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Este artículo es probablemente lo más cercano a una respuesta sobre cómo votaré en las próximas elecciones presidenciales.

¿Probablemente?

Correcto. Solo Dios sabe lo que puede pasar en los próximos días.

Nada de lo que digo aquí tiene la intención de dictar cómo deben votar los demás, sino más bien de señalar una perspectiva que parece que se ha descuidado. Sí, esta perspectiva influye en mi voto. Pero no necesariamente estás pecando al sopesar las cosas de manera diferente.

En realidad, este es un artículo que he trabajado por un tiempo, el cual intenta explicar por qué sigo desconcertado al ver que tantos cristianos consideren impenitentes los pecados de inmoralidad sexual (porneia), jactancia (alazoneia), vulgaridad (aischrologia), disensiones (dichostasiai) y otros similares, que son solo tóxicos para nuestra nación, mientras que las políticas que respaldan el asesinato de bebés, el cambio de sexo, la limitación de la libertad, y la extralimitación socialista se consideran “mortales”.

La razón por la que pongo esas palabras griegas entre paréntesis es para recordarnos que estos son pecados mencionados en el Nuevo Testamento. Para ser más específicos, son pecados que destruyen a las personas. No solo son mortales. Son mortales para siempre. Conducen a la destrucción eterna (2 Ts. 1: 9). Destruyen personas (Hch. 12: 20-23). Y a través de las personas, destruyen naciones (Jer. 48: 29–31, 42).

Personas

El perdón a través de Cristo siempre es posible donde hay arrepentimiento y confianza —como la de un niño— en Jesús (Mt. 19:14). Pero donde no hay arrepentimiento humilde, los pecados condenan. El Nuevo Testamento enseña que “los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gá. 5:21) y que “los que practican tales cosas merecen morir” (Ro. 1:32).

A lo que tú podrías argumentar: “¿Y qué? Rechazar a Jesús como Señor también conduce a la muerte, pero estás dispuesto a votar por un no cristiano, ¿no es así?” Lo estoy, asumiendo que hay suficiente superposición entre la rectitud bíblica y la manifestación visible de su carácter y convicciones. 

Mi punto hasta el momento es elevar el estándar de lo que es modelado externamente en el liderazgo, para que los cristianos hagan un alto. No es poca cosa tratar a la ligera un patrón de comportamientos públicos que conducen a la muerte.

Naciones

De hecho, creo que es un grave error pensar que las influencias mortales de un líder provienen solo de sus políticas y no también de su persona. Esto es cierto no solo porque la flagrante jactancia, vulgaridad,  inmoralidad, y rebeldía son inculpatorias en sí, sino también porque corrompen la nación. Se alejan de los centros de influencia para infectar culturas enteras. Los últimos cinco años atestiguan claramente esta infección en casi todos los niveles de la sociedad.

Es un grave error pensar que las influencias mortales de un líder provienen solo de sus políticas y no también de su persona

Esta verdad no es exclusivamente cristiana: “Un poco de levadura leuda toda la masa” (1 Co. 5: 6). “Las malas compañías arruinan las buenas costumbres” (1 Co. 15:33). Ya sea que ande con esa compañía en su casa o en las redes sociales, estacorrompe. Hay pecados que “llevan a la gente a más y más impiedad” a medida que “su palabra [se propaga] como gangrena” (2 Ti. 2: 16-17).

Existe una conexión de carácter entre gobernantes y súbditos. Cuando la Biblia describe a un rey diciendo: “Él pecó e hizo pecar a Israel” (1 R. 14:16), no significa que les torció el brazo. Significa que su influencia moldeó a la gente. Ese es el llamado de un líder. Toma la iniciativa para dar forma al carácter de su pueblo. Así es como funciona. Para bien o para mal.

Políticas y personas

¿No es desconcertante, entonces, que tantos cristianos parecen estar seguros de que están salvando vidas humanas y libertades al tratar como mínimos los efectos destructivos de la propagación de la gangrena del pecado de alto perfil, prepotente y que moldea la cultura? Este punto tiene una especial relevancia para los cristianos.

La libertad y la vida son valiosas. Todos queremos vivir y ser libres para buscar la felicidad. Pero si nuestras libertades, o incluso nuestras vidas, se ven amenazadas o arrebatadas, la esencia de nuestra identidad en Cristo, la certeza de nuestro gozo eterno con Cristo y la santidad y el amor por los cuales hemos sido salvados por Cristo, nada de esto perdemos con la pérdida de la vida y la libertad.

Por lo tanto, los cristianos comunicamos una falsedad a los incrédulos (¡que también están desconcertados!), cuando actuamos como si las políticas y leyes que protegen la vida y la libertad fueran más valiosas que ser cierto tipo de persona. La iglesia está pagando caro, y seguirá pagando, pues seguimos comunicando esta falsedad año tras año.

Las justificaciones para clasificar los efectos destructivos de las personas por debajo de los efectos destructivos de las políticas, suenan huecas. Me parece desconcertante que los cristianos puedan estar tan seguros de que los malos jueces, las malas leyes, y las malas políticas causarán un daño mayor que el que está causando la propagación de la gangrena de la autoexaltación pecaminosa, la jactancia y la contienda (eristikos).

¿Cómo saben esto? ¡En serio! ¿De dónde obtienen la certeza de que los jueces, las leyes y las políticas son menos destructivos que la contienda jactanciosa en las altas esferas?

¿Qué pasa con el aborto?

¿De dónde viene la maldad de defender la matanza de niños? Viene de corazones absortos en arrogancia y jactancia (Stg. 4: 1–2). Viene de corazones insubordinados a Dios. En otras palabras, proviene del carácter mismo que tantos líderes cristianos tratan como comparativamente inocuos, porque piensan que Roe, SCOTUS y Planned Parenthood son campos de batalla más fundamentales y decisivos.

Cuando un líder modela jactancia ensimismada, modela el comportamiento más mortífero del mundo. Él lleva a su nación hacia la destrucción

Creo que Roe es una mala decisión. Creo que Planned Parenthood es un nombre en clave para matar bebés y (al menos históricamente) promover una “limpieza étnica”. Y creo que es desconcertante y presuntuoso suponer que las políticas proaborto matan a más personas que un orgullo egolatra que satura la cultura.

Cuando un líder modela jactancia ensimismada, modela el comportamiento más mortífero del mundo. Él lleva a su nación hacia la destrucción. Destrucción de más tipos de los que podemos imaginar. Es ingenuo pensar que un hombre puede ser efectivamente provida y manifestar consistentemente los rasgos de carácter que conducen a la muerte temporal y eterna.

Una palabra a los pastores

¿Puedo sugerir a los pastores que en la tranquilidad de su estudio hagan esto? Imagina que Estados Unidos se derrumba. Primero anarquía, luego tiranía, de derecha o de izquierda. Imagina que la libertad religiosa se ha ido. Lo que queda para los cristianos son multas, prisión, exilio, y martirio. Entonces pregúntate esto: ¿Mi predicación ha estado desarrollando cristianos verdaderos y radicales? Cristianos que pueden cantar en la horca:

Esa Palabra del Señor,
Que el mundo no apetece,
Por el Espíritu de Dios
Muy firme permanece.
Nos pueden despojar
De bienes, nombre, hogar,
El cuerpo destruir,
Mas siempre ha de existir
De Dios el reino eterno.

Cristianos que actuarán como los creyentes en Hebreos 10:34: “Aceptaron con gozo el despojo de sus bienes, sabiendo que tienen para ustedes mismos una mejor y más duradera posesión”. Cristianos que enfrentarán el odio, la injuria, y la exclusión por causa de Cristo y, sin embargo, “alégrense en ese día y salten de gozo, porque su recompensa es grande en el cielo” (Lc. 6: 22-23).

  • ¿Has estado cultivando verdaderos cristianos que ven la belleza y el valor del Hijo de Dios?
  • ¿Has revelado y anunciado fielmente “las inescrutables riquezas de Cristo” (Ef. 3: 8)?
  • ¿Estás levantando generaciones de aquellos que dicen con Pablo: “Todo lo cuento como pérdida por el inmenso valor de conocer a Cristo Jesús mi Señor” (Fil. 3: 8)?
  • ¿Les ha mostrado que son “peregrinos y desterrados” (1 P. 2:11), y que su “ciudadanía está en los cielos”, de donde “esperan un Salvador, el Señor Jesucristo” (Fil. 3:20)?
  • ¿Sienten en sus huesos que “el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21)?
  • ¿O has descuidado la mayor de todas las realidades y has desviado repetidamente su atención hacia las estrategias políticas?
  • ¿Has creado inadvertidamente la mentalidad de que el mayor problema en la vida es salvar a los Estados Unidos y sus beneficios terrenales?
  • ¿O le has mostrado a tu pueblo que el mayor problema es exaltar a Cristo con o sin los Estados Unidos?
  • ¿Les has mostrado que las personas que hacen el mayor bien al mayor número durante más tiempo (¡incluidos a los Estados Unidos!), son personas que tienen el aroma de otro mundo con otro Rey?

El día de la elección

¿Dónde me deja eso cuando enfrento un deber cívico el 3 de noviembre? Esta es mi respuesta. No necesito que nadie me siga (como si pudiera hacerlo), ni mi esposa, ni mis amigos, ni mis colegas.

No desarrollaré algún cálculo para determinar qué camino de destrucción apoyaré. Ese no es mi deber. Mi llamado es llevar a las personas a ver a Jesucristo, confiar en su perdón por los pecados, atesorarlo por encima de todo en este mundo, vivir de una manera que muestre su valor que todo lo satisface, y ayudarlos a llegar al cielo con amor y santidad. Ese llamado se contradice al apoyar cualquiera de los caminos hacia la corrupción cultural y la ruina eterna.

Tú puedes creer que existen tipos de apoyo para tales caminos que no involucran tal contradicción, tal debilitamiento del auténtico testimonio cristiano. Debes actuar sobre lo que ves. Yo no puedo verlo. Por eso dije que mi camino no tiene por qué ser el tuyo.

Cuando considero la remota posibilidad de que pueda hacer algo bueno al respaldar la devastación que ya es evidente en las dos opciones que tengo ante mí, soy reacio a socavar mi llamado (y la misión de la iglesia) de defender la fe, la esperanza, y el amor que exaltan a Cristo. Se me pedirá que dé cuenta de mi devoción a este llamamiento vivificante. El mundo preguntará. Y el Señor del cielo preguntará. Y mi conciencia preguntará. ¿Qué voy a decir?

Con una sonrisa alegre, le explicaré a mi vecino incrédulo por qué mi lealtad a Jesús me pone en conflicto con la muerte: muerte por aborto y muerte por arrogancia. Lo llevaré al Salmo 139 y Romanos 1. Y si está dispuesto, le mostraré cómo el aborto y la arrogancia pueden ser perdonados por Cristo (Ef. 1: 7). Y lo invitaré a convertirse en un exiliado, a tener un reino que nunca será sacudido, ni siquiera cuando los Estados Unidos sean una nota al pie de página en los archivos de la nueva creación.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
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