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Narrar historias es todo un arte, y hacerlo de la manera correcta permite que una experiencia real o una historia ficticia se conviertan en una narración que merece ser conocida, en especial si tiene aportes en favor del evangelio.

Pues bien, recientemente, llegó a mis manos una novela que narra una historia que mezcla la ficción con la cruda realidad de una etapa de la historia de la iglesia en la que un grupo de creyentes —de un origen muy particular— estuvieron dispuestos a darlo todo por la causa del evangelio. Me refiero a la novela Un resplandor en las tinieblas (B&H Español, 2024), del escritor, editor y pastor Emanuel Elizondo.

Tuve la oportunidad de conversar con él y le compartí mi experiencia mientras leía su novela. Además, tuvo la gentileza de responder a algunas preguntas para conocer más sobre su nuevo libro. Aquí te presento lo que me contó.

¿Podrías presentar para nuestros lectores un resumen de Un resplandor en las tinieblas?

Esta novela se desarrolla en el siglo XVI, en un monasterio al sur de España. El personaje principal, Jerónimo, es un monje benedictino que se entera un día de que la Santa Inquisición está buscando escritos protestantes en su monasterio.

Al principio, Jerónimo cree que eso es imposible, pero pronto sus sospechas se confirman: algunos de sus hermanos monjes tienen ideas «herejes». Jerónimo entonces se ve enfrascado en una historia trepidante de misterio y drama, en donde se va dando cuenta de la verdad del evangelio de Jesucristo.

Al final, Jerónimo tendrá que tomar una decisión: ¿qué está dispuesto a hacer por la verdad? ¿Estaría dispuesto incluso a dar su vida por ella? Esta es una historia en la que invito al lector a reflexionar en cómo el evangelio es tan preciado como para valerlo todo.

¿Qué te motivó a escribir esta novela y cómo fue el proceso?

Lo que me motivó a escribir esta historia es que tenía muchas ganas de escribir una novela de misterio. Desde niño soy fanático de las novelas detectivescas. Pensé que un monasterio sería una locación interesante para una historia así. Luego comencé a investigar sobre la inquisición en el siglo XVI, y pronto comenzó a formarse en mi mente la historia de Jerónimo y el monasterio de San Pablo Apóstol.

La verdad del evangelio es tan preciosa que debemos estar dispuestos a dar todo por ella

El proceso fue muy interesante. Puesto que es una historia de misterio, hice un bosquejo detallado de la trama, incluyendo las pistas reales y las pistas falsas, los giros de la trama, etcétera. Lo único que no bosquejé fue el final. Así que ni yo estaba seguro de cómo terminaría la historia. Espero que eso se haya transmitido a la novela, y que los lectores vivan el final de la historia al igual que yo, como un viaje vertiginoso lleno de emoción.

En mi lectura de tu novela, identifiqué al menos a veintidós personajes por sus nombres, ¿cuál es tu personaje favorito y por qué?

Es difícil escoger a un personaje favorito en esta historia, porque viví casi un año con ellos, de manera que los hermanos del monasterio cobraron vida en mi mente. Tanto así que cuando terminé de escribir la novela, además de las lágrimas, sentí un extraño dolor en el corazón, como el de perder a alguien que estimas muchísimo.

De todas maneras, como autor, me gusta pensar que Jerónimo, Sebastián y Agustín vivieron más aventuras de las que yo pude contar. También disfruté mucho escribir al abad Ricardo, ni se diga al inquisidor Domingo. Si tuviera que escoger, diría que mi personaje favorito de escribir fue fray Agustin, por ser al mismo tiempo un genio y un cascarrabias; es divertidísimo darle vida a un personaje así. Pero en segundo lugar, y muy cercano al primero, estaría fray Sebastián, con quien me identifiqué por su amor por los libros, y de quien admiro su coraje. Jerónimo, por supuesto, fue todo un reto, sobre todo describir su transformación.

¿Puedes compartir con nosotros algunas de las lecciones más significativas que aprendiste mientras escribías esta novela?

Aprendí que la verdad del evangelio es tan preciosa que debemos estar dispuestos a dar todo por ella. Es la perla de gran precio. Es el tesoro escondido en el campo. Tener a Jesús es tenerlo todo.

Como escritor, esta novela me retó a nivel técnico. Es desafiante escribir una historia que se desarrolla principalmente en un monasterio, un lugar que la mayoría no asocia con eventos emocionantes. Por lo tanto, cada capítulo estaba cuidadosamente pensado para ser dramático y dejar al lector en suspenso.

La novela está planeada de manera milimétrica, buscando no solamente que el lector sienta satisfacción al terminarla, sino también que sus afectos se vean movidos. Mi deseo es que esta novela haga que el lector se emocione, ría, llore y que al final dé gracias a Dios por la hermosa salvación que nos ha dado en Jesús.

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