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En la Iglesia Presbiteriana Redeemer a menudo hablamos de servir, fortalecer, y “renovar” la ciudad de Nueva York. Cuando hablamos así, debemos de tener cuidado de no negar la gracia común. Creemos que Dios da a todas las personas, no solo a los cristianos, talento y conocimientos para preservar y cultivar la vida humana.

Pero ¿y si el cuerpo de Cristo en el centro de la ciudad de Nueva York, por ejemplo, se triplicara en la próxima década? ¿Qué diferencia podría tener? He estado hablando con nuestros ancianos y pastores líderes acerca de nuestra visión sobre cómo podría verse nuestra iglesia, por la gracia de Dios, en las próximas décadas. Podríamos ver: 

1. Una explosión de filantropía radical. 

La mayoría de la gente no entra en “modo filantrópico” y regala grandes sumas de dinero hasta que se vuelven muy ricos. Sin embargo, los estudios muestran que los cristianos adoptan una mentalidad filantrópica mucho más rápido, antes de acumular una riqueza significativa.

Una explosión de la gracia de Dios provocaría que su pueblo limitara su estilo de vida y consumo con el fin de obsequiar cantidades sorprendentes. Creo que los dadores cristianos podrían aprender a ser menos paternalistas e involucrarse más con las comunidades en necesidad, y ser mejores socios con los líderes de varias organizaciones benéficas y ministerios. 

2. Un aumento en la civilidad y un verdadero pluralismo. 

Incluso en las culturas occidentales democráticas, los grupos que tienen las riendas del poder cultural siempre han excluido y silenciado las impopulares voces y puntos de vista de las minorías y no las toman simplemente como erróneas, sino como despreciables e inaceptables. Nunca ha habido una sociedad genuinamente plural en la que cada punto de vista tenga el derecho a ser oído sin marginación y difamación.

Aquellos humillados por el evangelio podrían trabajar con otros hacia la creación de una cultura en la que las personas de diferentes creencias finalmente sean libres de expresar lo que son y practicar lo que creen. Y si los cristianos tratan a los demás con respeto, nos podemos encontrar a nosotros mismos siendo tratados con un respeto similar. 

3. La recuperación cultural de la “vocación”. 

En el libro “Hábitos del Corazón”, Robert Bellah argumentó que el “carácter sagrado del individuo” —de la elección y felicidad individual— no ha sido contrarrestado en nuestra cultura (como lo fue en el pasado) por el carácter sagrado de todo lo demás. Para nuestra cultura no hay nada más importante que la libertad individual que nos une. Como resultado, el tejido social se está deshaciendo. 

Pero Bellah cree que hay algo que podría ayudar a renovar la cultura la “reapropiación de la idea de la vocación o llamado”. Es decir, el trabajo como “una contribución al bien de todos y no solo como un medio para el propio avance” (Hábitos del corazón, 287-88). Si los cristianos en la ciudad de Nueva York demuestran lo que eso implica, podría comenzar a propagarse por todo el país. Entre otras cosas, implicaría más integridad en nuestro trabajo, y lugares de trabajo y horarios más humanos.

4. Esperanza y comunidad en las artes.

El arte contemporáneo está dominado por ya sea la teoría crítica o por el comercialismo. Gran parte del arte está dirigido a transgredir y desenmascarar todas las normas sociales con el fin de liberar al individuo. O está diseñado para provocar de una manera tal que atraiga a los ojos y a las ganancias. Es posible que el evangelio que cambió a los cristianos en las artes traiga mucha más esperanza y menos nihilismo, y pueda expresar visiones compartidas de la comunidad y los valores.

Si hubiera más de cientos de miles de cristianos trabajando en el sector financiero, el gobierno, los medios de comunicación, el mundo del arte, y las organizaciones no lucrativas y organizaciones no gubernamentales de la ciudad de Nueva York, podría tener un impacto mucho mayor de lo que podemos imaginar y sería de verdadero beneficio para todos. 

¿Sería demasiado esperar que la “sal” que los cristianos podrían traer a nuestra cultura pueda dar lugar a una curiosidad acerca de la “luz” que nos motiva?


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Sergio Paz. 
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