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¿Por qué un misionero deja el campo?

Existen diversas razones por las que los misioneros dejan el campo. Algunas las he experimentado, otras las he conocido por testimonios cercanos, pero la mayoría las he visto durante 25 años de servicio junto a otros misioneros.

Escribir sobre este tema permite crear conciencia acerca de los desafíos que un misionero atraviesa en el campo. El Señor es quien llama, pero es responsabilidad de la iglesia cuidar de sus misioneros para que sigan sirviendo. Entonces, ¿por qué un misionero deja las misiones? Estas son 9 razones comunes:

1) Las expectativas irreales y el rechazo de la gente

Hay un riesgo enorme cuando el misionero llega al campo con un complejo de salvador y conquistador de multitudes. Recordemos que, en muchos casos, Pablo llegó a una ciudad y después de hacer milagros solo algunos creyeron mientras que otros reaccionaron violentamente (Hch. 14:19).

Cuando Jesús envió a sus discípulos les advirtió que habrían lugares donde no los recibirían (Mt. 10:14-15). Según Juan 1:12, la humanidad rechazó a Cristo y esa misma humanidad lo crucificó (Lc. 23:31). No olvides las palabras del Señor: “Porque si en el árbol verde hacen esto, ¿qué sucederá en el seco?” (Lc. 23:31).

2) Motivaciones incorrectas

Somos capaces de tomar decisiones correctas por motivaciones erróneas. Muchas personas salen al campo para huir de problemas familiares o de autoestima, por ejemplo. Esto revela algunos conceptos erróneos sobre las misiones.

Si, al servir a Dios en las misiones, basamos nuestra identidad en el activismo religioso y no en Cristo, vamos directo al fracaso

Si al servir a Dios en las misiones basamos nuestra identidad en el activismo religioso y no en Cristo, vamos directo al fracaso. Dios nos conoce y no puede ser burlado. Es vital que escudriñemos nuestros corazones y evaluemos nuestras motivaciones antes de salir al campo misionero, porque allí seremos pasados por el fuego de la prueba.

3) Enfermedades o vejez

Los misioneros somos proclives a enfermarnos: los cambios súbitos a climas extremos y un nuevo régimen alimenticio tienen consecuencias. En Taiwan, debido a la contaminación, mi asma se agravó a tal punto que mis pulmones funcionaban a un 40%. Los viajes, las bacterias, y los alimentos nos ocasionan TD (diarrea del viajero) al mudarnos a otro país.

Soy de un país caribeño y Dios me llevó a servir en Mongolia durante dos meses de invierno a temperaturas extremas bajo cero, lo cual fue difícil para mi salud. Puedo testificar que la enfermedad personal, junto con los sistemas de salud deficientes, obligan a algunos misioneros a dejar el campo por algún tiempo (largo o corto). Por otro lado, muchos misioneros dejan el campo por un familiar enfermo o padres ancianos que necesitan cuidados permanentes.

También, como es normal, muchos misioneros que pasan su vida en el campo se ven forzados a dejar lo que por décadas fue su hogar porque llegaron al final de su carrera ministerial.

4) Falta de apoyo emocional y financiero

El apoyo emocional y financiero para el misionero representa una de las mayores deficiencias de la iglesia Latinoamericana. Este problema es antiguo. Recordemos que Pablo instruyó a las iglesias a proveer para los que se dedicaban a la predicación y enseñanza (1 Ti. 5:17-18; 1 Co. 9:7-14; Gá. 6:6) .

Si la iglesia provee en lo económico, pero olvida las necesidades emocionales y espirituales del misionero, también es negligente. En mi experiencia, puedo decir que el seguimiento y cuidado pastoral es algo que agradezco profundamente de la iglesia local que me envió.

5) Cambios de políticas migratorias y opresión gubernamental

Por ejemplo, en China el gobierno utiliza diversas estrategias para erradicar la presencia del cristianismo, como intimidar a los dueños de casas o apartamentos arrendados a extranjeros. Esto sucede cuando el gobierno sospecha que los inquilinos son misioneros.

Incluso a quienes desarrollan actividades de negocios y con profesiones legítimas les prohíben continuar alquilando sus propiedades. Esto constituye una “excusa” para expulsar a misioneros del país, porque ellos se quedan sin vivienda.

6) Conflictos con otros misioneros

Una parte de los misioneros deja el campo por conflictos con otros misioneros. Tenemos la tendencia a olvidar que los misioneros son pecadores y que las presiones en el trabajo intercultural suelen evidenciar más esa pecaminosidad.

Es vital que evaluemos nuestras motivaciones antes de salir al campo misionero, porque seremos pasados por fuego

Por naturaleza, los misioneros son personas de voluntad firme y opiniones fuertes, cosas que les permiten sobrevivir en este campo de batalla. Sin embargo, las personalidades fuertes, los estilos de liderazgo, las posturas teológicas, preferencias culturales, y otros factores, generan diferencias que pueden resultar en conflicto. Si las partes involucradas no tratan bíblicamente estas diferencias, esto puede llevarlas a un punto de quiebre (cp. Hch. 15:37-40).

7) Depresión espiritual y crisis emocionales severas

Grandes hombres y mujeres de la fe han atravesado por crisis emocionales difíciles. El “príncipe” de los predicadores, Charles Spurgeon, tuvo largos períodos de depresión y eso también puede ocurrirle a cualquiera. El misionero, al igual que todo cristiano, no está exento de que su cuerpo y emociones colapsen ante las dificultades.

Por eso orar por y con nuestros misioneros puede hacer una gran diferencia. El cansancio físico, emocional, y espiritual, son razones por las que muchos misioneros padecen crisis. En una ocasión regresé a mi país por cuatro meses para recibir cuidados de mi familia por problemas de salud y cansancio emocional que me provocaron insomnio severo. Después regresé al servicio en mejores condiciones, con cambios para mantenerme saludable.

8) Divorcio o viudez

Esta es una de las situaciones más estresantes: la separación, el divorcio, o la muerte de un cónyuge, debilitan a un individuo o destruyen a una familia. Esto se agrava cuando estás lejos de casa, donde no hay apoyo cercano de tu familia o tu congregación.

El divorcio es una lamentable realidad entre varios misioneros. Es el resultado de vivir en un mundo caído, rodeado de personas caídas. Sabemos que un matrimonio implica la unión de dos pecadores, y por eso es tan triste que a veces ocurran separaciones por el pecado que reinó en lugar de Cristo.

9) Soberanía de Dios

El misionero no tiene una asignación permanente. En mi caso, tuve disposición a morir en Taiwán y dedicar mi vida a llevar el evangelio. Me preparé para eso; aprendí a conversar, leer, y escribir en mandarín. Cuando Dios indicó que debía moverme a Latinoamérica a servir como misionera en Guatemala, fue muy difícil aceptarlo. Pero obedecí.

Dios me confirma cada día que esta era su soberana voluntad. Aquí conocí a mi cónyuge. Ahora servimos juntos a la iglesia en Guatemala y también en Latinoamérica. Esto me recuerda que Dios es soberano y moviliza a sus hijos de acuerdo a su soberano propósito.

Dios siempre cumple su plan

Todas las causas anteriores pueden tener un impacto mínimo o ser prevenidas si la iglesia se involucra en la vida del misionero. La Palabra de Dios nos demanda que “según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10).

En todo esto, recordemos que dejar el campo no es un símbolo de derrota (en especial cuando las razones son correctas y entendibles). Dios es soberano y a Él no le sorprende que un misionero tenga que dejar el campo. Él usa todas las circunstancias para cumplir su eterno plan de redención (Ef. 2:11). El Dios de José, que cambia lo que el hombre determinó para mal y lo transforma para salvación de muchos, es el mismo Dios al que servimos hoy. Su amor revelado en la cruz es el mayor ejemplo de esto y nuestra mayor motivación a seguir sirviendo.

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