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¿Ama Dios a todo el mundo o solo a los creyentes? ¿Pueden hacer buenas obras las personas no creyentes? ¿Puede una persona incrédula, inmoral y blasfema producir una obra de arte verdaderamente hermosa? ¿Por qué algunos matrimonios entre no creyentes parecen funcionar mejor que otros entre creyentes? ¿Deben los creyentes escuchar solo música cristiana? ¿Qué tienen en común estas preguntas? Pues, las respuestas a todas ellas están relacionadas con el tema de “la gracia común”.

1. ¿Qué es “la gracia común”?

Quizás la definición más popular de la gracia de Dios sea: su favor inmerecido. Si analizáramos las más de trescientas referencias a la gracia en la Biblia, cada una en su contexto, llegaríamos a la conclusión de que “el favor inmerecido de Dios” no siempre es el significado, pero lo será en la mayoría de los casos. Ahora, ¿qué pasa cuando a la palabra “gracia” se le añade la palabra “común”? Pues, la palabra “común” en este contexto significa común a todo tipo de personas, independientemente de su condición espiritual – sean creyentes o no, sean creyentes mejores o no tan buenos, sea que estén en un momento espiritual bueno, malo o muy malo, etc. Es más fácil entender esto si contrastamos “la gracia común” con “la gracia especial”; “la gracia especial” es la que reciben solamente las personas que son salvadas por el Señor – por ejemplo: la regeneración, la justificación, la adopción y la glorificación no proceden de “la gracia común” de Dios, sino de su “gracia especial”, porque de ellas solo se benefician los verdaderos creyentes. “La gracia común” incluye cualquier manifestación de la gracia de Dios hacia las personas en general, con total independencia de su condición espiritual. Los ejemplos clásicos son el sol y la lluvia, pero, como veremos, estos no son más que dos ejemplos de los muchísimos que hay; ¡“la gracia común” es una gracia muy abundante!

2. ¿Dónde enseña la Biblia “la gracia común”?

En un sentido, dondequiera que se vea cualquier manifestación de la bondad de Dios para con cualquier persona, familia, tribu, pueblo o nación, o para con todos los seres humanos en general, cuando esa bondad de Dios no diferencia entre creyentes y no creyentes, entre Israel y las otras naciones, entre la Iglesia y el mundo, o entre buenos y malos, ¡allí está “la gracia común” de Dios! Pero veamos seis ejemplos bíblicos de “la gracia común”, tres de cada uno de los dos Testamentos:

1) Génesis 8:22: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche”. Esta promesa de Dios tras el gran diluvio no fue dirigida solamente a Noé y a su familia, sino a todos los seres vivos en general. Se trata de una promesa de “la gracia común” del Creador.

2) Génesis 9:8-15: “Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente que está con vosotros…, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio… Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra…”. El pacto que hizo Dios con Noé era universal – con la raza humana, creyentes y no creyentes, y con todos los demás seres vivos. Y el arco iris sería como si fuera “la firma de Dios” de su compromiso de nunca más destruir toda carne con otro diluvio como aquel. Se trata de un pacto fundamentado en “la gracia común” de Dios.

3) Salmo 145:9: “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras”. Dios es bueno, no solo para con los creyentes, no solo para con su pueblo, sino para con todas las personas y para con “todas sus obras”. Se trata de la bondad general o universal de Dios – o sea, de su “gracia común”.

4) Mateo 5:43-45: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. Este es, sin duda, el texto clásico de “la gracia común”. Lo que deja claro es que Dios, al hacer salir su sol y al hacer llover, etc., no diferencia entre unas personas y otras, sino que lo hace con total independencia de la situación espiritual y moral de las personas. Y el Señor Jesucristo usa este hecho para instar a sus discípulos a amar hasta a sus enemigos, para que sean como su Padre que está en los cielos.

5) Marcos 16:15: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Citar este texto como ejemplo de “la gracia común” puede resultar chocante; ¿acaso no se trata más bien de una manifestación de “la gracia especial” de Dios? Pues, no, porque el ofrecimiento por parte de Dios del mensaje del evangelio se hace a todas las personas, independientemente de su condición espiritual, incluso independientemente de su respuesta al mensaje. Es otra manifestación de “la gracia común”, ¡seguramente la expresión más alta de esa “gracia común” de Dios!

6) 1 Timoteo 4:10b: “Esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”. ¿En qué sentido es Dios el Salvador de los que no creen, si lo es “mayormente de los que creen”? Se han propuesto varias respuestas: (A) Todos los hombres se salvan, incluso los que no creen; (B) Dios ofrece la salvación a todos los hombres, incluso a los que se niegan a creer; y: (C) Dios es “el Salvador de todos los hombres” en un sentido diferente del de la salvación espiritual y eterna. De estas tres opciones, la primera es incompatible con la enseñanza global de la Biblia. La segunda es posible, pero conlleva la dificultad de calificar a Dios como “el Salvador” de todas las personas, sea que acaben en el cielo o en el infierno. La tercera opción tiene varias ventajas: Evita una conclusión universalista; No le resta ninguna fuerza a la idea de Dios como “Salvador”; y reconoce el hecho de que a lo largo de la Biblia se presenta a Dios salvando a diferentes personas de muchas maneras y no solo en el sentido espiritual y eterno. Si esta interpretación es correcta, será otro ejemplo de “la gracia común”.

3. ¿En qué ámbitos de la vida opera “la gracia común”?

Este es uno de los aspectos menos trabajados y más fascinantes de “la gracia común”. Sugiero que “la gracia común” de Dios está presente en todos los ámbitos de la vida. Veamos cinco ejemplos de ello:

A. “La gracia común” en el ámbito material

  • El sol y la lluvia (Mateo 5)
  • Las estaciones del año (Génesis 8:22)
  • La comida y la bebida

Estos no son más que ejemplos; todo lo relacionado con la vida física – su origen, su preservación, su prolongación, etc., nos viene de “la gracia común”.

B. “La gracia común” en el ámbito cultural

  • Lo mejor del arte, de la literatura y de la música

¿Por qué tenemos que negar los dones de Dios a personas no creyentes? ¿Sobre qué base bíblica nos atreveremos a decir que todos los mejores artistas, escritores, poetas, compositores, músicos, etc., hayan sido (o sean) cristianos?

  • Los avances en la medicina

Dios ha usado a algunos creyentes de renombre para descubrir o inventar algunos de los avances en la medicina de los cuales nos beneficiamos hoy. Pero también ha usado para ello a personas no cristianas.

  • Los descubrimientos científicos

Lo que acabo de decir del ámbito de la medicina es igualmente aplicable a cualquier otro ámbito de la ciencia en general. En un sentido, los cristianos tenemos que ser un movimiento contracultura – no hay ninguna cultura que no esté afectada por el pecado. Pero ¡hay que ser ciego para no ver en la cultura las riquezas de la “gracia común” de Dios!

C. “La gracia común” en el ámbito social

Aquí me refiero a todo lo que sea la sociedad humana, las relaciones interpersonales, etc. En este ámbito hay muchas bendiciones de Dios: la paz; el orden; la justicia; la ayuda humanitaria; la amistad; el amor humano; la felicidad en el matrimonio, etc. ¡Sería ridículo atribuir todo lo bueno en el ámbito social a la influencia cristiana y achacar todo lo malo a los no creyentes o al diablo!

D. “La gracia común” en el ámbito moral

Veamos tres ejemplos: (1) La conciencia humana, que sigue siendo un importante freno sobre el mal y acicate al bien; (2) Otras sanas influencias que existen en el mundo – no todas ellas son cristianas; y: (3) Las buenas obras – la Biblia enseña claramente que nuestra aceptación por Dios no depende, ni siquiera en parte, de ninguna buena obra, pero, en otro sentido, las buenas obras existen y las hacen todo tipo de personas, gracias a “la gracia común”.

 E. “La gracia común” en el ámbito espiritual

En este ámbito también hay muchas manifestaciones de “la gracia común”: “la revelación general” (las obras visibles de Dios, la conciencia humana, etc.); la extensión del evangelio; el ofrecimiento del evangelio a todo el mundo; la libertad de culto (donde la hay); etc. Son testigos a “la gracia común” en el ámbito espiritual. Millones de personas, sin ser creyentes y sin que se pueda saber si llegarán a serlo o no, tienen una serie de privilegios espirituales, aun cuando no resulten en su salvación.

 4. ¿Cuáles son las implicaciones de “la gracia común”?

Habrá muchas, pero aquí van unas cuantas:

  1. Dios ama a todas las personas, aun reconociendo las importantes diferencias entre su amor por sus hijos y su amor por los demás.
  2. Dios sana a toda clase de personas de todo tipo de enfermedades, independientemente de su condición espiritual.
  3. Debemos amar a todas las personas y no solo a las personas creyentes.
  4. Debemos renovar nuestro compromiso de llevar el evangelio a todas las personas.
  5. Debemos estar en el mundo y no encerrarnos en nuestros guetos evangélicos.
  6. Debemos saber valorar lo bueno de la cultura, aun reconociendo la presencia del pecado.
  7. Debemos reconocer que lo cristiano no siempre es lo mejor.
  8. Debemos reconocer las bendiciones que nos vienen a través de personas no creyentes.
  9. Debemos reconocer las virtudes de muchas personas que no son creyentes.
  10. El éxito en el matrimonio no depende solo del factor espiritual.

Conclusión

“La gracia común” es una enseñanza bíblica bastante ignorada y que nos puede salvar de mucha confusión y de muchos errores, y que puede restaurar a la Iglesia una parte de su rica base teológica para el beneficio de todos. En un sentido, no hay nada más común que “la gracia común”, porque no hay ningún ser humano que no se beneficie de ella. Pero, en otro sentido, ¡no hay nada menos común que “la gracia común”, porque sigue siendo gracia, el favor inmerecido de Dios, nuestro Creador! 

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