¿Buscas para ti grandes cosas? No las busques

Probablemente es una señal de mi edad avanzada, pero no es nada raro que un pastor joven o un estudiante de teología me haga la pregunta: “¿Qué decisiones tomaste para llegar a donde estás hoy?”. Me temo que siempre desilusiono a mis interrogantes. Nadie está más sorprendido que yo al ver las vueltas que mi vida ha tomado.

Escucho una variación de esta pregunta que, aunque no es tan frecuente, tampoco es rara. En los párrafos siguientes, consolidé diferentes preguntas que se me han hecho recientemente, preguntas que pueden ser agrupadas de manera útil. Algunas de ellas surgen de jóvenes cristianos y apasionados que tienen antecedentes carismáticos. Sin embargo, preguntas similares, con variaciones, son planteadas por jóvenes cristianos y apasionados con convicciones cesacionistas. Si tuviera que hacer una combinación de estas preguntas, serían algo así como lo siguiente:

Varias veces durante los últimos años, algunos hermanos y hermanas en Cristo han orado por mí o profetizado sobre mí, diciendo que me ven ministrando a “masas”, o a “grandes multitudes”, o “predicando a las naciones”, o cosas similares. Algunos me han dicho que tengo el potencial para ser el próximo Spurgeon [o Whitefield, o Billy Graham, o quien sea].  Una persona simplemente oró la palabra “fama” sobre mi.

Francamente, creo que estas voces son emocionantes e inquietantes a la vez —emocionantes porque me gustaría ministrar a un gran número de personas, y si soy sincero, disfrutaría de su aprobación; sin embargo, inquietantes, porque sé que soy vano, y podría perseguir fácilmente el reconocimiento público por razones pecaminosas —menos para servir y más para ganar la adulación de la gente. Sin embargo, hay que decir que sé de hombres y mujeres de Dios que han usado con astucia sus medios, dones, y reputación, para obtener posiciones importantes en la historia que maravillosamente han glorificado a Dios.

Así que ahora me encuentro luchando con Dios, temeroso de mi orgullo, pero preguntándome si debería intensificar mis esfuerzos para ser lo más útil posible. Así que una parte de mí quiere ocultarse y servir en los lugares más pequeños y secretos, evitando las tentaciones asociadas con ser el centro de atención. Pero, por otro lado, si he de tomar en serio lo que algunos me han dicho, ¿no debería estar tratando de establecer conexiones, estudiar ciertas cosas, y pedir consejo a personas que han estado en torno al poder y que aparentemente no han sido corrompidos por él? Temo que el orgullo me lleve a evadir un ministerio más visible; temo que el orgullo me destruya en un ministerio muy público. Por favor, guíame si puedes y ora por mí, que pueda obtener claridad y una mayor humildad.

Las preguntas que estos jóvenes están haciendo son importantes y multifacéticas. Cualquier respuesta, incluso una respuesta inadecuada como esta, necesariamente requerirá un poco de matiz. Respondería algo así como lo haré a continuación, enumerando varios puntos, sin un orden de importancia en particular.

(1) Vamos a empezar con las palabras: “Sé de hombres y mujeres de Dios que han usado con astucia sus medios, dones, y reputación para obtener posiciones importantes en la historia que maravillosamente han glorificado a Dios”. Es la frase “usado con astucia” que me preocupa, ya que implica que estos creyentes han resuelto asuntos con ingenio, han jugado sus cartas bien, elegido sus cursos, tomado sus decisiones —en resumen, han aprovechado sus “medios, dones, y reputación”— para poder desempeñarse en posiciones importantes en la historia, roles “que maravillosamente han glorificado a Dios”. Evidentemente, los motivos de los cristianos pueden ser bastante distintos, como en una mezcla, ¡pero eso no hace que la mezcla sea buena! Los que verdaderamente son piadosos dudarán mucho de “usar con astucia” sus dones y oportunidades para tomar posiciones donde sobresalgan: temerán más bien sus propios motivos. Su mayor deseo será la fidelidad.

(2) Por otra parte, no son pocos los líderes que buscaron posiciones de fama y terminaron naufragando moral y espiritualmente. Dios no da su gloria a otro. No necesitamos mencionar nombres: es fácil pensar en algunos de ellos. Por el contrario, Juan Calvino no se propuso hacerse de un nombre en Ginebra. Guillermo Farel tuvo que convencerlo a permanecer allí en 1536. Después de que ambos fueron expulsados, Farel le insistió mucho a que regresara en 1541. Así que ten mucho cuidado con el uso de frases como “usar con astucia”.

(3) De manera pragmática, si el Señor pone una visión grande en tu corazón, siéntete libre de pensar en grande, pero comienza con algo pequeño: tareas pequeñas, multitudes pequeñas, y relaciones fieles. Tim Keller pasó los primeros doce años de su ministerio pastoral en la ciudad rural de Hopewell, Virginia. Es allí donde aprendió a predicar y a dar respuestas simples y directas. Lloyd-Jones pasó once años como pastor en Sandfields, en la ciudad de clase trabajadora de Aberavon en Gales, y esperaba sinceramente pasar allí toda su vida antes de ser llamado a Londres. En un momento crucial de la vida de Spurgeon, tuvo la tentación de apartarse de su ministerio para obtener más educación. La educación puede ser algo muy bueno, por supuesto, pero también puede ser un estímulo a la arrogancia. Spurgeon relató de cómo cruzó un parque ya en la noche, al regresar de Waterbeach a su alojamiento en Cambridge. Él escribe: “Y me pareció oír una voz detrás de mí diciendo: ‘¿Buscas para ti grandes cosas? ¡No las busques! No las busques’”. —refiriéndose, por supuesto, a Jeremías 45:5. Si de hecho Dios ha de ponerte en un ministerio destacado, asegúrate de tener en claro que es obra de Dios y no tu propia maquinación. Así serás más propenso a responder con gratitud en vez de orgullo.

(4) Si esto ayuda, en una escala mucho más pequeña, hice una promesa hace mucho tiempo de nunca aceptar o rechazar una invitación basándome en los números de personas o en el dinero. Cuando los estudiantes me preguntan cómo fue que “planeé” para estar en esta posición en este momento de mi vida, yo simplemente me río. Una y otra vez el Señor me ha sorprendido, y me sumergió en situaciones que, a su tiempo, estuvieron llenas de bendición. Es cierto que a veces me pregunté qué sería lo más “estratégico”, pero traté de no medir lo “más estratégico” en términos de números, dinero, y fama, sino en lo que fuera más necesario. Yo no planeé ser pastor; yo no planeé obtener un doctorado; yo no planeé pasar a los Estados Unidos; yo no busqué un lugar en la facultad de TEDS; cuando Tim Keller y yo comenzamos a hablar de lo que se convertiría en The Gospel Coalition, no teníamos idea de que sería algo parecido a lo que es ahora; y así sucesivamente. No estoy diciendo que cualquiera de estos planes habría sido malo, pero sí estoy diciendo que mi vida es testimonio de la gracia sorprendente de Dios, ¡en vez de mi propia planeación!

(5) Mientras que la mayoría de nosotros vamos por la vida con miedo de que la gente piense muy poco de nosotros, uno no puede dejar de notar que Pablo anduvo por la vida con miedo de que la gente pensara muy alto de él (2 Cor. 12:6). Si creces en tu conocimiento del pecado y de tu propio corazón, y de la gracia incomparable en la cruz, tu temor también aumentará y correrá en la misma dirección que Pablo, y el buscar un ministerio destacado se convertirá en algo temible en vez de codiciado.

(6) Para serte franco, desconfío de los que pronuncian profecías declarando la fama y el éxito en ciertas personas. No estoy diciendo que tales profecías no puedan ser válidas, pero me preocupa que suenan sospechosamente como una versión espiritualizada del evangelio de la prosperidad, salud, y riqueza. Después de la experiencia en el camino a Damasco, Dios no le dice a Pablo lo influyente que iba a ser, sino cuánto le era necesario padecer por Jesús. Pablo les dice a los Filipenses que se les ha concedido (!!) por amor de Cristo no solo creer en Él, sino también sufrir por Él (Fil. 1:29). ¿Por qué es que tan pocas aparentes profecías hoy en día le dicen a la gente lo mucho que sufrirán por causa de Cristo?

(7) En los relativamente pocos casos en la Biblia donde Dios promete grandeza a un individuo, siempre hay limitaciones e implicaciones difíciles. Sí, a Abraham se le fue dicho que se convertiría en padre de una multitud, y de muchas naciones. Pero esa fue una promesa que tenía que entender en fe, porque la promesa ciertamente no se cumplió en su vida. Dios le dice a David que establecerá, a través de sus herederos, una dinastía eterna. David responde correctamente con agradecimiento asombroso (2 Sam. 7:18-29), pero también hay que recordar que su posición de liderazgo no le impidió cometer pecados graves y horribles. Sí, Dios le dijo a Pablo que él llegaría a ser el apóstol de los gentiles, pero ese ministerio fundamental vino con azotes en su vida, los cuales enumera en 2 Corintios 11:23-33. Lee la lista lentamente, y pregúntate cuánto es que quieres ese ministerio destacado. En la mayoría de los casos, los grandes ministerios públicos te ponen en el blanco público.

(8) Lo que Dios considera un ministerio “importante” es rara vez lo que nosotros pensamos. Cuando los santos vayan marchando a la patria celestial, la viuda que dio lo poquito que tenía sin duda estará más cerca de la cabeza en la fila de lo que estarán muchos cristianos filántropos. Y (¿me atreveré a decirlo?) pastores de algunas iglesias pequeñas, pastores como mi padre,1 estoy seguro, estarán por encima de nombres que son más conocidos en los tribunales humanos. Los dones y la gracia de Dios son suyas para distribuir según su voluntad: algunos trabajan doce horas, y parecen ser fuertes en la tierra; otros trabajan durante una hora, y si el maestro decide darle a ambos la misma “recompensa”, esto nos recuerda que las “recompensas” las da Él, y todos somos deudores por la gracia. Estoy totalmente convencido de que en el último día habrá un sin número de hermanos y hermanas en Cristo, desconocidos en los registros de la historia, muchos de ellos analfabetos o semianalfabetos, que murieron de hambre, fueron calumniados, golpeados, encarcelados, escarnecidos, y finalmente asesinados (“el mundo no era digno de ellos” [Hebreos 11:38]), hermanos y hermanas que nunca disfrutaron ni un día de “ministerio destacado”, pero que recibirán la corona de los mártires que nunca podrá ser obtenida en los ministerios destacados.

¿Buscas para ti grandes cosas? No las busques, no las busques.


[1] Ver DA Carson, Memoirs of an Ordinary Pastor: The Life and Reflections of Tom Carson (Wheaton, IL: Crossway, 2008).
Publicado originalmente en Themelios. Traducido por Yajaira Marmolejo.
Imagen: Lightstock
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