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Hace un tiempo publiqué en Twitter: “Descansar bien es adorar. Es encarnar la verdad de que Dios no me necesita para sostener el universo”. Aunque muchos de mis lectores recibieron este mensaje como un recordatorio sobre la importancia de honrar al Señor con nuestro descanso, no todos estuvieron de acuerdo con la idea. De hecho, alguien respondió que era pretencioso de mi parte tratar de salir con “nuevas formas de adorar” a Dios.

Si bien entiendo la preocupación de esa persona —queremos adorar a Dios como Él ha determinado que debemos adorarle—, pensar que podemos llevar a cabo nuestras tareas cotidianas de una manera que glorifique a Dios no tiene nada de nuevo. No es algo innovador. No es una idea humana; es un mandato divino. La Palabra nos dice que “ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Co 10:31, énfasis mío). Si nuestra vida entera debe ser para alabanza a Dios, eso incluye nuestras horas de sueño. Después de todo, es literalmente la actividad en la que invertimos más tiempo a lo largo de nuestras vidas.

Aquí hay tres razones por las que dormir bien glorifica a Dios:

1. Dormir bien es una forma muy concreta de rendirnos a Dios y descansar en Él.

“En paz me acostaré y así también dormiré,
Porque solo Tú, Señor, me haces vivir seguro” (Salmos 4:8).

Los cristianos creemos que Dios es soberano y tiene todas las cosas bajo su control. Para la mayoría de nosotros es fácil cantar u orar: “Te rindo mi vida; te rindo mis planes; confío en ti, Señor”. Lo difícil es vivirlo.

Lo bueno es que tenemos un recordatorio diario de que Dios no nos necesita trabajando 24/7 para que el universo siga funcionando.

Dios nos hizo criaturas que requieren estar inconscientes durante un tercio de sus vidas para funcionar de forma adecuada. Dios nos creó para que la actividad que necesitáramos hacer con mayor frecuencia sea rendirnos y quedar completamente vulnerables.

Esta es una verdad poderosa. A nadie le gusta rendirse. A nadie le gusta soltar el control sobre su familia, negocio o ministerio. Queremos estar ahí. Queremos atender las necesidades. Queremos estar pendientes de que todo marche bien. Pero es literalmente imposible para nosotros estar ahí todo el tiempo. Incluso cuando algún proyecto demandante o la enfermedad de alguno de nuestros pequeños nos obliga a permanecer despiertos más de la cuenta, nuestro cuerpo no tarda en pedirnos factura. Nos guste o no, tenemos que rendirnos y dormir.

El sueño es un recordatorio diario de que Dios no nos necesita trabajando para que el universo siga funcionando

Podemos hacerlo de mala manera. Podemos rezongar y ver el sueño como un mal necesario. Podemos resistirnos hasta ya no poder más, colapsando sobre el escritorio de la oficina con un montón de latas de bebidas energéticas alrededor.

La otra opción es hacerlo de buena manera, con los ojos puestos en Dios. Confiamos en Él, así que podemos reposar. Nuestras familias, negocios y ministerios están en sus manos poderosas mientras nosotros descansamos y disfrutamos del descanso.

2. Dormir es una forma de cuidar nuestro cuerpo, que es el templo del Espíritu Santo.

“¿O no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos?” (1 Corintios 6:19).

Dormir es una necesidad básica para los seres humanos, como la alimentación y la hidratación. Como el aire que respiramos. Aunque la ciencia del sueño está en su infancia y hay muchas preguntas por resolver, una cosa es clara: el sueño es críticamente importante para el funcionamiento del organismo. Mientras dormimos, el sistema inmune y el tejido cerebral son restaurados. Durante nuestras horas de descanso nocturno, las neuronas se reparan a sí mismas y nuestra memoria se consolida. El sueño también favorece el crecimiento adecuado de nuestro cuerpo, gracias a que la glándula pituitaria genera una hormona necesaria para el desarrollo muscular. Si nos privamos del descanso sufriremos las consecuencias (¡a veces estamos tan privados del descanso que nos acostumbramos a las consecuencias!).

Cuando nos resistimos a dormir, estamos violentando el cuerpo que Dios nos ha concedido. Estamos tomando un don del Señor y usándolo a nuestro antojo

Cuando nos resistimos a dormir, estamos violentando el cuerpo que Dios nos ha concedido. Estamos tomando un don del Señor y usándolo a nuestro antojo. Por otro lado, cuando hacemos lo mejor que podemos por dormir las horas que debemos dormir (entre 7.5 y 9 horas para la mayoría de los adultos), estamos cooperando con la restauración física de nuestro organismo. Estamos abrazando nuestras limitaciones y declarando que el diseño de Dios es necesario para nuestro bienestar. Él es quien nos hizo para seguir patrones de trabajo y reposo. Atender a estos ritmos de la mejor manera que podamos, buscando siempre ser obedientes, es glorificarle.

3. Dormir nos llena de energía para poder trabajar y cumplir la misión que Dios nos ha dado.

“Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo” (Colosenses 3:23).

Si no duermes bien, no trabajarás bien. Si descansas a medias, trabajarás a medias. No podrás cumplir con excelencia las buenas obras que Dios tiene preparadas para ti (Ef 2:10).

¿Quién no ha experimentado los efectos debilitantes de la falta de sueño? ¿La incapacidad para concentrarse, la memoria defectuosa y los reflejos en cámara lenta? Sin mencionar la inestabilidad emocional y la irritabilidad. Dormir de manera inadecuada no solo nos afecta de manera personal, alimentando nuestra falta de confianza en Dios y deteriorando nuestra condición física. Dormir de manera inadecuada también afecta a todos los que nos rodean.

Es común escuchar “¡Relájate y ten una buena noche de sueño!” como consejo antes de un examen importante en la universidad o una reunión clave en el trabajo. Sabemos que dormir bien es crucial para funcionar bien. Lo que se nos olvida es que, para los cristianos, cada día es un día clave en la misión de hacer discípulos que Jesús nos ha encomendado. Para los cristianos, cada labor cotidiana es una labor importante que debe ser hecha como para el Señor, sin importar lo insignificante que le parezca al resto del mundo. Las buenas noches de sueño no son un lujo que nos damos cuando “hay tiempo”. Las buenas noches de sueño son una de las maneras en las que buscamos equiparnos para hacer mejor aquello que Dios nos ha llamado a hacer.

Recordemos que Dios concede el sueño a sus amados… ¡podemos disfrutarlo para Su gloria!

Por supuesto, habrá momentos en que, por amor a Dios y a nuestro prójimo, entregaremos nuestros cuerpos al servicio de las personas y nos veremos en la necesidad de dormir menos de lo recomendado. Sin embargo, las verdades bíblicas que hemos visto hasta ahora nos indican que esto no debe ser algo permanente. Nuestras limitaciones físicas simplemente no lo permiten. Llega un momento en el que intentar servir sin cuidar de los cuerpos que el Señor nos ha dado resulta perjudicial incluso para las personas a quienes buscamos servir.

Si estamos en una posición de servicio a otros que es particularmente demandante —padres de niños pequeños, médicos y enfermeros, policías y bomberos, por ejemplo— es útil mirar el descanso adecuado como parte de ese servicio, no como algo que nos impide servir. Es cierto, quizá no podamos dormir tanto como quisiéramos, en las horas que quisiéramos o sin las interrupciones que quisiéramos; puede que tengamos que dejar pasar algunos eventos sociales o ministeriales; tal vez será necesario pasar menos tiempo en redes sociales o en la televisión. Pero el ser obedientes y útiles lo vale.

Dios nos hizo criaturas que requieren pasar un tercio de sus vidas inconscientes y vulnerables. Esto es algo bueno. Recordemos que “Dios concede el sueño a sus amados” (Sal 127:2)… ¡podemos disfrutarlo para Su gloria!

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