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No hay muchos hábitos que comuniquen amor con más fuerza que escuchar. David Augsburger señala: «Ser escuchado está tan cerca de ser amado que la mayoría de la gente no puede notar la diferencia».

Escuchar de verdad no es solo oír palabras, sino buscar sin egoísmo entender. Es la forma más silenciosa de decir: «Te amo».

Los buenos oyentes son un respiro celestial en un mundo lleno de personas a las que crónicamente no se anima ni escucha lo suficiente. Jesús dijo: «En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros» (Jn 13:35). Aplicando las palabras de Jesús a las conversaciones, podríamos decir: «En esto conocerán todos que son mis discípulos, si se escuchan los unos a otros».

Escuchar es un hábito

Alguien me dijo una vez: «Soy malo para escuchar», como si fuera un atributo irremediablemente inmutable, como el color de los ojos. Pero escuchar es un hábito más que un rasgo fijo. Salvo raras excepciones, todos podemos ser buenos para escuchar con la práctica.

Escuchar de verdad no es solo oír palabras, sino buscar sin egoísmo entender. Es la forma más silenciosa de decir: ‘Te amo’

Considera doce maneras de mejorar tu capacidad de escuchar y hacer que los demás se sientan escuchados. (Mi consejo: Elige una o dos para aplicarlas en tu próxima interacción. Una vez que lo hayas hecho, vuelve a este artículo y elige una o dos más para añadir).

1. Mira a las personas a los ojos.

Unos ojos atentos comunican: «Eres lo más importante para mí en este momento». Dan una representación visual del Dios que ve. Mientras tanto, los ojos desviados suelen hacer que la otra persona se sienta ignorada (o no escuchada del todo).

2. Ponte enfrente de las personas.

Mientras la otra persona habla, pregúntate: ¿Mi lenguaje corporal comunica que estoy metido de lleno en esta conversación o que estoy más interesado en otra cosa? Cada vez que volvemos la cara hacia alguien con amor, representamos el evangelio en formato miniatura.

3. Baja tú teléfono.

Una vez oí a alguien decir: «Soy capaz de mirar el celular y escuchar al mismo tiempo». No estoy seguro de que eso sea posible. Pero incluso si lo fuera, recuerda: que tú estés escuchando no significa que la otra persona se sienta escuchada.

4. Haz preguntas participativas.

Hacer preguntas es el aceite y el endulzante de todo diálogo significativo. Si te cuesta pensar en buenas preguntas, guarda el acrónimo FORCE en tu cinturón de herramientas. Pregúntale a la otra persona sobre estos temas:

  • Familia (p. ej., ¿cuál es la cualidad que admiras en cada miembro de tu familia y por qué?)
  • Ocupación (p. ej., ¿cuál es la parte favorita de tu trabajo y por qué?)
  • Recreación (p. ej., ¿cuál es tu forma favorita de emplear tu tiempo libre y por qué?)
  • Conocimiento (p. ej., ¿qué has estado aprendiendo últimamente?)
  • Espiritualidad (p. ej., ¿cuál es el punto más alto y el más bajo de tu fe en este momento?)

(Para más consejos sobre cómo hacer buenas preguntas, lee este otro artículo que escribí para Coalición por el Evangelio).

5. Haz preguntas aclaratorias.

Aclarar las palabras de alguien demuestra tu interés por la conversación y tu deseo de comprender. Estas son dos de las mejores preguntas: «¿Qué querías decir con [inserta una palabra o frase concreta que haya dicho]?» y «¿Estás diciendo que [inserta con tus propias palabras lo que crees que está diciendo]?».

6. Sonríe.

Sonreír demuestra que disfrutas de la presencia de la otra persona. No es necesario que sonrías durante toda la interacción (¡eso podría resultar extraño!). Pero si pasas una hora con alguien y nunca sonríes, ¿qué comunica eso sobre tu interés por esa persona y en lo que tiene que decir?

7. Da retroalimentación no verbal mientras el otro habla.

Las expresiones faciales (p. ej., asentir con la cabeza, levantar las cejas, sonreír, fruncir el ceño) y otras afirmaciones no verbales o verbales breves («Entiendo», «¡Sí!», «Oh, vaya…») demuestran que entiendes y que estás escuchando activamente.

8. No asumas que ya sabes lo que va a decir.

Con demasiada frecuencia escuchamos durante unos segundos, asumimos la idea principal, luego desconectamos y esperamos nuestro turno para hablar. Stephen Covey señala: «La mayoría de las personas no escuchan con la intención de entender; escuchan con la intención de responder». Resiste este impulso.

Si cambias tu atención de formular tu respuesta a seguir las palabras de la otra persona de principio a fin, descubrirás más, amarás mejor y destacarás (en el buen sentido) entre la multitud.

9. Anota los detalles clave.

Puede ser fácil olvidar partes importantes de un diálogo (p. ej., los nombres de sus hijos, el aniversario de la muerte de su madre, sus peticiones de oración). Inmediatamente después de terminar una conversación, toma nota de estas cosas. Recordar detalles delicados contribuirá en gran medida a que alguien se sienta escuchado y amado.

Puedes suponer que cualquier persona con la que interactúes hoy está poco animada y poco escuchada y se beneficiaría de tu escucha

A medida que envejezco, me doy cuenta de que las personas que recuerdan los detalles clave no son las que tienen mejor memoria. Son las que tienen las mejores notas.

10. Reserva tiempo para escuchar sin distraerte.

Es comprensible que resulte difícil escuchar bien cuando se sale corriendo por la puerta, se está a punto de atender una llamada importante o se está durmiendo tras un largo día. Haz que escuchar sea más fácil reservando un tiempo para participar sin distracciones.

Si no puedes dar a alguien toda tu atención, dile: «Me encantaría saber más sobre esto, pero ahora mismo estoy distraído. ¿Podríamos hablarlo [inserta un día y una hora concretos]?». Esto comunica que te preocupas por los pensamientos de la otra persona lo suficiente como para asegurarte de que puedes prestarle toda tu atención.

11. Ora.

Antes de reunirte con alguien (o de entrar en casa para ver a tu cónyuge), ora: «Señor, ayúdame a escuchar bien». Esto glorifica a Dios, honra a la otra persona y sitúa tu mente en el lugar correcto. Además, puedes estar seguro de que a Dios le encanta responder a esta oración.

12. Seguimiento.

Cada vez que vuelves sobre un detalle o evento que a alguien le importa, comunicas: «Te he escuchado, me importas y quiero saber más». Después de una conversación significativa, programa en tu teléfono un recordatorio de «hacer un seguimiento con [insertar nombre]» para un par de días más tarde. Los recordatorios no son un engaño, sino una muestra de cariño.

Puedes suponer que cualquier persona con la que interactúes hoy está poco animada y poco escuchada y se beneficiaría de tu escucha. Si incorporas estos hábitos a tus conversaciones, comunicarás el conocimiento y el amor de Cristo de formas poco frecuentes y refrescantes.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
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