No necesitamos experiencias sobrenaturales: La cruz es la prueba del amor de Dios

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Como buen latino que ha ido profundizando en su teología, yo he ido moviéndome en mi entendimiento acerca del fin del mundo[1]. Y si bien la escatología no es necesariamente un tema de primera importancia, en oración le pedí al Señor que me ayudara a que este año 2017 sea el año donde pueda afincarme en una postura. Por esa razón, he estado estudiando el tema con más frecuencia que antes.

En medio de este estudio me encontré con esta serie de 26 clases sobre escatología por el Dr. Don Carson (gratuitas, en inglés), y las estoy disfrutando poco a poco. Hay muy pocos académicos hoy en día como Carson, y además de su profundidad teológica, eso se evidencia en su corazón pastoral. En su segunda enseñanza, al tratar Apocalipsis 1:5b (“Al que nos ama y nos libertó de nuestros pecados con Su sangre”), él presentó esta conversación que sostuvo con una pareja en Papúa, Nueva Guinea. Ahí él presentó un eficaz recordatorio de cómo la cruz, y solo la cruz, es la prueba máxima del amor de Dios por nosotros. A continuación la historia, traducida y editada para claridad[2].


En este día en particular, yo fui a visitar la casa de esta pareja. Yo había dicho algunas cosas en un sermón que a esta pareja no les gustó, y ellos querían interactuar un poco conmigo.

Me comentaron cómo hace un tiempo había venido de visita un predicador desde los Estados Unidos. Él estaba lidiando con adultos que habían sido abusados como niños, y que se sentían alejados de Dios como resultado de ese abuso. Tenían todo tipos de historias de cómo es difícil sentirse amados por Dios cuando nunca has sentido amor de tus padres. Así que este predicador estaba tratando de ayudar a la gente que venía de este trasfondo a reimaginar su parto. Y este misionero me contó que él había reimaginado cómo él salió del vientre de su madre y Jesús estaba ahí para atraparlo y abrazarlo. Y fue algo tan conmovedor para él que él solo lloraba y lloraba y lloraba. Esta era la primera vez que él se había sentido amado por Jesús, y causó una catarsis tremenda en él.

“Ahora, ¿vas a criticar eso?”, me preguntó. Y es que yo había criticado algunas de esas cosas en algunos sermones. Él me dijo, “¡Me ayudó! Me siento más maduro, más estable, más amado por Cristo. ¿Hay algo malo en eso?”.

¿Qué hubieras respondido tú? “Bueno, es mejor que no te sientas amado por Cristo. Muchas gracias”.

No, lo que le dije fue: “Mira, si como consecuencia de esta experiencia puedes sentir mejor el amor de Dios en Cristo Jesús, qué bueno. No te voy a apedrear. Pero déjame decirte que, francamente, te has quedado con lo segundo y no con lo mejor”.

Y él me dijo, “¿excúsame?”.

Entonces le dije, “¿Dónde en la Escritura se muestra el amor de Cristo de una manera más evidente? Se manifiesta en la encarnación. Se manifiesta en los sufrimientos, de manera máxima en la obra de la cruz de Cristo. ¿No es de eso que hablan una y otra y otra vez los escritores del Nuevo Testamento? ¿No es eso lo que está pasando ahí en Apocalipsis 1? ¿No es de eso que habla Pablo cuando describe la justificación en Gálatas 2:20-21?…”.

Lo que le dije fue esto: “Mira. Pudiste haber tenido la misma catarsis. Pudiste tener el mismo sentimiento de reintegración emocional en el contexto de la aplicación de verdades básicas del evangelio. ¿Dónde nos habla la Biblia de proyectar en nuestra imaginación a Jesús estando ahí en el vientre de tu madre mientras caes de su barriga?
“Lo que está claro es que, en tu mente”, le dije, “No estás pensando en el poder del evangelio para reintegrar tu vida, sino en el poder de tu imaginación. Si estás reintegrado y empiezas a sentir bien otra vez, no voy a lanzarte piedras. Pero has elegido lo segundo mejor. Lo has alineado y asociado en tu mente no con lo que Dios dice que deberías haberlo asociado, sino más bien con algo que, con el tiempo, si no se mantiene a cuentas, pudiera eventualmente a llevarte a todo tipo de soluciones psicológicas y a ideas tipo meditación trascendental y cosas similares. Eso en vez de la demostración del amor de Dios más preciada, histórica y centrada en Dios, a saber: la cruz.

Te digo con honestidad que pudiste tener toda esa experiencia emocional de reintegración, de quebrantamiento, todas esas lágrimas, al meditar en un pasaje como Efesios 3:14-21, “(que) sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento”. Lo que necesitas es poder integrar tu comprensión experiencial del amor con el evangelio. De lo contrario, solo es cuestión de tiempo para que te vayas alejando a una mera búsqueda de experiencias divorciada de la revelación de Dios en el evangelio”.

Amén, y Amén. Cuán necesario es para nosotros en el mundo hispanohablante que dejemos de buscar sentir el amor de Dios en algo que nos pasó o algo que soñamos, y más bien lo sintamos verdaderamente donde fue revelado como en ningún otro lugar: el Cordero en el madero.


[1] Inicié como Dispensacional, por supuesto. Al conocer la teología reformada, me fui al Amilenialismo (por supuesto). Pero luego regresé paulatinamente al Premilenialismo Histórico. Y ahora mismo estoy ahí, pero el Amilenialismo sigue llamándome.
[2] Le doy las gracias a Kevin Halloran por su transcripción de este audio, y por recordarme que quería escribir este blog con su entrada.

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