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Me arrepentí de mis pecados y conocí a mi Salvador y Señor Jesucristo cuando la mayor de mis tres hijos tenía tres meses. Hoy, me encuentro, como dicen, “con el nido vacío”, pero viví diferentes etapas de mi vida con los hijos en el hogar mientras busqué servir en la iglesia.

Esta es una de las razones por las que a menudo recibo preguntas sobre cómo servir cuando los hijos demandan tanto tiempo. 

Quisiera que pudiéramos ver este tema a través de la Palabra de Dios, ya que podemos tener entendimiento errado de lo que significa el servicio. En este asunto, es importante tener un equilibrio que provenga de lo que nos enseña el Señor, y al mismo tiempo considerar el contexto de iglesia donde te encuentres, el país y ciudad.

A continuación, veamos dos lugares importantes en los que podemos servir a Cristo con nuestros dones y lo que dice la Biblia al respecto:

Servicio en el hogar

En primer lugar, debemos entender que ser esposas y madres es una responsabilidad seria: 

“Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta; no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno, que enseñan a las jóvenes que amen a sus  maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos para que la palabra de Dios no sea blasfemada”, Tito 2:3-5.

La Biblia enseña que el primer ministerio para nosotras está en el hogar. El servicio a nuestro esposo e hijos es bíblico. No atender este llamado tiene como resultado blasfemia contra la Palabra de Dios.

Es posible servir en casa para la gloria del Señor. Pablo escribe por inspiración divina: “Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co. 10:31).

Servicio en la Iglesia

En segundo lugar, las mujeres cristianas tenemos la responsabilidad de usar nuestros dones y talentos en la comunidad de la iglesia. Considera, por ejemplo, la forma en que vivían los miembros de la iglesia temprana:

“Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento  del pan y la oración… Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad cada uno. Día tras día  continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y El Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos”,  Hechos 2:42, 44-47.

Muy bien, dirás, pero ¿cómo puedo hacer esto cuando mis hijos demandan tanto tiempo?

Servicio en la práctica

Pensando en esto, quisiera compartir contigo algunas cosas que me ayudaron en medio de las diferentes etapas de la vida con nuestros hijos en casa:

1) Oraba al Señor por sabiduría para discernir, entre las diferentes formas en que podía servir, lo que era más adecuado para ese tiempo (Stg. 1:5)

2) Buscaba el consejo de mi esposo, entendiendo que eso es parte de mi sumisión hacia él como el líder de nuestro hogar (Ef. 5:22-33).

3) Pedía consejo a mi mentora y rendía cuentas, ya que ella ya había pasado por esta etapa y también me contaba de las cosas que en algún momento no hizo bien.

4) Incluí a mis hijos en el servicio durante las diferentes etapas de su crecimiento. Por ejemplo, cuando estaban de meses, fui parte del ministerio de oración. Más tarde, al cumplir la edad para entrar a sala de cuna de la iglesia, serví en ese lugar un domingo de cada mes. Luego pasamos a la escuela dominical para niños. En este época también ayudaba a la iglesia en la planificación de donaciones de ropa a niños necesitados y hacíamos visitas a los ancianos y abuelos de la iglesia.

Cuando tenían entre 8 y 12 años, habían ministerios en los cuales su papá estaba involucrado y nosotros ayudábamos en lo que necesitara. Cuando fueron adolescentes, tenía un grupo en casa de jóvenes y adultas en diferentes horarios. Nuestros hijos compartían la adoración allí y también en el ministerio de mujeres. Además, hacíamos comida en casa para compartir con hermanos de diferentes edades. Cuando había tiempo de desastres naturales, nos disponíamos a ayudar de la forma que fuera posible.

Siempre hay oportunidad de servir

Dios puede usarte para el servicio en cualquier contexto, país o ciudad, donde se encuentre tu iglesia local. Servir no se trata de la cantidad de ministerios en los que podamos estar, ni de los pretextos que se puedan dar por tener niños pequeños, sino de la actitud de nuestro corazón. Busquemos ser imitadoras de Cristo:

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que Se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres”, Filipenses 2:3-6.

Te animo a buscar formas de servir en tu iglesia e incluir a tus hijos para asentar un hábito de servicio en sus vidas desde temprano, viendo en ti un modelo de mujer que cuida de ellos como la Biblia manda y está dispuesta a servir a otros siguiendo el ejemplo de nuestro Señor.


Imagen: Lightstock.
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