 (Junio 14, 2016).

[4] T. Shibata, “Therapeutic Seal Robot as Biofeedback Medical Device: Qualitative and Quantitative Evaluations of Robot Therapy in Dementia Care”, Proceedings of the IEEE 100, no. 8 (Agosto 2012): 2527–38, https://doi.org/10.1109/JPROC.2012.2200559; T. Saito et al., “Relationship between Interaction with the Mental Commit Robot and Change of Stress Reaction of the Elderly,” in Proceedings 2003 IEEE International Symposium on Computational Intelligence in Robotics and Automation. Computational Intelligence in Robotics and Automation for the New Millennium (Cat. No.03EX694), vol. 1, 2003, 119–24 vol.1, https://doi.org/10.1109/CIRA.2003.1222074.

[5] Amanda Sharkey y Natalie Wood, “The Paro Seal Robot: Demeaning or Enabling?”, AISB 2014 – 50th Annual Convention of the AISB, Enero 1, 2014.

[6] Robert Sparrow y Linda Sparrow, “In the Hands of Machines? The Future of Aged Care”, Minds and Machines 16, no. 2 (Mayo 1, 2006): 141–61, https://doi.org/10.1007/s11023-006-9030-6.

[7] Julia Fink, “Anthropomorphism and Human Likeness in the Design of Robots and Human-Robot Interaction”, in Social Robotics, Lecture Notes in Computer Science (International Conference on Social Robotics, Springer, Berlin, Heidelberg, 2012), 199–208, https://doi.org/10.1007/978-3-642-34103-8_20.

[8] Nicholas Epley et al., “Creating Social Connection through Inferential Reproduction: Loneliness and Perceived Agency in Gadgets, Gods, and Greyhounds”, Psychological Science 19, no. 2 (Febrero 2008): 114–20, https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2008.02056.x.

[9] Rodney Allen Brooks, Flesh and Machines: How Robots Will Change Us (New York: Pantheon Books, 2002).

[10] Para una muestra de varias perspectivas sobre este tema mira John F. Kilner, Dignity and Destiny: Humanity in the Image of God (Grand Rapids: Eerdmans, 2015); Anthony A. Hoekema, Created in God’s Image (Grand Rapids: Eerdmans, 1994); Richard Lints, Identity and Idolatry: The Image of God and Its Inversion (Downers Grove: IVP Academic, 2015); Ryan S. Peterson, Imago Dei as Human Identity (Winona Lake: Eisenbrauns, 2016).

[11] David VanDrunen, Bioethics and the Christian Life: A Guide to Making Difficult Decisions (Wheaton: Crossway, 2009), 49–50.

[12] Noreen Herzfeld, “Religious Perspectives on Sex with Robots”, en Robot Sex: Social and Ethical Implications, ed. John Danaher y Neil McArthur (Cambridge, MA: The MIT Press, 2017), 95.

[13] Mark Seifrid, The Second Letter to the Corinthians (Grand Rapids, 2014), 7.

[14] George Eldon Ladd, A Theology of the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1993), 109–17.

[15] Herzfeld, “Religious Perspectives on Sex with Robots”, 99.

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