En la industria de la tecnología para la gloria de Dios: Una entrevista a Arturo Pérez

¿Cómo puede un creyente glorificar a Dios en la industria de la tecnología? ¿Cómo debe el evangelio impactar su trabajo?

Pensando en estas preguntas, aquí tienes una entrevista a Arturo Pérez. Él es miembro de la mesa directiva en Knox Theological Seminary, donde obtuvo su grado de Maestría en Estudios Bíblicos y Teológicos. También es autor de Síntesis del Nuevo Testamento (Xulon, 2012) y Síntesis del Antiguo Testamento (Xulon, 2014).

Pero como vocación profesional, Arturo es ingeniero industrial enfocado en la industria de la tecnología, y ha trabajado en Microsoft por los últimos 20 años, actualmente como ejecutivo de licenciamiento. A continuación, las preguntas que pude hacerle sobre su vocación y experiencia.


Para empezar, ¿cómo conoció al Señor, y cómo fueron sus primeros años trabajando para una empresa tan relevante como Microsoft?

Antes de empezar, quiero agradecer a Coalición por el Evangelio por honrarme con esta oportunidad de dar testimonio de cómo la gracia del Señor me ha sorprendido en diferentes etapas de mi vida de manera inesperada.

Nací en Santo Domingo, en República Dominicana: un país nominalmente católico-romano, aunque mi familia no practicaba activamente ninguna religión. Siendo un niño de diez u once años, recuerdo que una gran inquietud e incertidumbre ante la muerte arropó mi joven corazón. Yo lloraba en la soledad de mi cama porque sabía que algún día moriría y no tenía esperanza ni certeza de qué habría de suceder al momento de la muerte. Pasé mi adolescencia tratando de evitar el aterrador tema de la muerte mientras mi familia encontró diversas maneras de distraerme con pasatiempos como la música y los viajes.

Así que sin esperarlo ni buscarlo, y teniendo ya mi conciencia un poco cauterizada para no pensar en esto, a la edad de 16 años una amiga de la escuela me invitó a una conferencia cristiana que sería dictada en la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo (IBSJ). Desde que escuché la Palabra de Dios predicada durante la conferencia, el Señor me sorprendió con su gracia salvadora.

Por espacio de 24 años, IBSJ fue mi única iglesia durante toda mi vida cristiana estando en la República Dominicana. Allí aprendí a estudiar la Biblia y fui formado teológicamente. Estando allí terminé mis estudios secundarios y terciarios, conocí a mi esposa, y comencé una familia luego de graduarme como ingeniero industrial, trabajando en el sector de manufactura y producción en una industria óptica de procesamiento de lentes.

La vocación no se trata de lo que nosotros hacemos sino de lo que Dios hace a través de nosotros.

Era el principio de la década de los noventas, y aunque el uso de las grandes computadoras era común en las corporaciones de gran tamaño, las empresas pequeñas como la que yo servía apenas comenzaban a explorar este fascinante mundo informático al tratar de implementar un sistema de información para automatizar la producción, el inventario, y la contabilidad.

En ese entonces me convencí de que lo que quería hacer era dedicarme a la tecnología de la información. Luego de que implementamos el sistema en la empresa óptica, fundé junto a un socio una empresa de desarrollo de software donde desarrollábamos aplicaciones comerciales. Pero yo quería ser parte de algo más grande donde pudiera ser formado profesionalmente y hacer carrera. Así que al poco tiempo de haber fundado esta empresa, le vendí mi parte al socio para aceptar una oferta de la multinacional IBM en la República Dominicana donde permanecí unos cinco años.

En esta organización no solo se vendía software IBM, sino que la proliferación de las redes (LAN/WAN) hizo que la empresa tuviera que abrirse a otros fabricantes de software como Microsoft, Oracle, etc. Me pidieron que yo fuera el especialista de software para redes, de manera que IBM era socio de negocio de Microsoft en la República Dominicana para ofrecer soluciones de software en ambientes híbridos de equipos de hardware IBM combinado con software Microsoft y de otros fabricantes. Fue así como a finales de los noventas conocí a los ejecutivos de Microsoft de Puerto Rico y Fort Lauderdale, porque yo era el contacto suyo dentro de la empresa para la venta de licencias de Microsoft.

Para finales de 1997, Microsoft Corp. constituyó una oficina local que comenzó a operar en 1998 bajo el nombre de Microsoft Dominicana, y me hicieron una oferta como gerente de mercadeo para los socios de negocios y empresas medianas. Y ya para principios de la década del 2000 pasé a ser el gerente general de Microsoft en la República Dominicana hasta diciembre de 2007, cuando fui relocalizado para una posición regional en Fort Lauderdale, Florida.

En más de 20 años, la mayor parte de los roles que he desempeñado han estado relacionados a la venta del software. Actualmente reporto a la corporación y sirvo en un equipo de negociación para empresas comerciales en Estados Unidos. Esto significa que para clientes de gran tamaño que requieren modificaciones en sus contratos estándares de licenciamiento, mi equipo decide qué modificaciones queremos negociar, tanto en concesiones de precios o de términos y condiciones de los contratos.

No deja de llamarme la atención cómo usted es teólogo mientras es un profesional en la industria de tecnología. ¿Cómo hace para desarrollar simultáneamente ambos aspectos de su vida?

Como me convertí siendo un adolescente en la escuela secundaria, recuerdo que en ese momento soñaba con ser pastor. Estaba dispuesto a irme al seminario y dedicarme al ministerio. Sin embargo, hombres sabios (pastores) de IBSJ en ese momento me dieron un consejo muy atinado, que yo no entendía en su plenitud pero que acaté por obediencia. Me recomendaron que fuera a la universidad a estudiar una carrera conforme a mis mejores habilidades y preferencias, y que el Señor mostraría su llamado en su tiempo.

La teología de nuestra iglesia, basada en el legado de la Reforma protestante del siglo 16, nos enseña que no hay diferencia entre aquellos cristianos que dedican sus vidas a ministerios de predicación, justicia social, y ayuda a los menos privilegiados, en comparación con otros que dedican sus vidas a oficios laicos. Para Martín Lutero, así como la vida cristiana no se trata de lo que tú haces para Dios sino de lo que Él ya hizo por ti en Jesucristo, de la misma manera la vocación no se trata de lo que nosotros hacemos sino de lo que Dios hace a través de nosotros.

El legado teológico de Lutero y los reformadores reitera que el laico debe ejercer su vocación como una responsabilidad santa dada por Dios.

Por lo tanto, la cultura teológica de la iglesia donde crecí y me formé no discriminaba entre “clero” y “laico”, sino que todos estamos en el ministerio, solo que muchos de nosotros nos dedicamos al negocio de “hacer tiendas” (Hch.18:3) para no ser de agravio a la iglesia de Dios. Para nosotros era normal que los arquitectos, ingenieros, doctores, contables, abogados, y cualquier otra profesión o vocación sirviera en el campo misionero de las escuelas, universidades, y lugares de trabajo. De hecho, por eso esta iglesia tocó la vida de tanta gente en el país, porque no existe una esfera social, de clase rica, media, o pobre en la que esta iglesia no estuviera representada.

Así que, como parte de mi desarrollo educativo y profesional, era muy normal y frecuente que después de salir del trabajo tomáramos algún día de la semana para asistir a un seminario (no acreditado) impartido por maestros o pastores de la iglesia, para educarnos teológicamente. De esa manera, ser teólogo, predicador, o maestro del evangelio es mi verdadera pasión. Solo que mi trabajo profesional me sirve para costear el ministerio. Yo me dedico a “hacer tiendas”, haciendo una metáfora del oficio de Pablo, mientras disfruto cada minuto que puedo dedicar a la lectura, meditación, estudio, o enseñanza de la Palabra de Dios.

¿Podría compartirnos un poco sobre cómo el evangelio da forma a una vocación como la suya en Microsoft?

El legado teológico de Lutero y los reformadores reitera que el laico debe ejercer su vocación como una responsabilidad santa dada por Dios para comunicar Sus bendiciones a sus criaturas. Lutero hablaba de la vocación de todos nosotros como “los dedos de Dios” y como “las máscaras de Dios”, de manera que detrás de nuestras labores, la gracia común de Dios se manifiesta para traer orden y prosperidad en este mundo caído.

Al trabajar en Microsoft he sido testigo de la gracia de Dios, unas veces de manera consciente, pero muchas otras veces de manera inesperada. Por ejemplo, durante mi rol como gerente general en la República Dominicana tuve el privilegio de ser el canal de esta gran corporación que tenía fondos para ayudar a los menos privilegiados. Microsoft donó millones de dólares en distintas ayudas en diferentes momentos en diferentes circunstancias, para alivio de catástrofes (luego de huracanes o inundaciones en pueblos de alta pobreza); para entrenamiento a profesores con el uso de la tecnología; para la construcción de centros de cómputos para mitigar la brecha digital a los menos privilegiados; y uno de mis momentos favoritos fue la cooperación con otras entidades no gubernamentales de ingeniería social que educaban gratuitamente a los emprendedores para enseñar por medio de herramientas Microsoft conceptos básicos de cómo hacer un presupuesto, o entender la diferencia entre costo y precio para iniciar micronegocios.

Estos ejemplos son solo una muestra del impacto que la responsabilidad social corporativa puede hacer en una familia, en una nación, o en el mundo.

La otra persona se olvidará del negocio, y nunca recordará qué tan inteligente soy; pero procuro que nunca olvide cómo lo hice sentir mientras estuvo interactuando conmigo.

Pero aun ejerciendo un rol menos visible como el que desempeño ahora, me gusta interactuar con mis clientes internos y externos con la conciencia de que yo represento “una máscara de Dios”. Siempre me pregunto: ¿cómo podría interactuar con gracia, de manera que la persona a quien sirvo reciba un trato compasivo, considerado, justo, y al mismo tiempo dispuesto a amarlo como si fuera al Señor mismo a quién estoy sirviendo?

Esto se torna difícil en medio de una negociación donde defiendo los intereses de la empresa que represento. Así que luego de asegurarme que mi propuesta es aceptable y conveniente para mi empleador, entonces trato de persuadir a mi cliente con argumentos razonables, pero sobre todo haciendo un esfuerzo intencional de mostrar gracia y empatía. La otra persona se olvidará del negocio, y nunca recordará qué tan inteligente o erudito soy; pero procuro que nunca olvide cómo lo hice sentir mientras estuvo interactuando conmigo. Quisiera que en mis interacciones, aun en las más intensas, pudieran ver el rostro de Esteban en mí (Hch. 6:15).

¿Cómo podemos ver la gracia de Dios en la evolución vertiginosa que vemos en la industria de la tecnología? ¿Qué es lo que más le emociona de su trabajo y por qué?

Podemos comparar este fenómeno de la “era digital” (para llamarlo de alguna manera) a lo que pasó a mediados del siglo 15 con la invención de la imprenta de Gutenberg, donde eventualmente se imprime la Biblia como el primer libro impreso. La imprenta jugó un papel preponderante en la diseminación de las ideas de la Reforma protestante, aunque también facilitó la aceleración de cualquier tipo de idea por este medio impreso. Algo parecido, pero con un efecto exponencialmente mayor ha ocurrido en la era digital.

Cuando yo me gradué de ingeniería industrial a finales de los ochentas, los sermones de la iglesia se grababan en cintas magnetofónicas y se podían ordenar en formato de casetes en la librería de la iglesia. Hoy día puedes prácticamente ver el servicio de cualquier iglesia pequeña en cualquier parte del mundo, en vivo y directo, o puedes descargar sus mensajes el mismo día que se predican desde la palma de tu mano con tu dispositivo móvil. Lo mismo pasa con los artículos escritos en formato de blog, las conversaciones teológicas en podcast, o participar en programas radiales en vivo con tan solo conectarte a la cabina por vídeoconferencia usando tu dispositivo favorito conectado a la Internet.

Me emociona haber sido parte de todo esto, tanto como consumidor de la tecnología y como parte de una empresa que ha aportado a toda esa evolución tecnológica. Por supuesto que estamos en un mundo caído y toda la tecnología se usa para fines no solo benignos sino malignos. Pero aun en esto he visto la providencia de Dios al usar líderes de la industria para proteger los derechos de los ciudadanos del mundo en cuanto a su seguridad y privacidad. Me llena de satisfacción y orgullo que, aunque la gente puede diferir de la estrategia tecnológica de la empresa a la que he dedicado muchos años de mi vida, todos reconocen la incuestionable integridad moral de la empresa y cómo ha aprendido a conducirse con honestidad y prudencia.

Por ejemplo, de cara al futuro, los temas actuales de Microsoft son inteligencia artificial, machine learning, y quantum computing, que en resumen tratan de utilizar el máximo poder computacional jamás imaginado para resolver problemas importantes como entender las mutaciones del cáncer para encontrar una cura a esta enfermedad por medio de algoritmos de inteligencia artificial que pudieran aprender y predecir el comportamiento de las células al almacenar grandes cantidades de data de pacientes que padecen de cáncer, solo para ilustrar un ejemplo.

No importa tu visión, misión, o estrategia empresarial: la cultura reinante en una empresa va a prevalecer ante cualquier decisión estratégica.

El gran peligro inminente acá, que Microsoft ha señalado, es el tema del papel de la ética ante este tipo de tecnología. ¿Hasta dónde debemos respetar la privacidad de un individuo que representa una amenaza al resto de la sociedad? ¿Qué criterios debemos seguir para legislar un código ético ante estos avances tecnológicos que ponen en riesgo estos derechos inalienables del ser humano? Lo que me emociona no es que tengamos la respuesta a estas preguntas, sino el hecho de que mi empleador es uno de los líderes que las está formulando y que está buscando este tipo de marco ético conceptual para proteger a la sociedad, y que todos los empleados, sin importar su rango, tengamos participación en ese proceso. No tengo otra explicación que la gracia común de Dios para preservarnos a través de instrumentos humanos como Ciro, el siervo de Dios profetizado por Isaías (Is. 45:1).

Luego de más de dos décadas en Microsoft, ¡seguro tiene muchas historias para contar sobre lo que ha aprendido en su trabajo! ¿Cuáles son los mayores retos que ha afrontado trabajando en la industria y qué ha podido aprender de ellos?

Es importante reconocer los grandes errores de Microsoft que nos ayudaron a crecer. Por ejemplo, la empresa se hizo famosa después de 1986 cuando se cotizó en la bolsa de valores de NASDAQ (MSFT). Para la época que yo entré a la empresa a finales de los noventas, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos acusó a la empresa de violación a leyes antimonopolio. Gran parte de esto tuvo que ver con la incorporación del navegador Internet Explorer en Windows 98 lo cual sacó del mercado al competidor Netscape. Ese proceso fue doloroso. Nos quitó mucho foco, pero personalmente pienso que dio fruto para reflexionar sobre nuestra responsabilidad social corporativa.

En ese entonces éramos conocidos como una empresa mayormente de hombres jóvenes, blancos, nerdos, y extremadamente arrogantes. Y todo esto no estaba lejos de la realidad. En una reunión típica dentro de Microsoft, cada empleado discutía su punto de vista de manera racional, lógica, y también bastante desconsiderada hacia los demás. Y el ejemplo venía desde arriba. En aquellos años del pasado, el mismo Bill Gates podía tranquilamente decirle a cualquiera en medio de una reunión interna de estrategia una expresión hiperbólica como esta: “Esa es la idea más estúpida que he escuchado en toda mi vida”. Viniendo de Bill Gates, esto sería devastador para cualquier empleado.

Ese tipo de tono y estilo era parte de nuestra cultura. Esto fue cambiando paulatinamente para bien. De hecho, Bill Gates ha llegado a ser uno de los filántropos más influyentes del mundo, quien ha ayudado en la erradicación de la poliomielitis en el planeta. El nivel de inversión que la Fundación de Bill y Melinda Gates han hecho es un modelo de clase mundial sin precedentes. Pero en cuanto a Microsoft como organización, el cambio cultural interno más notorio se dio a partir de febrero de 2014 cuando un empleado que subió “de debajo” del organigrama a través de los años se convirtió en el tercer CEO de Microsoft después de Bill Gates y Steve Ballmer, y su nombre es Satya Nadella. A él podemos atribuir un cambio cultural real.

En lugar de fijar nuestros ojos en nosotros mismos o en cualquier criatura sujeta a cambio, fijemos nuestra mirada en Jesús.

Satya acuñó la frase de Peter Drucker, quien dice que “la cultura se traga a la estrategia”. Es decir, no importa tu visión, misión, o estrategia empresarial: la cultura reinante en una empresa va a prevalecer ante cualquier decisión estratégica, porque la gente emula la conducta cultural que se promueve. Basado en los estudios de la doctora Carol S. Dweck en su libro Mindset: The New Psychology of Success, Satya revolucionó la cultura de Microsoft promoviendo una actitud de aprendizaje constante y dando espacio para la empatía y la vulnerabilidad. Para los amantes a la lectura de temas empresariales, les recomiendo el libro de Carol Dweck, y el libro Satya titulado Hit Refresh.

¿Cuáles consejos compartiría a los creyentes envueltos en trabajos sumamente competitivos en industrias tan exigentes y aceleradas?

Ante un mundo tan cambiante y acelerado, es común que nos embargue la ansiedad, y el temor al fracaso, porque nuestra naturaleza caída tiende a depositar su confianza en las criaturas antes que en el Creador. Todo lo que ocupa el lugar de Dios es idolatría. Es decir que luchamos con la tentación de idolatrar el poder, la fama, el dinero, y el trabajo que nos ayuda a conseguir estos ídolos. Y debido a que todo lo creado es temporal y cambiante, nos inquieta la incertidumbre del cambio porque no queremos que nos quiten nuestro ídolo. La posibilidad del cambio nos llena de ansiedad y sufrimiento por la incertidumbre del futuro.

Otras veces confundimos nuestra vocación con nuestra identidad. Por eso el pensamiento de que nos quiten nuestro título profesional, o nuestro ministerio, o nuestro trabajo nos llena de ansiedad y, si ocurre, sentimos que nos desintegramos porque el trabajo está tan atado a nuestra identidad que, al perderlo, pensamos que perdimos nuestra identidad, cuando en realidad, nuestra identidad está en el Señor.

Por eso mi recomendación es que en lugar de fijar nuestros ojos en nosotros mismos o en cualquier criatura sujeta a cambio, fijemos nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe (Heb. 12:2). Jesucristo nunca cambia. Él es el mismo ayer, hoy, y por los siglos (Heb. 13:8). Él nos dice que cada día traerá su propio afán (Mt. 6:34), y que por nada debemos estar ansiosos (Fil. 4:6), sino que debemos venir a Él para pedir por el pan de cada día, y para que Él nos llene de la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4:7).

En Cristo está mi identidad, y Él es mi justicia (2 Co.5:21). Al tenerlo a Él, todas las demás cosas como el trabajo, los negocios, y las oportunidades vendrán por añadidura (Mt. 6:33).


Imagen: Unsplash.
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