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“Tiempo de matar, y tiempo de curar;
Tiempo de derribar, y tiempo de edificar” (Ec 3:3).

Estamos siendo muy duros el uno con el otro en este momento. ¿Por qué crees que esto es así?

He observado durante los últimos meses cómo los miembros de las iglesias hacen que sus pastores salgan corriendo de sus iglesias, a pastores atropellando personas en las redes sociales, y como cristianos de todo tipo han determinado que las personas que no son de su tipo son responsables de todo lo malo en el mundo. El mundo está en llamas y, de alguna manera, es más peligroso que literal.

¿Por qué estamos haciendo esto? 

Creo que algunas razones son:

  • Temor: el temor impulsa todo tipo de pensamientos y palabras pecaminosas. Y esta es una gran temporada de temor. En medio de una pandemia mundial, desorden en las calles, huracanes, incendios forestales y el aumento de tensiones políticas, tenemos mucho combustible para el temor. Las personas con temor son inseguras y están constantemente a la defensiva, por lo tanto, constantemente atacan.
  • Enojo: el tipo incorrecto de temor conduce al tipo incorrecto de enojo. Creemos que estamos justamente indignados o que somos proféticamente valientes cuando en realidad estamos siendo críticos y belicosos. Cuando nos enojamos por errores o injusticias percibidas, tendemos a buscar un chivo expiatorio. Buscamos a alguien a quien culpar. Alguien con quien desquitarnos.
  • Confusión: no tenemos todas las respuestas y nos resulta cada vez más difícil navegar en tiempos tan caóticos en los que todos los “expertos” parecen estar en desacuerdo tan frecuentemente entre sí. Nos sentimos incómodos por no saber, así que creamos teorías que explican “lo que realmente está pasando” y acusamos a otros de conspirar contra nosotros. Nuestra falta de claridad debe ser culpa de alguien.

Tal vez sean todas esas cosas o ninguna de ellas. Pero dudo que sea el único cristiano que se haya dado cuenta de que estamos en un tiempo notable en que todo se “derriba”. Y dudo que sea el único que se esté cansando de esto.

Si siempre estás en modo de derribar, terminas derribando más de lo que deberías

Ciertamente hay un tiempo, como nos dice Eclesiastés 3, para derribar. Hay una amplia aplicación de esto. Algunas instituciones o estructuras pueden haber llegado al momento de ser reemplazadas. Ese tipo de derribamiento es una especie de descanso. La maldad y la injusticia siempre deben ser derribadas. Ese tipo de derribamiento es una especie de rebelión justa. El pecado debe ser reprendido, la falsa enseñanza debe ser refutada. Pero si siempre estás en modo de derribar, terminas derribando más de lo que deberías.

Hay muchas cosas que se están desmoronando en estos días, y creo que los cristianos deberían estar especialmente interesados en edificar. Claro, podrías pasar todo tu tiempo libre discutiendo con personas en línea y quejándote sobre ellas en tu corazón, pero también podrías considerar cuán constantemente estarías dispuesto a “atacar” los conflictos con el fruto del Espíritu. Como dice Pablo: “Todo es lícito, pero no todo es de provecho. Todo es lícito, pero no todo edifica” (1 Co 10:23).

Creo que muchos de nosotros hemos perdido el arte de la edificación, el arte de edificarnos unos a otros, y es hora de recuperarlo. De hecho, es una necesidad urgente en este preciso momento. 

¿Cómo podemos recuperar el arte perdido de la edificación?

  • Oración: es difícil estar enojado con alguien por quien estás intercediendo. El enojo nos lleva a deshumanizar y cosificar a nuestros enemigos. Sin embargo, llevarlos ante el Señor en oración es nuestra manera de reconocer Su imagen en ellos y someter nuestra voluntad sobre ellos a Él. El corazón que ora genuinamente no tiene lugar para la irritabilidad.
  • Ánimo: No hay versículos bíblicos que nos ordenen sospechar, acusar, escudriñar, o atacarnos los unos a los otros. Pero hay muchos que nos llaman a animarnos unos a otros. Una pregunta honesta: ¿Crees que los cristianos estadounidenses son conocidos por animarse mutuamente? Sin embargo, tenemos mandatos claros con ese fin. Cristo le dio al mundo observador el derecho a juzgar nuestra ortodoxia en al menos un aspecto: nuestro amor (Jn 13:35). Y Pablo escribe: “Por eso, anímense y edifíquense unos a otros, tal como lo vienen haciendo” (1 Ts 5:11 NVI).
  • Apuntar a Cristo: He notado la sorprendente ironía de las personas en las redes sociales que todo el día argumentan sobre “volver al evangelio” pero que nunca parecen articular nada que se aproxime al evangelio. Si tu comportamiento en la plaza pública da la impresión de un juez increíblemente enojado o de un acusador que es fácilmente provocado, ¿cómo esperas recomendar al Cristo lleno de gracia? Los ataques implacables a los hermanos, reprochar las vulgaridades del mundo mientras permanecemos en silencio sobre las vulgaridades de nuestros líderes favoritos, y el mantener diariamente un espíritu sarcástico y burlón dan la impresión de que Jesús es mezquino, cruel, y duro. ¿Qué pasaría si, en cambio (escúchame), invertimos el mismo tiempo (o más) magnificando positivamente la gracia del evangelio y la belleza de Cristo?

Cristo le dio al mundo observador el derecho a juzgar nuestra ortodoxia en al menos un aspecto: nuestro amor

No es demasiado tarde para arrepentirse. No tenemos que continuar siguiendo a nuestra carne por el caótico espiral del temor, el enojo, y la confusión. No tenemos que seguir derribándonos el uno al otro. Claro, eso puede ser bueno para las vistas y los clics. Y es más fácil que edificar. Pero así es como funciona el mundo. El espíritu de la época busca solo morder y devorar. Pero tú y yo somos diferentes. ¿No es así?

Con la ayuda del Señor, podemos dar un giro e ir en contra de la corriente de este mundo y hacer nuestra prioridad el edificarnos unos a otros en amor. En este momento, no es demasiado tarde. Recuperemos el arte perdido de la edificación. Podría significar que mengüemos. Pero valdrá la pena si Jesús es glorificado.

“Así también ustedes, puesto que anhelan dones espirituales, procuren abundar en ellos para la edificación de la iglesia” (1 Co 14:12).


Publicado originalmente en For The Church. Traducido por Sam Ortiz.
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