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Nota del editor: 

#CoaliciónResponde es una entrada semanal donde los colaboradores de Coalición por el Evangelio dan respuesta a diversas inquietudes. Puedes usar #CoaliciónResponde en las redes sociales o escribirnos a [email protected] con tus preguntas.

Pregunta: ¿Es posible que un falso maestro predique el evangelio verdadero y que personas sean salvas?

Primero se debe decir que no es lo mismo un inconverso que un falso maestro. Aunque un falso maestro es sin lugar a dudas un inconverso (Mt. 7:15-23), lo contrario no necesariamente es cierto.

Segundo, es necesario definir con precisión que es “predicar el evangelio verdadero”. Si el lector entiende por predicar el evangelio a presentar “cuatro verdades espirituales,” entonces la respuesta es que sí, tanto un inconverso como un falso maestro pueden proclamar ese mensaje, que hoy se ha reempaquetado en el tan popular “Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida”.

Los falsos maestros o falsos profetas se caracterizan en la Biblia por el deseo de agradar a los hombres en lugar de a Dios. Esa motivación egoísta por la popularidad les induce a hablar la mentira. Tanto Pedro como Judas describen de manera muy severa la maldad del corazón de estos impostores que convierten el ministerio en una fuente de ganancia y “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 P. 2:3).

El Nuevo Testamento insiste en que la “concupiscencia” es el elemento común en las enseñanzas de estos maestros que aman el dinero, el placer y la comodidad personal:

“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias epithumías, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”, 2 Timoteo 4:3-4.

“Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado… Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error… sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias”, 2 Pedro 2: 2, 18; 3:3.

“Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho”, Judas 16.

“Concupiscencia” no se refiere solamente a inmoralidad, aunque la incluye. La palabra se refiere a un deseo intenso por algo no necesariamente malo. La idea es la de un deseo desordenado: un deseo elevado al lugar de señorío en la vida de una persona.

Los falsos maestros promueven lo que ya de por sí es una inclinación carnal en cada persona, que es colocar deseos que parecen normales —la salud, la riqueza, tener un buen matrimonio, ser alguien en la vida, disfrutar de las cosas, y una multitud de otros anhelos similares— como el foco central de la vida. Todos estos deseos son legítimos en el lugar apropiado (1 Tim. 4:4-5), pero en la falsa enseñanza se convierten en los “señores de la vida”. Este enfoque en vivir la “buena vida” aquí y ahora es la razón de la inmensa popularidad de los falsos maestros. Apelan a los deseos naturales del ser humano y los legitiman, asegurando que Dios es complacido cuando se persiguen estas cosas terrenales.

En este escenario el mensaje del evangelio se adapta, presentando a Dios como quien quiere satisfacer todos los sueños del pecador pues lo ama con locura. Se conservan por supuesto elementos de verdad para enmascarar “encubiertamente” la falsedad (2 P. 2:1), con el fin intencional de engañar (Mt. 24:11; Ef. 4:14). Así, el Dios que “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hch. 17:30) se transforma fácilmente en el Dios que “te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida”.  Lo cual tiene una dosis homeopática de verdad, pero es insuficiente para salvar, para llevar al oyente a la conversión.

La persona promedio pensará al oír tal “evangelio”, “¡Qué bueno, yo también me amo y tengo un plan maravilloso para mi vida! Me gustaría hacer esa oración así Dios me ayuda con mis planes”. Resolución que de ninguna manera salvará a nadie. La salvación bíblica no viene al hacer una oración a Dios pidiendo su ayuda o su perdón por algún asunto particular, mientras uno sigue enfocado en satisfacer sus concupiscencias. Salvación viene cuando el pecador comprende el evangelio y, por obra y gracia del Espíritu Santo, se arrepiente de enfocar su vida en sí mismo o en cualquier otro lugar en lugar de en Dios, y clama a Dios para recibir perdón inmerecido, basado en lo que Cristo ha hecho en la cruz, muriendo como un sustituto, por la maldad de ese pecador penitente.

¿Puede un falso maestro predicar el verdadero evangelio? No. ¿Puede alguien ser salvo bajo el ministerio de un falso maestro? Sí. Dios puede usar esas pequeña dosis de verdad que todo sistema falso aún conserva y, a pesar de las intenciones del falso maestro, traer luz al corazón del perdido, usando muchas veces la lectura privada de las Escrituras, y hoy más que nunca, los medios de comunicación. La historia nos muestra muchos de esos casos: Lutero, Francisco Lacueva, Raymond Franz, por citar a algunos[1]. Lamentablemente esto es la excepción, no la regla, pues por cada uno que se salva bajo un sistema falso, miles se pierden sin saberlo.



[1] Para más información ver Richard Bennett, Lejos de Roma cerca de Dios (Editorial Portavoz, 2000); Raymond Franz, Crisis de Consciencia (Clie, 1993); Francisco Lacueva, Mi Camino a Damasco (Clie, 1962).
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