En Coalición por el Evangelio les pedimos a tres pastores en distintos contextos del mundo hispano que puedan compartirnos un consejo para cuidar el matrimonio en el ministerio. Estas fueron sus respuestas:
Cuida tu matrimonio como un jardín
Luis Marín, desde Estados Unidos, nos comparte:
El hombre bíblicamente aprobado para ser pastor debe ser «marido de una sola mujer… que gobierne bien su casa… pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?» (1 Ti 3:2-5).
El pastor debe atender y liderar su matrimonio de tal manera que desde su hogar fluya un carácter de cuidado que impregne su ministerio pastoral, para beneficio de toda la iglesia. Sin embargo, en vez de seguir este modelo bíblico, muchos pastores han sacrificado su matrimonio en el altar del «éxito ministerial», dañando tanto su matrimonio como su ministerio.
Si deseas evitar semejante tragedia, te animo a cuidar tu matrimonio como un delicado jardín. Usando esta metáfora, te animo a cuidarlo en al menos tres formas:
1. El jardín debe ser cultivado constantemente. El matrimonio conlleva una ardua labor de amor. Nunca subestimes la importancia del trabajo constante y diligente, de manera que procures cada día hacer el bien a tu esposa e hijos. Cosas sencillas como orar juntos, dar palabras de ánimo y agradecimiento, sacar la basura, comprar regalos, entre tantas otras, contribuyen al florecimiento del jardín.
2. El jardín debe ser protegido y liderado. Una esposa florece bajo el cuidado de un hombre protector y honorable. Sé honorable en todo sentido. Cumple tu palabra. Crece en sabiduría. Haz tu trabajo con excelencia y sé diligente en tu vida de piedad. Vuélvete un protector sobrio, bondadoso, compasivo y fuerte. Mientras más respetable eres como protector, menos amenazas alcanzarán a tu esposa.
3. El jardín debe abundar en gozo. ¿Sabías que Edén significa «deleite, gozo, delicia»? Nutre el gozo de tu pequeño jardín cada día. Trabaja duro para impulsar el gozo santo de tu esposa, su prosperidad y su florecimiento humano. Lidera tu hogar en devocionales familiares. Toma vacaciones y un día libre a la semana. Y toma en serio el disfrutar con frecuencia de la intimidad sexual.
Una vez escuché a una esposa que le dijo a su marido que aspiraba al pastorado: «Me siento tan amada y liderada por ti que desearía que toda la iglesia pudiera experimentar el cuidado que tú me das». Ese es un buen signo de un hombre calificado. Debemos cultivar un hogar tan lleno de gozo, cuidado amoroso y protección, que dichas cualidades se desborden de manera orgánica hacia el ministerio pastoral. Por lo tanto, cuida el jardín de tu matrimonio como un fundamento de tu ministerio.
Dedica tiempo exclusivo y de calidad
Christian Rodriguez, desde Colombia, responde:
Una buena forma de cuidar del matrimonio es que el tiempo con tu esposa sea diferente al tiempo con toda la familia.
El ministerio pastoral es en gran medida relacional. Debemos dedicar tiempo y esfuerzo a una buena cantidad de vínculos diferentes. ¿A cuáles daremos prioridad? Se necesita mucha sabiduría en el trato con las personas, pero no debemos olvidar que la relación conyugal es determinante para el ministerio y resulta indispensable para trazar el carácter que se requiere en un pastor (1 Ti 3:4-5). No cabe duda de que el matrimonio es una prioridad.
Sin embargo, hay una línea muy estrecha que separa la dinámica conyugal de la familiar, que suele ser difícil de percibir. Muchas veces damos por sentado que si dedicamos tiempo de calidad a la familia, entonces la «cuota matrimonial» estará cumplida, en especial cuando la tarea pastoral empieza a demandar cada vez más tiempo con otras personas.
Hace poco mi esposa me recordó que Adán no encontró la ayuda adecuada que necesitaba para gobernar la tierra como representante de Dios (Gn 2:18-25). Así que el Señor tomó una costilla del hombre para crear su ayuda ideal. Hombre y mujer se unen en una sola carne no solo con el propósito de tener hijos y ser felices, sino también para que juntos puedan ejercer una buena administración de lo que Dios les ha encomendado. No estoy diciendo que la esposa del pastor pueda ser co-pastora, sino que ella es nuestra ayuda ideal y adecuada que Dios nos ha dado para toda la vida, incluyendo nuestro apoyo para sobrellevar el ministerio.
Cultivar una buena relación con nuestra esposa es determinante para el ministerio y una buena manera de hacerlo es procurando espacios exclusivos con ella. Esa es una manera concreta de demostrarle que es la mejor ayuda que podamos tener, tanto para la administración del hogar como para recibir ánimo con las cargas del ministerio pastoral. Tener tiempos exclusivos y frecuentes como pareja hará que se cultive la confianza y proveerá de momentos concretos para dar apoyo.
Cuando un pastor y su esposa cultivan un vínculo matrimonial fuerte y sano, esto resulta en bendición para todas las demás relaciones, tanto en la familia como en el ministerio.
Establece límites para el ministerio pastoral
Damián Casella, desde Argentina, nos comparte:
Cuando un hombre es llamado por el Señor y confirmado por su iglesia para servir en el ministerio pastoral, si está casado y tiene hijos, todo su hogar se ve involucrado en los desafíos de este llamado, de forma directa o indirecta. Por lo cual, un pastor tiene el desafío de repartir su tiempo entre su familia y el ministerio. Esto sin contar si el pastor es bivocacional, como es frecuente en las iglesias de América Latina.
Esta nueva responsabilidad puede generar una sobrecarga espiritual y emocional que afecte la salud del matrimonio, por los enormes desafíos que el ministerio encierra en sí mismo. Un matrimonio involucrado en el ministerio pastoral (es decir, cuando el esposo es pastor) tendrá que hacer grandes esfuerzos y sacrificios. Por eso considero vitales algunas condiciones para mantener un equilibrio bíblico.
Por un lado, es indispensable que la esposa pueda comprender y abrazar un sano entendimiento de lo que implica ser la ayuda idónea de su esposo (Gn 2:18). Por otro lado, el esposo debe administrar con sabiduría su tiempo, lo que requiere que aprenda a poner límites claros en el ministerio.
La tendencia de los pastores es querer atender de inmediato las demandas de la iglesia que parecen urgentes, sin que reflexionen demasiado en el asunto. Pero si nos dejamos llevar por lo que parece urgente, la salud y el bienestar del matrimonio se pueden ver muy afectados. Debemos aprender a administrar bien el tiempo y a poner límites sanos. No olvidemos que cuidar y gobernar bien la casa es un requisito indispensable para el ministerio (1 Ti 3:1-6).
Además, para sobrellevar las responsabilidades eclesiales sin descuidar el matrimonio, es de mucha ayuda contar con una pluralidad de ancianos en la iglesia, donde exista una cultura de cuidado mutuo. En la iglesia donde sirvo, los ancianos dedicamos tiempo de nuestras reuniones para pastorearnos unos a otros. Además, siempre buscamos repartirnos las cargas del ministerio de manera que nadie quede sobrecargado, pues existe una gran cantidad de situaciones que, aunque no son de riesgo o gravedad, tienen la capacidad de demandar mucho tiempo.
En conclusión, he aprendido que mi mayor desafío como pastor y esposo es comprender y dimensionar el gran esfuerzo que hace mi esposa (también mis hijos) para que yo pueda ejercer el ministerio al cual Dios me llamó. Ella sacrifica de su tiempo conmigo, salidas y paseos, entre otras actividades. Por eso, los pastores necesitamos ser totalmente intencionales en poner límites en el ministerio. No dejarnos arrastrar por lo que parece urgente y separar tiempo en nuestras agendas para dedicarlo a nuestras esposas. Recuerda que el primer ministerio de un pastor es su propia familia.
El Señor nos llene de Su gracia y sabiduría para que podamos ser sabios y prudentes en cuidar el matrimonio, que conlleva tantos riesgos si lo descuidamos.