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¿Cómo podemos ser el cuerpo cuando estamos físicamente separados?

¿Cómo podemos ser el cuerpo de Cristo cuando estamos físicamente separados?

Millones de cristianos en todo el mundo están respondiendo esta pregunta durante las medidas cada vez más restrictivas que han sido implementadas para combatir la propagación del coronavirus. La Biblia usa la metáfora de un cuerpo para describir a la iglesia. Solo tenemos que considerar brevemente la separación de las partes del cuerpo para retorcernos del dolor y poner la reversa mental, alejándonos de ese pensamiento antinatural. El cuerpo está destinado para estar unido. Del mismo modo, el cuerpo de Cristo también debe estar unido. El pueblo de Dios se reúne de innumerables maneras, pero principalmente se reúne para adorar en el día del Señor. Pero ahora, en esta crisis actual, no podemos.

¿Cómo podemos ser el cuerpo de Cristo cuando estamos físicamente separados? Si bien estar físicamente presente aumenta sustancialmente nuestra comunión en el cuerpo de Cristo, no es la única esfera de nuestra unidad. En otras palabras, el vínculo como cuerpo no es primordialmente el físico, sino el espiritual. Esto significa que como cristianos todavía podemos hacernos bien el uno al otro, incluso cuando no estamos juntos.

Aquí hay cinco maneras en que podemos ser el cuerpo de Cristo, incluso cuando estamos físicamente separados.

Lee

Necesitamos pasar tiempo en la Palabra de Dios nosotros mismos (Sal. 1). El descuido del “pan de vida” es el descuido de nuestras almas. Pero descuidar la Biblia es también descuidar el cuerpo de Cristo. Pablo exhorta a la iglesia en Colosas:

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones”, Colosenses 3:16.

Del mismo modo, al mirar de frente a la apostasía, el escritor de Hebreos instruye a la iglesia a utilizar hábilmente la Palabra en el ministerio de la exhortación. ¡Realmente somos el guardián de nuestro hermano (y hermana)!

“Tengan cuidado, hermanos, no sea que en alguno de ustedes haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy’; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado”, Hebreos 3:12-13.

Cuando hablamos unos con otros, debemos decir palabras que se ajusten a la necesidad del momento e impartir gracia a los que escuchan

¿Cómo puedes servir al cuerpo de Cristo mientras estás separado? Lee la Biblia. Medita sobre lo que lees. Memorízala. Escríbela en tu corazón. ¿Por qué? Haz todo esto para que puedas tener algo con que alentar a tus hermanos o hermanas. Hay necesidades reales. La gente está herida y confundida. Si puedes tomar de tu propia comida recién hecha de la Palabra de Dios y compartirla con otros, entonces estarás sirviéndoles bien. Cuando hablamos unos con otros, debemos decir palabras que se ajusten a la necesidad del momento e impartir gracia a los que escuchan (Ef. 4:29). Para hacer esto, debemos dedicarnos a la lectura diaria de las Escrituras.

Ora

La oración es una de las cosas más obvias que podemos hacer. Estar separados por el espacio no limita el servicio que podemos brindarnos de esta manera. Un ejemplo de esto se encuentra en 1 Tesalonicenses, donde Pablo tenía un gran deseo de ver la iglesia cara a cara (1 Ts. 2:17). Sin embargo, él oró continuamente por ellos (1 Ts. 1: 2-9) y les solicitó sus oraciones (1 Ts. 5:17, 25). Del mismo modo, Pablo escribe a los Colosenses, diciéndoles: “Porque quiero que sepan qué gran lucha tengo por ustedes y por los que están en Laodicea, y por todos los que no me han visto en persona” (Col. 2:1). Pero la distancia y carga solo sirvieron para alimentar sus oraciones a favor de ellos (Col. 1:9-14).

El vínculo como cuerpo no es primordialmente el físico, sino el espiritual

Del mismo modo, en nuestro tiempo de separación, podemos orar los unos por los otros. Podemos tomar estas oraciones de Pablo y hacerlas nuestras. Podemos tomar la oración del Padre Nuestro (Mt. 6:9-14) y orarla por los demás. También podemos tomar el maná que encontramos en la Palabra y orar para que Dios haga que estas verdades sean una melodía en los oídos de nuestros hermanos y hermanas. Yo uso el directorio de nuestra iglesia para orar por la membresía de la iglesia. También incluyo invitados y asistentes, misioneros, iglesias hermanas, y amigos en el ministerio. Haz una lista organizada de peticiones por tu iglesia local. Ora por los ancianos y sus familiares. Si bien puedes estar en cuarentena, tus oraciones no lo están. Ellas son olor fragante para el Omnipotente. Y Él se deleita en escuchar a su pueblo orar.

Lucha

Dado que somos miembros de un cuerpo, importa lo que hagamos con nuestros cuerpos físicos. Hay implicaciones para nuestra unión como iglesia. Debemos perseguir la santidad y ser intolerantes al pecado. El punto de la disciplina de la iglesia (Mt. 18:15-18; 1 Co. 5:1-14) es purificar la iglesia. Si un miembro de la iglesia no vive a la luz de su profesión de fe, otro miembro va a su lado para recordarle amorosamente la Palabra de Dios. Si la persona cede al pecado y continúa viviendo de una manera impenitente, afecta a la iglesia. En este punto, Pablo reprende la negligencia de los corintios al decirles: “La jactancia de ustedes no es buena. ¿No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa? Limpien la levadura vieja para que sean masa nueva, así como lo son en realidad sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado” (1 Co. 5:6-7).

La lucha de la que estoy hablando es contra nuestro propio pecado. Con el entendimiento de que somos parte del cuerpo de Cristo, queremos luchar contra el pecado que contaminaría el cuerpo. Al igual que no querrías hacer algo que te hiciera daño a ti mismo, tampoco quieres dañar el cuerpo. Durante este tiempo de aislamiento por el coronavirus, los informes reportan el aumento de todo tipo de actividades indeseables. Los pecados como la embriaguez, el abuso, y la pornografía, entre otros están aumentando. Como cristianos, no consideramos este tiempo como una temporada de relajamiento moral o autocomplacencia, sino de santidad a través de la renuncia a nosotros mismos. Debido a que somos de Cristo (Ro. 8:13; Col. 3:5), debemos luchar contra el pecado y mortificarlo. Y si somos de Cristo, entonces somos parte de su cuerpo.

Sirve

El servicio es lo que hacemos juntos como cuerpo, ayudándonos el uno al otro a conocer y seguir a Jesús

Estar separado puede hacer que servir sea más difícil. Nos obliga a ser creativos. En lugar de reunirnos en persona, podemos levantar el teléfono y llamarnos para saber cómo estamos. También podemos enviar mensajes de texto, escribir por correo electrónico, o llamarnos por videoconferencia. En la actualidad, aún podemos escribir una carta y enviarla por correo. Haz que la meta detrás de esta interacción intencional sea hablar palabras de aliento y gracia el uno al otro. Recuérda a otros lo que Dios ha impreso en tu corazón. Diles cómo has estado orando por ellos. Pregúntales si tienen alguna necesidad física, financiera, o de otro tipo. Quizás se necesite buscar algunos alimentos, arreglar alguna gotera, o pagar facturas. A medida que surjan estas necesidades, contacta a los ancianos y diáconos para informarles. Ten cuidado de no reducir el servicio solo a las cosas que hacemos en la iglesia. El servicio es lo que hacemos juntos como cuerpo, ayudándonos el uno al otro a conocer y seguir a Jesús.

Da

Una expresión de ser parte del cuerpo de Cristo es ofrendar regular, alegre, y sacrificialmente para la obra del Señor en nuestras iglesias locales. Si bien la crisis actual tiene implicaciones de largo alcance, la iglesia local no está exenta. Aunque las iglesias no se están reuniendo públicamente, continúan teniendo necesidades. La iglesia depende de las donaciones regulares de sus miembros para apoyar a los misioneros, pagar al personal de la iglesia, pagar la hipoteca y servicios, así como las necesidades de benevolencia en el cuerpo. Cada miembro también debe considerar cuidadosamente y en oración su servicio a la iglesia en esta área.

Hay muchas otras formas en que la iglesia puede ser la iglesia cuando no se reúne físicamente. Estoy agradecido de que, si bien estos son nuevos desafíos para nosotros, no son una sorpresa para Dios. Él tiene el control, y sigue firmemente comprometido con su iglesia. Busquemos su sabiduría para hacer lo mismo.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición. 
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