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La Palabra nos llama a la oración. Sabemos que tenemos la necesidad y el llamado de orar, pero en muchas ocasiones se nos hace difícil ser consistentes en nuestra vida de oración.

Las cosas se complican aun más cuando nos damos cuenta a lo largo de la Palabra de que no es solo que debemos orar, sino que estamos llamadas a hacerlo sin cesar: “Oren sin cesar” (1 Tes. 5:17).

¿Qué significa orar sin cesar?

¿Pero qué significa orar sin cesar? Para que podamos cumplir con este llamado es necesario que entendamos su significado.

Para que podamos entender mejor lo que implica este llamado, debemos ver el contexto de la carta de 1 de Tesalonicenses. Cuando se escribió esta carta, Pablo y los cristianos de Tesalónica estaban sufriendo al ser perseguidos por causa de su fe en Cristo. Pablo estaba preocupado por esta iglesia joven que él había plantado durante su segundo viaje misionero, y les envía esta carta para animarles, mostrarles su amor, alabarlos por su fidelidad en medio de esos tiempos difíciles, y recordarles la seguridad del regreso del Señor. Es en medio de este contexto que Pablo escribe el mandato de “orar sin cesar”.

Pudiéramos pensar que este llamado nos habla de un postura física, que debemos estar de rodillas todo el tiempo, o con ojos cerrados y nuestra cabeza inclinada, dejando de lado todas nuestras responsabilidades para dedicarnos solamente a orar.

Sin embargo, si leemos los versos anteriores encontraremos diferentes exhortaciones que Pablo les hace sobre sus relaciones y responsabilidades en su vida diaria, lo que implica que este llamado no se está refiriendo a una postura física continua, sino a una postura del corazón, uno que se encuentra en rendición y dependencia del Señor de manera continua.

En cada momento, en cada actividad, en cada circunstancia, debemos estar conscientes de que nuestro Dios soberano está con nosotras, y el llamado que nos hace es a enfrentar cada situación con un corazón que depende del Señor y busca su dirección sin cesar.

Orando en todo tiempo

Si en medio del sufrimiento nos enfocamos en la oración continua y en dar gracias y gloria a Dios, entonces toda preocupación, ansiedad, y cualquier sentimiento que llegue a nuestra vida se disipará y enfocará por medio de la oración.

Pablo exhorta a la oración continua en varios pasajes en sus epístolas. Por ejemplo, Filipenses 4:6 nos dice: “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios”.

En cada momento, en cada actividad, en cada circunstancia, debemos estar conscientes de que nuestro Dios soberano está con nosotras.

Veamos otro ejemplo. En la carta a los Efesios, Pablo acentúa las doctrinas fundamentales y anima a los creyentes a que encuentren fortaleza, diciéndoles: “Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18). La exhortación es a usar la oración como nuestra armadura de manera continua, no solo por nosotros, sino también por nuestros hermanos en Cristo, los que conocemos y los que no.

Aquí un ejemplo más. Pablo escribió la carta a los Colosenses, y aunque no plantó esta iglesia, lo hizo con el propósito de poder refutar algunos errores en la iglesia y dirigirles a la verdad de que tenían todo lo que necesitaban en Cristo. Así los exhortó: “Perseveren en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col. 4:2).

Debemos de perseverar en cada momento del día con una mente enfocada en Dios frente a cada circunstancia. El autor Charles Spurgeon dijo: Una vida sin oración es una vida sin Cristo”.

Nuestro mayor ejemplo de oración

En Jesús mismo podemos ver el mejor ejemplo de alguien que oraba sin cesar. Su costumbre era retirarse a orar temprano al comenzar el día, en sus momentos de grandes decisiones, y durante sus tiempos de mayores sufrimientos:

“Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba”, Marcos 1:35.

En esos días Jesús se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a Sus discípulos y escogió doce de ellos, a los que también dio el nombre de apóstoles”,  Lucas 6:12-13.

“Entonces les dijo: ‘Mi alma está muy afligida, hasta el punto de la muerte; quédense aquí y velen junto a Mí’. Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando”, Mateo 26:38-39

En cada momento, la oración debe ser el motor de nuestra vida. Si vivimos cada día conscientes de nuestra necesidad del Señor, aprenderemos a llevar vidas que dependan de Él y lo busquen sin cesar en oración.


Imagen: Lightstock.
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