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Todo el mundo quiere encontrar algún tipo de conexión con los famosos. Mis niños, por ejemplo, son fanáticos de Messi, de Neymar, y de Curry. En tal sentido, todos los predicadores procuran algún tipo de nexo con Edwards, Whitefield, y sobre todo, con Carlos Spurgeon. Con ese fin, lamentablemente, muchos viven citando todo tipo de frases descontextualizadas y manipuladas acuñadas a Spurgeon. Si conociéramos mejor la teología de Spurgeon, posiblemente modificaríamos esa práctica. 

Me gustaría examinar algunas de las doctrinas y los énfasis que distinguieron al predicador bautista que se ha ganado el título de “el príncipe de los predicadores”.

Hubo varios asuntos en los que Spurgeon hizo extremo énfasis en sus sermones y escritos. Examinémoslos. 

1. La dádiva y el don de Cristo en favor de los pecadores

Spurgeon se propuso nunca predicar si no presentaba siempre al Cristo crucificado como el único bálsamo de Dios a la miseria espiritual del hombre. Este hecho amplificaba la realidad de la gracia. Su libro Solamente por gracia recoge unos cuantos sermones donde muestra su incesante asombro y maravilla por la obra de Cristo en la cruz en favor suyo y de los pecadores. Escribió:

“Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores. […] Sé que para mí, hasta el día de hoy, esta es la maravilla más grande que he conocido, a saber, que me justificase a mí”.[1] 

A Spurgeon le asombraba que la gracia se manifiesta en la salvación de pecadores. En una ocasión, ilustró su punto así:

“En cierta ocasión predicó un evangelista sobre el texto: ‘Ahora, ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles’ (Lc. 3:9), y lo hizo de modo que le dijo uno de los oyentes: ‘Nos trató usted como si fuéramos criminales. Ese sermón debiera usted haberlo predicado en el presidio de la ciudad y no aquí’. ‘No, no’, contestó el evangelista: ‘En el presidio no hablaría sobre este texto, sino sobre este: «Palabra fiel y digna de ser recibida por todos; que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores»’ (1 Ti. 1.15). ¡Correctamente! La Ley es para los que se rodean de la justicia propia, para derribar su orgullo; el evangelio es para los perdidos, para remover su desesperación”.[2] 

En uno de sus sermones, al explicar el texto de Romanos 8:33 sobre “Dios es el que justifica al impío”, escribió:

“Ya que nadie sino Dios pensaría en justificar al impío, y nadie sino Él lo podría hacer […], fíjate en como el apóstol extiende el reto: ‘¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica’ (Ro. 8:33). Habiendo Dios justificado a una persona, está bien hecho, rectamente hecho, justamente hecho, y para siempre perfectamente hecho. […] Esto es lo que hemos predicado, lo que predicaremos en tanto que vivamos. ‘Dios es el que justifica’, el que justifica a los impíos”.[3]

Esta cita bastaría para evidenciar el apego que tenía Spurgeon a las doctrinas de la gracia y su confianza absoluta en la obra de Cristo en el calvario en favor de los pecadores.

2. La doctrina de la soberanía divina

Spurgeon creyó y predicó que la doctrina de la soberanía de Dios es la que engendra mayor consuelo al pueblo de Dios.

Spurgeon predicó este tema decenas de veces en su vida. Él era netamente calvinista, pero con un matiz marcado de fulerianismo (un escape del hipercalvinismo). Su confianza en la soberanía de Dios otorgó a Carlos una habilidad impresionante de presentar el evangelio de Jesucristo en el más vívido esplendor que la lengua humana pueda comunicar jamás. Spurgeon fue un poeta elegante en su retórica, prácticamente inimitable. A pesar de sus dotes, Spurgeon reconocía que ni la cosa más minúscula podía suceder sin que Dios lo ordenara. Creyó incluso que el hacer, la eficacia, y la ineficacia de un hombre, incluso un ministro del evangelio, es el fruto de la administración soberana de Dios. Ese era el Dios en el que se amparaba Carlos Spurgeon, un Dios sentado en un trono alto y sublime, rodeado de majestad absoluta y poder infinito.

Spurgeon creyó y predicó que la doctrina de la soberanía de Dios es la que engendra mayor consuelo al pueblo de Dios, a la vez que es la más odiada por los hombres entre todas las doctrinas. Escribió: 

“Los hombres consentirán en hallar a Dios en su taller creando los mundos y haciendo las estrellas, y hasta […] le tolerarán mantener firme la tierra y sostener sus pilares, o iluminar las lámparas del cielo, o gobernar el inquieto océano; pero cuando Dios sube a su trono, sus criaturas rechinarán sus dientes”.[4] 

3. La doctrina de la suficiencia de las Escrituras

Para Spurgeon esto marcaba la gran diferencia entre el liberalismo y la verdadera ortodoxia. Él transmitía las enseñanzas de la Confesión de fe de Londres de forma intacta, que enseña la doctrina de la suficiencia. Spurgeon predicó varios sermones, e incluso escribió diversos tratados y libros sobre este tema en particular. Instaba a una humilde sumisión al texto sagrado de las Escrituras para tener verdadero conocimiento de Dios y de las cosas.

Aunado a esto hay un corolario práctico en el que Spurgeon no se hacía callar: la importancia de la oración. Constantemente instaba a su feligresía a orar, modelándolo en los acalorados y asistidos servicios constantes de oración.

Spurgeon entendía que sobre las rodillas se reconciliaban la incapacidad humana y el deber del hombre con la gloriosa doctrina de la soberanía divina. 

4. Las doctrinas de la gracia

Spurgeon estuvo altamente preocupado por el creciente abandono del calvinismo en Inglaterra. Le preocupaba el estado de la ortodoxia en sus días, y muy especialmente en su país, incluso en la denominación y asociación a la que pertenecía su iglesia (La Unión Bautista de Inglaterra). 

Shindler, en sus famosos artículos publicados en la revista de Spurgeon, La espada y el palustre, escribió: “[Spurgeon] notó que en la primera generación después de la era puritana casi todas las congregaciones no conformistas (protestantes no anglicanas) en Inglaterra se alejaron de la ortodoxia hacia una forma antigua de liberalismo denominada socinianismo (la cual niega el pecado original y la deidad de Cristo)”.[5] 

Shindler describió cómo cientos de iglesias de tradición puritana habían abandonado la sana doctrina en favor del escepticismo racional, los credos unitarios, y las otras creencias liberales.[6] Shindler comentó, aprobado por Spurgeon, que el declive comenzaba lento y de forma imperceptible, atendiendo a los siguientes descuidos:

  1. Las congregaciones empezaban su descenso tan pronto abandonaban el calvinismo (que destaca la soberanía de Dios en la salvación) para favorecer el arminianismo (que hace de la voluntad humana el factor decisivo). Otros grupos escogieron el arrianismo (que niega la deidad plenaria de Cristo). Otros simplemente quedaron fascinados con la erudición y la sabiduría humana; en consecuencia, perdieron su celo por la verdad.[7]
  2. Muchos [de los puritanos] que siguieron fieles a la verdad y a la fe de todas maneras no estuvieron dispuestos a luchar por lo que creían.[8] 

Comentando sobre cómo es posible que se extraviaran tantas iglesias que creían en la Biblia, y por qué sucede con tanta frecuencia en la historia, Shindler planteó:

“El primer paso es la pretensión de tener una fe adecuada en la inspiración divina de las Escrituras. Mientras un hombre permanezca sumiso a la autoridad de la Palabra de Dios, no va a entretener ni un solo pensamiento contrario a su enseñanza”.[9]

Iain Murray, el historiador y biógrafo, demuestra que los creyentes no conocen a Spurgeon en realidad.[10] Y el problema es mayor cuando se trata de saber las doctrinas que orgullosamente abrazó y enarboló Spurgeon. En la ocasión de la presentación de sus conferencias a los estudiantes de su Colegio para Pastores, introdujo:

“Confiamos nuestro Colegio a bautistas; y con el deseo de no ser acosado con controversias interminables, invitamos solo a aquellos que son popularmente conocidos como calvinistas. […] Creemos que las grandiosas doctrinas de la gracia son el acompañamiento natural de la fe evangélica fundamental de la redención por la sangre de Jesús, nosotros las abrazamos y enseñamos no solo en nuestro ministerio a las masas, pero en la más selectiva instrucción del salón de clases”.[11]

Una expresión bastante trillada de Spurgeon sobre su teología es:

“La antigua verdad que Calvino predicó, que Agustín predicó, que Pablo predicó, es la verdad que debo predicar hoy, o de lo contrario seré infiel a mi conciencia y a mi Dios”.[12]

Spurgeon dijo: “Hermanos, si no sois teólogos, no sois buenos para nada como pastores”.

En su archifamoso libro, Discursos a mis estudiantes, encontramos la siguiente expresión:

“Hermanos, si no sois teólogos, no sois buenos para nada como pastores”.[13]

Spurgeon fue un admirador de los escritos de los puritanos. Decía que la época de los puritanos había sido la edad de oro de la teología inglesa.[14] En 1872 dijo al respecto:

“Declaro en el día de hoy que cuando tomamos un volumen de teología puritana hallamos en una sola página más pensamiento y más erudición, más Escritura y más enseñanza verdadera, que en folios enteros producto de la efusión del pensamiento moderno. Los hombres de hoy serían ricos si poseyeran solo las migajas que caen de las mesas de los puritanos”.[15]

5. La separación del error

Por otra parte, Spurgeon fue un acérrimo anticatólico, y atacaba el ritualismo y la liturgia muerta de las iglesias de la época. También atacó con fuerza el liberalismo evangélico de su época, que aparte de estar sucumbiendo al socinianismo, muchos hasta estaban acordando con el darwinismo.

Debido a las convicciones teológicas no negociables de Spurgeon, finalmente hubo una ruptura de su iglesia con la Unión Bautista. En 1873, cuando la Unión se abrió teológicamente, Spurgeon era uno de los preocupados. Spurgeon buscó remover las herejías que se estaban permitiendo en la Unión: arrianismo, unitarianismo, negación de la inerrancia, liberalismo, etc. Por ello optó por separarse de la Unión en 1878. Se pronunció así: 

“La guerra es contra quienes han negado el sacrificio expiatorio, la inerrancia de las Escrituras […]. Creemos que todos los verdaderos evangélicos deberían pelear por estas cosas”. 

Spurgeon y Shindler atacaron la penosa decisión de entidades como la Unión Bautista y otras que habían preferido “la unidad” en sacrificio de la verdad. Para Spurgeon, aquello era ser desleal al Señor y él nunca se lo permitiría a sí mismo ni a su iglesia.

El Dr. Nathan Finn hizo notar: “La teología de Spurgeon fue muy ortodoxa, muy influenciada por Calvino, y por lo tanto por Agustín. Spurgeon fue un admirador de los puritanos, y tuvo bastante influencia de Kiffin, Bunyan, Keah, Gill, Whitefield, y otros. Para que veamos su apego a las doctrinas particularistas, Spurgeon re-publicó la Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres de 1689. Rechazó las tendencias hípercalvinistas del Dr. Gill. Se alineaba con el fulerianismo. Era de comunión abierta”.[16]

Dios tenga a bien bendecirnos con un espíritu y carácter como el de Spurgeon. Fue un gran y apasionado predicador del evangelio, un teólogo refinado de soteriología calvinista, un incansable trabajador, un escritor prolífico, además de pastor, padre, esposo, y amigo exitoso. Su éxito consistió en su apego a Cristo, a las Escrituras, a la vida de oración, y a un esfuerzo constante en los asuntos del reino.


 NOTAS

[1] Spurgeon, Charles. Solamente por gracia (Diario de Avivamiento). Pág. 4.

[2] Ibidem. Pág. 5.

[3] Ibidem. Pág. 9.

[4] Spurgeon, C. H. No Hay Otro Evangelio (Estandarte de la Verdad). Pág. 127.

[5] MacArthur, John. Avergonzados del Evangelio (Portavoz) . Pág. 230.

[6] Ibidem. Pág. 230.

[7] Ibidem. Pág. 230.

[8] Ibidem. Págs. 231-233.

[9] Ibidem. Pág. 234.

[10] Ver Murray, I. Spurgeon, un príncipe olvidado (Estandarte de la Verdad). Pág. 7.

[11] Christian Classics: Six books by Charles Spurgeon in a single collection, de Charles Spurgeon: http://a.co/2AWIRXN.

[12] Spurgeon, Charles. Discursos a mis estudiantes. CBP. 5ta. Ed. Pág. vii.

[13] Ibidem. Pág. 124.

[14] Murray, I. Pág. 33.

[15] Ibidem. Pág. 34. (Citando: Sermons, Vol XVIII, pág. 322).

[16] El Dr. Nathan Finn es historiador, teólogo, profesor y predicador. Fue profesor de teología histórica y formación espiritual en el Southeastern Baptist Theological Seminary (SEBTS). Es profesor del programa doctoral en el SEBTS. Sirvió como decano de la facultad de teología y misiones de Union University. Ahora es Decano de la Facultad Universitaria de North Greeville (Baptist) University, SC.  (Consúltelo en su página: http://www.nathanfinn.com/)


Imagen: Lightstock.
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