¿De quién tratan tus redes sociales?

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Este año quise hacer una resolución diferente. Además de leer la Biblia en un año y de mantener un diario de oraciones, quise tomar una fotografía cada día y compartirla en Instagram. Mi propósito es simple: Quiero recordarme a mí mismo a detenerme y mirar con otros ojos lo que sucede a mi alrededor. Claro, también quiero mejorar mis (limitadas) habilidades como fotógrafo, y poder mirar atrás y ver en fotografías qué Dios ha hecho en mi vida y en quienes me rodean. Como Piper dijo, “A cada momento Dios está haciendo un millón de cosas en tu vida y tú estás al tanto de quizás tres”; quisiera ver atrás y quizás apercibirme de una cuarta o una quinta obra de Dios.

Muchas veces los cristianos somos muy reactivos y poco proactivos. Lamentablemente, tenemos una marcada tendencia a hacer las cosas sin meditar en por qué lo hacemos. Y últimamente lo he visto en la forma que usamos las redes sociales. Al punto: Creo que nuestras redes sociales están demasiado llenas de nosotros mismos.

Déjame dejar claro que esta no es una diatriba en contra de Facebook o Twitter. Creo que estas son herramientas muy útiles y valiosas, y Dios las ha estado utilizando de una manera sorprendente para la propagación de su evangelio. A la vez, quisiera reflexionar en lo que nos dice el Espíritu Santo en Gálatas 2:20: “Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

En el contexto, el apóstol Pablo está haciendo una comparación entre la salvación por las obras de la ley y la herencia judía, y la verdadera salvación que viene solo por la fe en la persona de Jesús. Si lees Gálatas dos, Pablo está diciendo “A mí no me importa haber nacido como Judío, ni que haya otros apóstoles antes de mí, ni que yo haya buscado cumplir la ley, ni que tenga el favor de los principales de la iglesia: a mí lo que me importa es ser hallado en Cristo. Mi vida no es mía”. Llegar a este nivel de entrega, donde genuinamente ya no confiamos en nosotros ni estamos buscando ser nosotros los primeros, es solo posible por la gracia de Dios, obrando en nosotros un esfuerzo de matar el yo cada día.

¿Qué tiene que ver con las redes? Bueno, abre tu red social preferida, y mira a ver si puedes decir “en mi Facebook, ya no soy yo el que vive”. ¿De quién se tratan tus posts? ¿Quién es el protagonista principal de todas tus fotos? Y mira que entiendo perfectamente que muchos usamos Facebook como nuestra forma de comunicarnos con amigos y familiares. No te sientas juzgado: estamos en esto juntos. Entonces, ¿quién sale a relucir en tus comentarios? ¿En tus interacciones con los demás? ¿Queda claro que ya no vives tú?

¿Qué tal vamos en Twitter? Confieso que esta es mi red social favorita. ¿De quién tuiteamos? ¿Te imaginas que esta fuera realmente la cuenta del apóstol Pablo?

Resulta gracioso, pero si nos descuidamos, así mismo pueden lucir nuestras redes, saturadas de nosotros mismos, de felicitaciones a lo que nosotros hacemos, de nuestras opiniones y nuestros deseos y nuestras vidas, aun cuando no tenemos una mala intención y genuinamente queremos apuntar al Señor.

Por último, ¿qué tal vamos en nuestro Instagram? ¿Qué tantas fotos son de nosotros mismos, aun haciendo la obra de Dios? El principio detrás de orar en nuestro aposento, en secreto (Mt. 6:6), de no dejar saber nuestras ofrendas (Mt. 6:3), y de que nuestro ayuno no sea evidente (Mt. 6:17) debe hacernos dudar, pienso yo, de promocionar lo que estamos haciendo para Dios. ¿Qué habrá en nuestros corazones cuando andamos subiendo cada foto que nos tomamos? Es una pregunta genuina: no sé qué hay en cada corazón, pero sí te pido que me acompañes a orar para ver cómo podemos dejar evidente que nuestra gloria no está en nosotros sino en el Señor crucificado.

Entonces, ¿de quién se tratan tus redes sociales? ¿Cómo están colaborando para que tú luzcas pequeño y Cristo se mire bien grande? ¿Cómo anuncian que tú estás crucificado, que Cristo vive en ti, y que la vida que vives lo haces en la fe en el hijo de Dios? Que este sea un año donde Dios nos encuentre fieles, para su gloria y nuestro verdadero gozo. Porque es necesario que nosotros mengüemos, aun en nuestros perfiles, para que Él crezca.

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