Pastores, ¡manténgase sobre la línea!

Los humanos somos muy creativos. El mundo hoy en día es un testamento a eso. Si bien la creativadad nos ha ayudado a mejorar varios aspectos de nuestras vidas, a veces nuestra creatividad puede ser peligrosa, particularmente en nuestro estudio de la Biblia.

Tanto en el mundo como en la Iglesia, cuando leemos la Biblia somos tentados a ser creativos. Siendo un pastor que tiene el privilegio de predicar la Palabra de Dios cada semana, debo aclarar que no toda creatividad es mala. Presentar el mensaje de la Biblia de una forma creativa, que usa bien la retórica, las ilustraciones, la pasión y el poder del razonamiento es importante. Pero hay mucha diferencia entre presentar la Biblia creativamente e interpretar la Biblia creativamente.

Estudiar la Biblia puede ser difícil. Vivimos en una época de “yo creo”, en la cual la opinión personal reina sobre todo, incluso en cuanto a la intepretación de la Biblia. Una de las tentaciónes de hoy es añadirle a la Palabra de Dios. En las palabras de Phillip Ryken, somos como “fariseos en recuperación”.[1] El proceso es el siguiente: pensamos que la Biblia no es muy clara en cuanto al tema X, entonces añadimos a la Palabra con el deseo de aclarar ese tema. El tema puede variar: la política, el estilo de vestir, y muchos más. Por otro lado, podemos ser tentados a restar de la Biblia cuando pareciese muy retrógrada para nuestro día. Tal vez la Biblia dice algo que no encaja con nuestros tiempos y nos avergüenza un poco su mensaje. Temas como la sexualidad, el pecado, o los genocidios en el Antiguo Testamento. En lugar de luchar por entender estos pasajes, escogemos esconderlos.

¿Qué debemos hacer en tales situaciones? ¿Cuál es la manera apropiada de acercarnos a las Escrituras? Nuestro llamado es muy sencillo: debemos dedicarnos a mantenernos sobre la línea de la Palabra de Dios. ¿Qué quiero decir con eso? Simplemente que debemos prestar atención a lo que dice la Biblia y compartir lo mismo, huyendo de la tentación de añadir o restar de ella. El mensaje de la Biblia debe ser el mensaje que proclamamos y vivimos, sin agregarle ni quitarle. Es un concepto muy básico y lamentablemente muy olvidado.

Añadir, restar: dos maneras de corromper la Palabra de Dios

Lee Génesis 3:1-7 (con un amigo si es posible) y contesta las siguientes preguntas: ¿Quién añade a la Palabra? ¿Quién resta de la Palabra? ¿Qué le pasa a la línea de la Palabra de Dios?

La serpiente es la primera persona que jamás añadió a la Palabra de Dios. Interesantemente, sus primeras palabras que tenemos escritas son un ataque a la Palabra de Dios: “¿Conque Dios les ha dicho: ‘No comerán de ningún árbol del huerto’?” (Gn. 3:1, énfasis mío). Dios no dijo eso. Él dijo, “De todo árbol del huerto podrás comer” (Gn. 2:16, énfasis mío). El enemigo añadió a la Palabra de Dios para introducir una idea falsa a la mente de Eva. Es verdad, habían dos árboles prohibido, pero nada más (Gn. 2:17).

Entonces, ¿cómo responde Eva? Lamentablemente, ella también añade a la Palabra de Dios, “…pero del fruto del árbol que está en medio del huerto, Dios ha dicho: ‘No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran” (Gn. 3:3). Eva tuvo que haber tenido más cuidado al recitar las palabras de Dios, algo que nosotros pastores debemos aprender también. Observa Génesis 2:16-17. Dios nunca dice que no pueden tocar el árbol o su fruto, sino comer del árbol. También presta atención a quien recibe el mensaje: el hombre. Eva todavía no había sido creada (eso no ocurrió hasta Génesis 2:22). Entonces, una de dos cosas ocurrió aquí: (1) Eva le respondió así a la serpiente añadiendo al reporte de las palabras de Dios que Adán había compartido con ella, o (2) Adán mismo añadió a las palabras de Dios por el “bien” de su esposa (¡un peligro que nosotros como esposos deben evitar!). No podemos estar seguro sobre cuál verdaderamente tomó lugar, pero el hecho sigue siendo el mismo: Eva se unió a la serpiente en el acto de añadir a la Palabra de Dios.

La conversación no terminó allí. La serpiente respondió —esta vez pasando por debajo la línea, restando de lo que Dios había dicho— “Ciertamente no morirán” (Gn. 3:4). El enemigo negó la Palabra de Dios. Dios fue claro sobre lo que iba a pasar si no lo obedecieran (Gn. 2:17). Pero, ¿qué le pasó a la linea de la Palabra de Dios? Fue borrada, destruida, corrompida. Eva se rebeló contra Dios y pecó. Tal vez lo más grave fue su acción después, “También dio a su marido que estaba con ella, y él comió” (Gn. 3:6, énfasis mío). S estuviste pensando, ¿y donde estuvo Adán en todo esto?, según el texto, parece que estuvo con ella, observando todo, diciendo nada, y terminó cayendo en el mismo pecado.

¿Qué podemos aprender de este pasaje? Vivimos en un mundo quebrantado por el pecado por causa de añadir y restar de la Palabra de Dios. No fue la última vez que pasó en la Biblia. Todo pecado es el resultado de añadir o restar de la Palabra de Dios. Hasta en el Nuevo Testamento vemos a Jesús en guerra contra los fariseos sobre el mismo problema que surgió en Génesis 3 (Marcos 7:1-13).

Es extremadamente importante mantenernos sobre la línea de las Escrituras. El mensaje de la Biblia debe ser el mensaje de nuestro sermón. Debemos decir lo que la Biblia dice. No es fácil entenderla siempre, pero cuando estudiamos, oramos, y buscamos la ayuda del Espíritu Santo, debemos hablar. Siempre y cuando huimos de la tentación de añadir o restar de las palabras de Dios.


Charles Simeon Trust es un ministerio que se dedica a capacitar a pastores en la exposición de las Escrituras. Charles Simeon Trust patrocina talleres donde pastores pueden aprender principios de interpretación y trabajar juntos para estudiar y presentar pasajes de la Escritura de una manera fiel a la Escritura. El próximo año, Charles Simeon Trust estará llevando a cabo talleres en las siguientes ciudades en Latinoamérica: Aguascalientes, México (1-3 de marzo en Iglesia Gracia Soberana), Bogotá, Colombia (24-25 de junio), Medellín, Colombia (28-29 de junio), y Lima, Peru (1-2 de julio). Si deseas más información sobre cómo asistir a estos eventos, puedes contactar a Jeremy Meeks.


[1]    Philip Ryken, Galatians (Phillipsburg: P&R, 2005), 4

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