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Hay una nueva cuarentena estricta en Argentina. Este jueves (20 de mayo), el presidente Alberto Fernández anunció fuertes restricciones en la mayor parte del país, a causa de los elevados números de muertes y contagios por COVID-19. Durante los siguientes nueve días solo podrán circular los trabajadores esenciales y habrá fuerte control policial en las calles para asegurar el cumplimiento de las medidas.

El anuncio ha traído convulsión al panorama social, en un país polarizado en sus posiciones políticas. Los sectores afines al gobierno reclamaban mayores restricciones, mientras que los opositores criticaron duramente la nueva decisión. Pero más allá de las adhesiones, a nivel general la cuarentena estricta agrava la situación económica de los argentinos. Se detienen las actividades comerciales y de sectores productivos, causando gran impacto en las economías familiares. Un 42% de los argentinos se encuentra en situación de pobreza y todo parece indicar que el porcentaje seguirá creciendo en el contexto actual.

La iglesia argentina enfrenta el desafío de ser pacificadores en su país, pero obedeciendo primero a Dios antes que a los hombres

El malestar surge debido a que el Gobierno nacional aplicó una cuarentena larga durante el año pasado y aún así, Argentina es actualmente el país con más muertes por COVID-19 por millón de habitantes, llevando a muchos a cuestionar la efectividad de las restricciones. Pero el principal malestar viene a causa de la falta de moral del sector político, que ha perdido autoridad para demandar el compromiso de la gente común mientras ellos se ven envueltos en polémicas y escándalos. Ante la pérdida de credibilidad, las nuevas medidas son recibidas como muestras de hipocresía y falta de sensibilidad social.

El impacto para la iglesia

La iglesia no es ajena a la situación: muchas congregaciones enfrentan graves situaciones económicas, miembros que pierden sus trabajos y poder adquisitivo, o que atraviesan la enfermedad o la pérdida de familiares. Los cristianos no son inmunes a la enfermedad ni a las necesidades materiales, y muchas de las iglesias locales deben enfrentar estos problemas en carne propia. Según datos oficiales, la cifra de fallecidos supera los 72,000 casos desde el inicio de la pandemia, con nuevos récords de contagios en los últimos días.

Pero las necesidades físicas no son las únicas pruebas que enfrenta la iglesia argentina ante los nuevos anuncios. El presidente suspendió las actividades sociales, educativas y religiosas en forma presencial, por el lapso de estos nueve días. Esto significa que durante dos domingos seguidos no habría reuniones presenciales y las iglesias deben recurrir nuevamente a las transmisiones en vivo.

Semanas atrás, algunos representantes del sector evangélico se pronunciaron en contra del cierre de los cultos, cuando el presidente anunció medidas para el área metropolitana de Buenos Aires. La iglesia argentina enfrenta el desafío de ser pacificadores en su país, pero obedeciendo primero a Dios antes que a los hombres. La situación es compleja porque involucra la salud y la economía; las libertades individuales y la responsabilidad social; pero por sobre todo, cómo mantenernos fieles a Dios en este escenario.

¿Cómo orar por la iglesia en Argentina?

En este marco, el pastor Samuel Masters, de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer, en Córdoba, nos comparte algunos motivos de oración por la iglesia en Argentina.

Cuando el mundo pierde su equilibrio, la iglesia se mantiene firme porque su confianza está en el Señor, no en las circunstancias ni decisiones de hombres

En primer lugar, para que el Señor fortalezca a la iglesia para “reaccionar de una manera en que los de afuera vean una fe genuina, sin caer en pánico ni con una actitud agresiva ante la compleja situación actual. Cuando el mundo pierde su equilibrio, la iglesia se mantiene firme porque su confianza está en el Señor, no en las circunstancias ni decisiones de hombres”. Que la iglesia pueda demostrar esto.

Segundo, que esto “despierte en el pueblo argentino una sed por el único que puede brindar paz y seguridad”, de modo que más gente llegue a conocer a Cristo. Y que los creyentes podamos responder al clamor de un país que busca respuestas.

Por último, que haya dentro de las iglesias un “cuidado práctico mutuo y un espíritu de oración los unos por los otros”. Muchos hermanos atraviesan necesidad o enfermedad, o su fe decae en estos momentos. Que el amor fraternal prevalezca en el pueblo de Cristo.

Estamos ante una nueva prueba y rogamos que la iglesia salga fortalecida de ella y dando gloria a Dios en todo.

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