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Recuerdo lo bonitas que sonaban las palabras del pastor el día de nuestra boda. Mi esposo era llamado a ser cabeza del hogar, el líder que amaría, protegería, y proveería a mi vida. Yo sería la ayuda idónea, su complemento que diera gloria a Dios. Me llenaba de miedo, pero a la vez de emoción, pensar cómo sería esto en nuestra vida de casados.

Luego viene la realidad: crisis, pérdida de trabajos, conflictos, tensión, enfermedad, carencia económica, etc. Bajo estas dificultades recordamos nuestro llamado: debemos ser la ayuda idónea de nuestro esposo. Y en medio del caos, las cosas cambian. Ya la frase no parece linda.

Pero es entonces, en medio del fuego, que Dios nos refina, y lo mejor de todo es que nos muestra y nos da más de Él por pura gracia. Con esto en mente, quiero darte tres consejos que pueden ayudarte a dejar que el Señor te fortalezca para la desafiante labor de ser la ayuda idónea de tu esposo durante las crisis, particularmente, si él está desempleado.

1. Ve a la cruz

No hay descanso más grande para el alma que ir a la cruz y saber que tenemos acceso directo al Padre por medio de Jesús (Heb. 4:14-16). Experimentar el evangelio al rendir nuestras quejas y planes, y sentarnos a los pies de Cristo por medio de su Palabra y la oración.

¡Que bálsamo es saber que no venimos con plena confianza al Dios santo por nuestros méritos, o si las cosas van bien en nuestra vida, o porque tenemos un buen trabajo o logros académicos! Nada de esto tiene la capacidad de hacernos aceptas delante del Dios justo y santo. Solo la fe en Jesús y su sacrificio puede darnos la entrada con confianza al trono de la gracia, y estas son muy buenas noticias.

Ve a la cruz una y otra vez cuando la duda, preocupación, y frustración amenazan con invadir tu corazón

Ve a la cruz una y otra vez cuando la duda, preocupación, y frustración amenazan con invadir tu corazón. Las crisis son oportunidades para acudir al Señor sabiendo que en Él no hay condenación (Ro. 8:1), y sobre esta verdad pedirle que use las pruebas para revelar las áreas que Él desea transformar en nuestra vida.

¿Nuestra confianza o gozo dependen de si nuestro esposo tiene trabajo? ¿Eres más irritable ahora que tu esposo está desempleado? ¿Has puesto tu esperanza en un trabajo para tu esposo por encima de poner tu esperanza en quien provee un trabajo y todo lo que necesitamos? Ve a la cruz sabiendo que eres amada y sostenida aún en esas áreas de crecimiento y lucha con el pecado. Pídele al Señor que remueva estas cosas de ti para que, en medio de la prueba, Él trabaje en tu corazón y en dónde pones tu seguridad y esperanza.

2. Ama a tu esposo con el amor de Cristo

Empapa a tu esposo de un amor que lo apunte al Señor (Ef. 5:1-2). Con las fuerzas y gozo en Cristo, ama a tu esposo con palabras, actitudes, y acciones que demuestren respeto y lealtad.

No podemos dar lo que no tenemos, y cuando no estamos llenándonos de la Palabra de Dios y no somos conscientes de su presencia en todo momento, estaremos vacías espiritualmente y emocionalmente para dar a otros. Pero todo cambia cuando bebemos de las profundas aguas de la Palabra y nos postramos en oración ante el Único que puede saciarnos.

Sumergidas en el amor de Dios en nuestros días buenos y también en nuestros peores días, amemos a nuestros esposos al abrazarlos más que criticarlos, y a fortalecerlos con palabras llenas de paz. Usemos palabras que edifican y muestran que estamos con y para ellos, tanto cuando hay trabajo como cuando no lo hay.

Debemos estar tan sumergidas en las promesas y el carácter de Dios que lo natural sea confiar, confiar, y confiar

Recuérdale el evangelio y su identidad en Cristo con o sin empleo. Dile que lo respetas y busca maneras creativas de servir a su corazón desanimado, sabiendo que nada de lo que hagas es un remedio garantizado para el desánimo y la frustración de tu esposo, pero sí son medios de gracia que Dios usa para fortalecerlo y animarlo a confiar en Él.

3. Recuerda que Su provisión es segura

Usa esta crisis como una oportunidad para confiar y esperar en la provisión prometida de Dios. Lee Mateo 6:25-34. Mira el texto. Repásalo. Medítalo. ¿No es maravilloso que Dios promete proveernos? Debemos estar tan sumergidas en sus promesas y carácter que lo natural sea confiar, confiar, y confiar. Confiar en que Él nos suple y sostiene conociendo más que nosotros mismos lo que necesitamos, y lo que nos dará según Su buen plan para cada uno de nosotros.

Mientras hay una diligente búsqueda por trabajo, confía y espera en el Señor soberano que mueve cada pieza de su creación para darnos conforme a Su voluntad y su tiempo lo que necesitamos, para nuestra sobrevivencia. Pero más allá de esto, para nuestro crecimiento en amor, dependencia, fe, y piedad para la gloria de Dios.

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