¿Quieres amar más a Dios? Conócelo más

Fragmento adaptado de Mujer de la Palabra: Cómo estudiar la Biblia con mente y corazón. Jen Wilkin. B&H Publicaciones.

Durante años intenté amar a Dios con mi corazón y descuidé mi mente, no reconocí mi necesidad de crecer en el conocimiento del “YO SOY”. Cualquier estudio sistemático de la Biblia lo sentía mecánico, incluso como un acto de falta de fe o una admisión de que la iluminación del Espíritu Santo no era suficiente para mí. Pero se me escapaba la importante verdad de que el corazón no puede amar lo que la mente no conoce. Este es el mensaje de Romanos 12:2, no que la mente sola afecta la transformación, sino que el camino a la transformación corre desde la mente hacia el corazón, y no al revés. […]

Piensa sobre la relación, la posesión o el interés del cual obtienes mayor placer. ¿Cómo desarrollaste ese deleite? Si te apasiona el arte moderno, tu auto, la conservación de la naturaleza, tu esposo, la nutrición, la educación o el béisbol, supongo que te volviste así porque aprendiste sobre el objetivo de tu pasión, y que tu placer en esto o aquello creció conforme aumentó tu conocimiento.

El matrimonio quizá sea el ejemplo más evidente de este proceso. Casi todos se casan con muy poca información. ¿Te diste cuenta de esto? Invertimos nuestro futuro en una relación relativamente corta, en gran parte debido a un torrente de emociones que nos golpean durante la fase del noviazgo. Nos casamos, inundadas de amor por nuestro esposo, pero conocemos muy poco sobre él en comparación con el resto de las cosas. Esos sentimientos iniciales de amor menguan o se profundizan según los alimentamos. Al mirar en retrospectiva, puedo afirmar de manera honesta que amo a mi esposo exponencialmente más de lo que lo amaba el día de mi boda. ¿Por qué? Porque lo he estudiado a él y él a mí. Al conocerlo más, ha crecido mi amor por él. El día de nuestra boda, yo sospechaba que él sería un buen padre, un buen trabajador, y un fiel interlocutor (alguien que escucharía y me ofrecería su opinión), pero 20 años después sé que él es todas estas cosas. Mi amor por él creció conforme lo he conocido más y más.

Ahora piensa sobre tu relación con Dios desde la misma perspectiva. La mayoría de las personas vienen a la fe en Dios con muy poca información. Comprendimos que necesitamos perdón y gracia, y fuimos guiados al reino sobre una ola de profunda emoción. Pero solo percibimos algo de Aquel que nos llevó a Sí mismo. Sospechamos que Él es todo aquello que es bueno, pero no hemos hecho todavía un estudio de Él. Como una recién casada, llegamos al final de la luna de miel y comenzamos a preguntarnos cómo vamos a alimentar y mantener esta relación.

La respuesta consiste en conocer a Dios, en amarlo con nuestras mentes. Nunca la expresión “conocerlo es amarlo” ha sido más veraz. Según crecemos en el conocimiento del carácter de Dios, mediante el estudio de su Palabra, no podemos hacer otra cosa que no sea amarlo exponencialmente más. Esto explica la razón por la que Romanos 12:2 afirma que nosotros somos transformados por la renovación de nuestras mentes. Llegamos a comprender quién es Dios y somos cambiados; nuestros afectos se distancian de las cosas de menos valía y se conectan con Él. Si queremos sentir un amor más profundo por Dios, debemos aprender a verlo con más claridad por quien es Él. Si queremos sentir de manera más plena en cuanto a Dios, debemos aprender a pensar más a fondo en cuanto a Él.

Considera otra ilustración: si yo te contara que amo el piano y disfruto interpretar música mediante este instrumento, ¿cómo podrías descubrir si mis sentimientos hacia el piano son reales o no? Simple. Solo pídeme que interprete algo para ti. Una persona que en verdad ama este instrumento se disciplina para estudiarlo. Mediante mucha aplicación de disciplina mental, su dominio al interpretar y, por ende, su amor por la interpretación, crece y florece.

El corazón no puede amar lo que la mente no conoce. Sí, es pecaminoso adquirir conocimiento por el conocimiento mismo, pero adquirir conocimiento sobre Aquel a quien amamos porque queremos amarlo de manera más profunda, será siempre para nuestra transformación.


Imagen: Lightstock
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